Por Jesús Chirino*
Todo el articulado del llamado proyecto de Reforma Laboral va en una sola dirección: La cosificación de los trabajadores y las trabajadoras.
Se sancioná aquello que deriva del riesgo ontológico del ser humano. Es decir aquello que nos puede pasar solo por ser humano: Enfermarnos, accidentarnos, etc. Se trata de silenciar al trabajador. Que no reclame, que sea un instrumento de producción y nada más.
Esto se hace planteando, por ejemplo, que si te cambian de lugar de trabajo, te pueden mandar a uno donde corrés más riesgo de accidente, podés “acordar” con tu patrón o darte por despedido. También se persigue el silenciamiento colectivo. Por ello se plantea que las asambleas tendrán que tener permiso de la patronal; se reducen las horas para el trabajo gremial y se declaran esenciales casi todas las actividades de la economía lo que hace que las huelgas sólo sean un sueño.
La duración de la jornada laboral queda a discreción del empleador. Es decir que el trabajador es reducido a un simple engranaje de la máquinara productiva que no podrá planificar su vida pues puede que le cambian las horas que trabaja tal o cual día. Como estos hay muchos ejemplos de la cosificación del trabajador que intenta el proyecto.
Por eso no es nada exagerado decir que es una ley esclavista. Solo falta que algún artículo habilite a que la patronal incluya en sus inventarios a los trabajadores, tal cual se hacía antes con los esclavos a los que la legislación española les daba doble entidad: Súbditos del Rey y cosa. Debían obediencia al monarca pero también podían ser vendidos como cosas.
Y otra cuestión que tiene esta llamada Reforma es que tiende a desfinanciar ANSES, pues los aportes que deben ir a esta entidad serán usados para el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) que le pegará un tiro a las jubilaciones a la vez que generará un tremenda caja multimillonaria con la cual seguro harán negociados a dos manos.
*Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María