Por Hugo Caric*
lo que genera la sensación de estafa, la convicción de que algo está podrido y que le gente tiene derecho a enterarse”.
(Alejandro Fabbri, ‘Otras historias negras del fútbol argentino’)
“No sé dónde va a ir a parar el fútbol argentino, con tantos desmanejos. Lo cierto es que hoy tenemos una realidad que resulta desconcertante y un panorama muy incierto”, afirma Alejandro Fabbri desde la autoridad que le otorgan cinco décadas de trayectoria en el periodismo, y muchos años de investigación sobre el lado más oscuro del deporte más popular de nuestro país, del que dan cuenta dos libros imperdibles: ‘Historias negras del fútbol argentino’ (2008) y ‘Nuevas historias negras del fútbol argentino” (2010).
“Lo primero que se me ocurre decir es que muchas de estas cosas ya pasaron antes. Veo gente escandalizada, con el argumento fácil de decir ‘esto antes no pasaba’, y en realidad no es que no pasaba, sino que no se veía, no se conocía”, señala el comunicador, que integra el staff de ‘Relatores’ (la web que lidera Víctor Hugo Morales), trabaja en la AM 750 y en TyC Sports, y además tiene su propio portal: alejandrofabbri.com.ar
“La corrupción en el fútbol nació con el fútbol, pero no sólo acá, sino en todo el mundo, y sobre todo cuando el fútbol se hizo profesional. Desde aquellos tiempos, los equipos con más recursos tienen ventajas, privilegios. Es un poco lo que pasa en la sociedad civil, donde a la gente de dinero se le permite un montón de cosas y a la gente humilde se la posterga y se la castiga. El fútbol es más o menos lo mismo”, puntualiza.
Al analizar el contexto de arbitrariedades y suspicacias que dominan la cotidianeidad del fútbol argentino, Fabbri apunta a una característica particular. “En nuestro país, el futbolero medio, sea hincha del club que fuere, está convencido de que su equipo puede salir campeón, y eso es un detalle que no se verifica en ningún otro lado. A lo mejor un poquito en Brasil, pero en general no pasa”. Al respecto, añade: “En los últimos 50 años, en Argentina se rompió ese monopolio de los famosos ‘cinco grandes’ y son muchos los que han salido campeones y son muchos los que han perdido la categoría. Ese tipo de democracia futbolística no se da en otros niveles de la sociedad, donde los millonarios siguen siendo millonarios y a la gente humilde le cuesta muchísimo tener una vida digna”.

En esa línea de razonamiento, Fabbri también pone en foco la tarea de los medios de comunicación. “En muchos casos han influido negativamente, tanto en el tema de la sociedad civil como en el tema del fútbol. En el caso del fútbol, por ejemplo, las grandes cadenas están creídas de que sólo existen Boca y River, y que los demás equipos son actores de reparto”. “Cada vez que se sortea la Copa Libertadores, los periodistas que trabajan en esos medios dicen ‘Boca está obligado a ser campeón’ o ‘River está obligado a ser campeón’, cuando en realidad eso es una falacia absoluta. Por el poder que tienen sus federaciones, que clasifican a seis o siete equipos, tal vez estén obligados a jugarla, pero ser campeón es otro tema. De hecho, se han disputado 65 ediciones de Copa Libertadores, y River estuvo 42 veces y Boca 33, y ganaron respectivamente seis y cuatro torneos”, puntualiza.
“Ya hay un error de base en los sectores que convencen, confunden y complican a la gente -destaca-. Después, si otros equipos pelean en esos lugares, les quitan importancia, como pasó con el torneo que recientemente ganó Platense con absoluta justicia, venciendo merecidamente a Racing, River, San Lorenzo y Huracán, más allá de que nos quisieron robar el partido en el Monumental”.
Fabbri se reconoce como “socio de Platense de toda la vida” y por eso habla en primera persona cuando se refiere al Calamar. “De chico lo iba a ver con mi padre y ahora lo sigo con mi hermano, mi hijo y mi nieto. En este contexto tan complejo que atraviesa el fútbol argentino, me quedan la satisfacción y el alivio de que ganamos el título en forma limpia”, subraya. “Así como no la ves en la vida de todos los días, donde los sueldos son insuficientes, la inflación no es tan baja como la cuentan y cada vez hay más gente con menos laburo, en el fútbol te encontrás con esto de que ‘soy lo que soy, pero de repente gané un campeonato y nadie me lo puede sacar’, que te brinda un panorama totalmente diferente”, especifica.
Dueño de nada
Fabbri cuestiona con dureza la tardía y forzada consagración de Rosario Central como acreedor del trofeo al mejor equipo de la temporada 2025, uno de los episodios recientes que contribuyó a reafirmar la discrecionalidad de la cúpula del fútbol nacional y la falta de credibilidad en la que está sumido el sistema. “En el marco de esta locura que significa tener 30 equipos en la Liga Profesional y 36 equipos en la Primera Nacional, de los cuales al menos 20 dicen ‘el año pasado nos prometieron que íbamos a ascender’, la AFA hizo algo que nunca había hecho: dar un título por atrasado. Lo que iba a ser un homenaje a Ángel Di María, un reconocimiento, un diploma, una plaqueta o una foto, terminó siendo una Copa. Se coronó a un equipo como campeón de nada; un disparate y una falta de respeto para quienes alguna vez ganaron un torneo”, enfatiza.
-Y ese título de escritorio le dejó la pelota servida al Gobierno nacional, que había aplacado su avanzada a favor de las Sociedades Anónimas Deportivas luego de la fallida incursión de su empresario fetiche, el estadounidense Foster Gillett, como inversor de Estudiantes de la Plata y flamante propietario de Rampla Juniors de Uruguay. De repente, volvieron a mezclarse los temas del fútbol y la política.
-Sí, realmente es una ensalada. Pero más allá del bombardeo que pueden hacer la gente de Milei o el macrismo, para tratar de meter a la fuerza a las SAD, en la cultura argentina hay un arraigo muy fuerte con los clubes y hasta el propio (Juan Sebastián) Verón se cuidó muy bien al hablar del tema, cuando planteó la posibilidad de implantar el modelo de Alemania, donde los capitales privados no pueden tener más del 49% de las acciones de un club. Lo que pasa es que están los que odian a Verón y dicen esa estupidez de que, en el Mundial de Japón y Corea del Sur, tiró mal a propósito el último centro en el partido con Inglaterra, y ahora lo atacan como si fuera la punta de lanza de Milei y Macri, que ven la jugada para insistir con lo mismo. Me extrañó lo que pasó con Foster Gillett, porque todos sabían quién era el tipo. ¿Qué pensaron, que de repente le iba a dar un ataque de bondad? Está claro que ahí Verón se equivocó.
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¿Es indefectible el avance de los capitales privados?
-Yo creo que en algún momento van a haber SAD en el fútbol argentino, pero no en forma obligatoria y tampoco al modo de ese capitalismo salvaje, de los jeques que desembarcan para hacer negocios con el fútbol y dejan de lado todo lo que representa una institución deportiva. De hecho, hay clubes como Talleres, Defensa y Justicia, Godoy Cruz o Independiente Rivadavia, con el potentado Daniel Vila, que han tenido un refuerzo económico importante de gente que no está bajo el paraguas de las SAD. Talleres hizo triangulaciones de jugadores con Pachuca y Juárez de México, y también con algún club español, y no le fue mal en lo deportivo, a tal punto de que pudo lograr un primer título en Primera División, aunque fuera por penales. Pasa también que del otro lado del mostrador están los que descalifican todo y no escuchan razones ni argumentos, y se encierran diciendo que son los campeones del mundo y que tienen el poder. La organización de los campeonatos es un claro ejemplo de ello. Hoy tenemos casi 70 equipos entre las dos categorías principales, y la plata no alcanza para todos.
– ¿Qué pasa con los arbitrajes? Son de malos a sospechosos, y ni siquiera la implementación de la tecnología ha logrado brindar una sensación de justicia.
– Lo que pasa es que a la tecnología la manejan árbitros y, por lo general, ponen a cargo del VAR a tipos que son impresentables y que no pueden dirigir en Primera porque son muy resistidos, ya que hicieron muchas trapisondas en los últimos años. Hay referís que han provocado desordenes en partidos y que asimismo fueron ternados para los premios de la AFA, o jueces que son internacionales pero que no dirigen afuera del país, porque la gente de la Conmebol sabe muy bien que son muy flojos. Acá el tema no es que se cobra mal, sino que se inventan cosas que no pasaron. Hay una sensación generalizada de que los árbitros pueden hacer cualquier cosa. En 1948, el gobierno del General Perón separó a todos los árbitros de Primera y se importaron entre 10 y 15 jueces británicos. ¿Qué pasó? Cambiaron las posiciones en la tabla, porque los referís que venían de afuera no les tenían miedo a las camisetas de Boca, River o Racing, o no sabían quiénes eran Atlanta, Chacarita o Argentinos Juniors. Tres o cuatro años después se ‘argentinizó’ de nuevo al arbitraje y volvimos a la normalidad entre comillas. Años atrás surgió un proyecto para que en el VAR de las ligas sudamericanas rotaran árbitros de distintos países, como para garantizar algo más de imparcialidad, pero quedó en la nada. No lo veo mal. Me cuentan que en el VAR hay gente atenta a que la hablen por teléfono y les digan ‘llamalo’ o ‘no lo llames’ al juez de campo para revisar una jugada. Antes pasaban cosas raras, pero no te enterabas. Hoy es todo más explícito. En las Eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica 2010, Francia eliminó a Irlanda con un terrible manotazo de Thierry Henry, y no pasó nada. Lamentablemente, hay cosas que suceden y ‘marche preso’, es así.
-En comparación con el reinado de ‘Don Julio’ Grondona, ¿la gestión de Tapia en la AFA es menos de lo mismo, o es un grondonismo 2.0?
-Es un poco una mezcla de todo eso. Grondona se tomó 15 años para que Arsenal subiera a Primera, mientras que Barracas Central y Deportivo Riestra hicieron un tratamiento acelerado. Grondona logró que Arsenal ganara una Copa Sudamericana modificando el reglamento en la final con América de México, con la complicidad de su amigo Nicolás Leoz, que era presidente de la Conmebol. Mariano Closs lo dijo al aire y lo suspendieron 10 días. Grondona siempre trataba de conformar a todos; puso los torneos Apertura y Clausura a pedido de Boca, San Lorenzo y Racing, que no podían ganar los campeonatos largos, y eso permitió que otros equipos pudieran pelear por el título. Después hay problemas que siguen estando, como que la AFA es una institución unitaria, que nuclea básicamente a clubes porteños y del Gran Buenos Aires. Es más o menos como la República Argentina, que en su Constitución se define como republicana, representativa y federal, y la verdad es que nada que ver. Y como también pasa a nivel país, el fútbol ha perdido el mínimo diálogo. La sanción a Estudiantes por el tema del ‘pasillo’ a Rosario Central es una estupidez.

-Si los torneos de la AFA son unos mamotretos, ¿cómo se explica que la FIFA, a través de su presidente Gianni Infantino, designe a Tapia como máxima autoridad de la Comisión de Reglas de Juego?
-Porque se trata de negocios de gente mala, ya lo sabemos. Y los de afuera son mucho peores que los nuestros. Me tocó estar en el Mundial de Estados Unidos ‘94, cuando fue el doping de Diego Maradona, y en ese momento ya se comentaba en el centro de prensa que la FIFA no le iba a permitir a Argentina ganar otro título. Joao Havelange, que era el presidente de la FIFA, tenía una envidia y un odio muy grande hacia Maradona. Evidentemente hubo algo que pasó, pero también existieron otros intereses por detrás. En el caso de Alejandro Domínguez, el titular de la Conmebol, es un tipo que no da puntada sin hilo: una para Brasil, otra para Argentina… Y tiene una muy buena relación con Gonzalo Belloso, el presidente de Rosario Central, quien integró su conducción. No es ninguna casualidad que ‘El Canalla’ hoy esté especialmente en el candelero.
– ¿Hacia dónde va el fútbol argentino?
-La verdad es que no lo sabemos. Hay una realidad desconcertante, con una cantidad de equipos que asusta en los principales campeonatos y muy pocas expectativas de renovación en lo dirigencial, ya que muchos prefieren no involucrarse en el intento de tratar de cambiar las cosas desde adentro. La verdad es que estamos un poco arrinconados. Son muy pocos los tontos y muchos los muy hábiles, y en el medio están los que prefieren desensillar hasta que aclare. Si la AFA quería llegar a fondo, hubiera sancionado de otra forma a los jugadores de Estudiantes, que se ganaron gran parte de la simpatía pública. Al mismo tiempo, fue patético el comunicado de Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), que es como la CGT: nunca sale a reclamar nada y, más que un sindicato, parece un grupo empresario. ¿Adónde iremos a parar? No lo sé. Al menos yo empezaría con organizar otro tipo de torneos, aunque estoy seguro de que, si se dispone la reducción de la cantidad de equipos, muchos dirigentes se van a empezar a mover para intentar poner un ‘gancho’ y frenar los descensos, como pasó en la pandemia. En el fútbol argentino todo puede suceder. Si tiempo atrás me decían que Deportivo Riestra y Barracas Central podían llegar a jugar la Copa Sudamericana, yo hubiera apostado cero pesos por esa posibilidad. En 2011, cuando River estaba en peligro de descender, escribí que era más factible que el trotskismo ganara una elección en Argentina a que aquello sucediera. Hoy esa fuerza política sigue sacando un 3% de votos en las urnas, y River estuvo un año en la B Nacional. ¡Qué querés que te diga!
*Periodista
Fuente: www.revistaelsur.com.ar