Por Leónidas “Noni” Ceruti*
“Sin huelgas y lucha constante, la clase obrera sería una masa descorazonada, débil de espíritu, desgastada, entregada”. Carlos Marx
Sólo con la lucha, los paros, las movilizaciones los/as trabajadores/as conquistaron y defienden sus derechos.
Varios presidentes/as, políticos, ministros, empresarios, periodistas, han dicho y dicen que las huelgas no sirven para nada. Qué error: la historia de la clase obrera mundial y la de Argentina demuestran todo lo contrario.
Les recuerdo a todos ellos, que en sus constantes enfrentamientos con los patrones o los gobiernos los obreros/as apelaron desde su origen a una forma novedosa de lucha: la huelga. Y pasó a ser la acción más apropiada para luchar contra los dueños de las fábricas, de las empresas y los gobiernos.
Es un medio de presión directa que disminuye las ganancias de los patrones y permite discutir mejores condiciones de trabajo, aumento de salarios, reducción de la jornada laboral, por la suspensión de las multas, contra la tendencia de los capitalistas a incrementar sus ingresos mediante la reducción de los salarios, los despidos, el aumento de las horas o la intensidad del trabajo, o sea la súper explotación, etc.
Con los años, el movimiento huelguístico fue adquiriendo fuerza.
En sus orígenes, para que sus reclamos fueran más efectivos los obreros impulsaron huelgas prolongadas, de un mes de duración, a las que llamaban Gran Fiesta Nacional. Esto los llevó a una confrontación total con los empresarios. Por no contar con organización y el apoyo suficiente fueron derrotados. El fracaso de estas huelgas hizo que el movimiento obrero se inclinara por los métodos de acción más conciliadores con los patrones, luego conocidos con el nombre de reformismo.
La mayoría de los conflictos en esos tiempos tuvieron carácter económico, y entre las reivindicaciones presentadas por los huelguistas se encontraban: aumento de los salarios, jornadas de 10 y luego de 8 horas, seguros sociales en caso de enfermedad, invalidez y vejez, limitación del trabajo femenino e infantil, medidas de protección del trabajo, responsabilidad de la patronal por los accidentes durante la producción, mejoramiento de las condiciones de las viviendas.
Las huelgas se constituyeron en escuela de la solidaridad obrera.


“¿Por qué la gran producción fabril conduce siempre a las huelgas? Porque el capitalismo lleva necesariamente a la lucha de los obreros contra los patronos, y cuando la producción se realiza en gran escala, esa lucha se convierte necesariamente en lucha huelguística. Entre patronos y obreros existe una lucha constante por el salario: El patrono tiene libertad para contratar al obrero que le venga en gana, por lo cual busca el más barato. El obrero tiene libertad para alquilarse al patrono que quiera, y busca el más caro, el que pague más. Trabaje en el campo o en la ciudad, alquile sus brazos a un terrateniente, a un campesino rico, a un contratista o a un fabricante, el obrero siempre regatea con el patrono, lucha contra él por el salario”.
“La huelga, enseña a los obreros a comprender cuál es la fuerza de los patronos y cual la de los obreros: enseña a pensar, no sólo en su patrono ni en sus camaradas más próximos, sino en todos los patronos, en toda la clase capitalista y en toda la clase obrera. Cuando un patrono que ha amasado millones a costa del trabajo de varias generaciones de obreros, no accede al más modesto aumento del salario e inclusive intenta reducirlo todavía más si los obreros ofrecen resistencia, arroja a la calle a miles de familias hambrientas, entonces resulta claro para los obreros que toda la clase capitalista es enemiga de toda la clase obrera, y que los obreros pueden confiar sólo en sí mismos y en su acción unida. Ocurre muy a menudo que un patrono trata de engañar a todo trance a los obreros, de presentarse ante ellos como un bienhechor, de encubrir la explotación de sus obreros con una dádiva cualquiera, con cualquier promesa falaz. Cada huelga destruye siempre de golpe este engaño, mostrando a los obreros que su “bienhechor” es un lobo con piel de cordero. Pero la huelga, además, abre los ojos a los obreros, no sólo en lo que se refiere a los capitalistas, sino también en lo que respecta al gobierno y a las leyes”.
“Así, pues, las huelgas enseñan a los obreros a unirse, les hacen ver que sólo unidos pueden sostener la lucha contra los capitalistas, les enseñan a pensar en la lucha de toda la clase obrera contra toda la clase patronal (…). Por eso, los socialistas llaman a las huelgas “escuela de guerra”, escuela en la que los obreros aprenden a librar la guerra contra sus enemigos por la emancipación de todo el pueblo, de todos los trabajadores, del yugo de los funcionarios y del yugo del capital”.
Las más importantes huelgas tenían una amplia repercusión, incluso fuera de los límites del propio país. Los obreros no se limitaban a expresar su simpatía y su apoyo moral, sino que en muchos casos colaboraban con ayuda material para sostener el movimiento de protesta. Así, surgieron los Fondos de Huelgas o Cajas de Resistencia.
Las huelgas llevan dentro de si, un sacrificio, un esfuerzo, una decisión de luchar, de pelear, de poner el cuerpo, alegrías que da la lucha.
Válidas son las palabras de un viejo periódico revolucionario argentino de la década del ‘30 que se refería a la importancia de los piquetes en la gran huelga de los obreros de la construcción: “Ninguna huelga se mantiene ni triunfa sin la existencia de los piquetes. Ellos son el vigor de la lucha, el fuego de primera línea, las brigadas de avanzada en el ataque. En el piquete pueden estar el joven y el viejo, contagiados de la misma fiebre audaz. Pero el piquete es del joven, del obrero nuevo en el que el optimismo, el coraje y la inquietud forman una sola línea tensa y vibrante. Esta línea avanza al encuentro del traidor y lo domina, busca al equivocado y lo convence y lo empuja al lado de los camaradas. Del piquete depende la huelga. De la muchachada obrera que lo forma estará siempre pendiente su crecimiento o su receso… haciendo pie en la actividad incesante de los piquetes, para los que nunca han faltado voluntarios, ofreciéndose a llenar los claros dejados por los camaradas presos… los piquetes siguen su trabajo con el mismo celo y la misma pasión, con la conciencia de que ellos son los que dan y seguirán dándole temple y filo a la huelga…”.
Por su parte la policía siempre estuvo al servicio de las patronales, bajo el lema “El plomo es la mejor alimentación de los huelguistas”.
La organización de las huelgas es decidida en muchos casos por asambleas obreras, reuniones de delegados o por miembros de comisiones directivas, o por centrales obreras. Por medio de las discusiones en estos comités los obreros establecen su unidad de acción. Pero a veces se han dado al margen de las conducciones sindicales, en ellas los trabajadores afirman su libertad, escogiendo y dirigiendo sus acciones ellos mismos, no dirigidos por otros poderes para otros intereses.
Los trabajadores argentinos protagonizaron históricas huelgas, por sus reclamos, por su extensión, por las repercusiones políticas, por la participación, por sus características, por sus métodos, y se han dado de muy variadas formas, violentas, pacificas, con o sin movilizaciones, con alzamientos populares que culminaron en tomas de barrios y ciudades, con enfrentamientos con las fuerzas represivas, etc. Es extensa la lista desde aquellas primeras huelgas en las últimas décadas del Siglo XIX hasta la actualidad.

A la huelga
Canción de Rolando Alarcón
A la huelga, compañero
No vayas a trabajar
Deja quieta la herramienta
Que es la hora de luchar
A la huelga diez, a la huelga cien
A la huelga, madre, yo voy también
A la huelga cien, a la huelga mil
Yo por ellos, madre, y ellos por mí
Contra el gobierno del hambre
Nos vamos a levantar
Todos los trabajadores
Codo a codo con el pan
A la huelga diez, a la huelga cien
A la huelga, madre, yo voy también
A la huelga cien, a la huelga mil
Yo por ellos, madre, y ellos por mí
Desde el pozo y el arado
Desde el torno y el telar
¡Vivan los hombres del pueblo
A la huelga federal!
A la huelga diez, a la huelga cien
A la huelga, madre, yo voy también
A la huelga cien, a la huelga mil
Yo por ellos, madre, y ellos por mí
Todos los pueblos del mundo
La mano nos van a dar
Para devolver a España
Su perdida libertad
A la huelga diez, a la huelga cien
A la huelga, madre, yo voy también
A la huelga cien, a la huelga mil
Yo por ellos, madre, y ellos por mí.
*Historiador