Por Jesús Chirino*
La persona con mayor poder político del país, el mismo que comanda las Fuerzas Armadas de la Nación y que dispone un sinnúmero de recursos para publicitar las posiciones que defiende el sector político que lidera, de manera constante, pronuncia discursos violentos contra distintos grupos de la sociedad.
Se puede pensar que el Presidente de la Nación, habiendo superado su etapa de panelista de televisión, no necesita llamar la atención para seguir en pantalla, pero igual continúa con el mismo tipo de discurso violento que practicaba entonces. Sabemos que es un político violento, así lo demuestra su biografía política y los discursos plenos de epítetos descalificantes, mentiras y amenazas, todos elementos que siempre fueron ingredientes básicos en sus discursos.
Puede ser interesante evidenciar que una de las razones que lo lleva a ejercer esa violencia constante, es la necesidad de empujar, todo aquello que plantea en sus discursos, fuera de la razón, dado que sus argumentaciones no pueden ser sostenidas en un debate serio en el cual prime la razonabilidad en las argumentaciones. Milei lleva sus planteos a un terreno que está fuera de las lógicas que construimos como sociedad, hace eso porque sus planteos no sobrevivirían en ellas.
Cuando algunos comunicadores, livianamente, señalan como positiva la característica disruptiva de sus planteos, se olvidan de decir qué viene a romper y para qué. Cuando analizamos el discurso del sector gobernante vemos que, entre otras tantas cosas, trata de romper nociones básicas para la construcción de una sociedad justa: Solidaridad, colectividad, justicia en general y justicia social en particular. Si nuestra sociedad conserva, aunque más no sea, una noción de estos conceptos será difícil que se mantenga indiferente ante los recortes a los presupuestos universitarios o de Salud Pública; la no entrega de remedio oncológicos; el ataque a las políticas de género; el no reconocimiento del agravante que significa que alguien mate motivado por el género de la víctima; que se cargue sobre la espalda de los jubilados la mayor parte del ajuste fiscal; los pingües negocios que están haciendo algunas empresas a costa del Estado; que el Presidente gasta enormes sumas de dinero en cuestiones superfluas y un largo etcétera.
El “gatito mimoso” del poder económico, como bien lo han llamado, necesita tirar todo fuera de las lógicas que a lo largo de la historia nos han permitido, por ejemplo, que los trabajadores accedamos a derechos; que se construya un sistema de Salud Pública; que los mayores no queden abandonados a su suerte sino que cuenten con jubilaciones; que tengamos un sistema de Educación Pública que abarca desde la más temprana infancia hasta los adultos que van a la universidad. Todas cuestiones que se construyeron o fueron realmente fortalecidas en los tiempos históricos que, no por casualidad, Milei señala como los más nefastos para el país.
Pero las palabras violentas del Presidente no juegan solas, lo hacen dentro de un esquema de represión, nada democrático, organizado desde el Estado. Podemos señalar algunos elementos de ese esquema: El discurso del vocero presidencial; la represión a las manifestaciones públicas que lleva adelante un aparato liderado por el Ministerio de Seguridad; un sistema comunicacional que integran algunos medios tradicionales y actuaciones en diferentes redes sociales en Internet. A todo esto podemos sumarle los recortes a espacios donde se crean conceptos y se analiza el funcionamiento social, así vemos ataques, por ejemplo, al CONICET mediante recortes presupuestarios y direccionando qué investigaciones van a ser consideradas para subvencionar y cuáles no.
Ahora bien, todo este esquema no es armado por el “gatito mimoso” sino por diferentes actores que obedecen a quienes ostentan el poder económico que guían este proceso y sus aliados. Aquí es donde debemos anotar a dirigentes de diferentes sectores que están coptados por ese poder económico, ya sean sindicalistas, políticos de diferentes partidos e, incluso, sectores religiosos. El “gatito…” juega un rol importantísimo pero no deberíamos subvalorar lo que hacen o dejan de hacer los otros actores ya sea desde el silencio, desmovilizando, relativizando, promoviendo divisiones o directamente apoyando el accionar de todo el esquema descripto, en parte, en este escrito.
Dentro de ese esquema, violento, el poder económico y sus secuaces políticos descalifican, amedrentan y amenazan para meter miedo con el intento de lograr una sociedad silenciada y cómplice. Pero también practican otros tipos de acciones discursivas que son útiles en su estrategia, una de ellas es la apropiación de conceptos para tergiversar su significado. Así hablan por ejemplo del “respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo” ¿qué significa eso? ¿Acaso no es algo ambiguo? Antes enunciados como este uno puede preguntarse ¿No hay nada por encima del proyecto personal del prójimo? ¿y las normas de convivencia? ¿los principios éticos, morales y legales? ¿Qué pasa si el proyecto de vida de su vecino pone en riesgo la vida de sus hijos?
Un concepto que capturaron desde el inicio de este proceso fue el de libertad, pero lo vaciaron de su contenido para ponerlo al servicio de lo que ellos piensan. ¿Qué libertad construye un Gobierno que se ocupa de restarle opciones a quienes integran los grandes sectores populares? ¿Acaso con sueldos o jubilaciones de menor poder adquisitivo se es más libre? ¿Es más libre un trabajador desempleado? ¿Acaso atacar el Sistema de Salud Pública es el camino a la libertad? ¿Salir a perseguir zurdos (como dice Milei) es un aporte a la libertad? Con el paso de los meses se nota que sólo van logrando mayor libertad los patrones de este Gobierno, para quienes trabaja el “gatito mimoso”.
Según las políticas y los proyectos que se viene impulsando desde el oficialismo ellos tendrán más libertad para explotar a sus trabajadores; para tenerlos sin registrar; para no pagar indemnizaciones por despidos sin causa; podrían manejar a su antojo los horarios de los trabajadores, incrementando horas, cambiando turnos, etc. es decir manejar la vida del trabajador como si de una cosa se tratara. También se aprobaron libertades para ingresar al circuito legal dinero que estaba fuera del mismo, lo que cándidamente se llama “blanqueo”, sin explicaciones y perdonando impuestos. Por otra parte, las grandes corporaciones tienen libertad de venir a ganar dinero, invertir que le dicen, y no pagar impuestos como sí lo hace cualquier pequeña empresa o el almacenero de la esquina del barrio.
Cuando se analiza todo esto, a quién se le perdonan impuestos y cuáles otros se les incrementa el costo de vida, se entiende que el concepto de libertad que manejan tiene que ver con fortalecer y ampliar el poder de opción que tienen los sectores económicos más poderosos. Para los otros queda aquello que Milei supo decir en una entrevista acerca de que un trabajador si no quería trabajar por un sueldo magro tenía la opción de morirse de hambre. Fueron sus propias palabras y describen bien su proyecto político, esa es la libertad que les asegura a los trabajadores. En definitiva el proyecto político que gobierna defiende y pretende ampliar los privilegios de los sectores con mayor poder económico.
La violencia que practican tiene que ver con eso, con sacar sus posiciones del terreno de la razón donde no la pueden discutir y apelar a nuevas reglas donde la agresión se naturalice, los derechos se llamen privilegios y que los privilegios se llamen justicia. Milei es un rabioso defensor de privilegios para el poder económico y por ello ataca con violencia derechos legítimos conquistados por los sectores populares. No puede salir a decir, “vengo a defender y sumar privilegios para algunos ricos” entonces, por ejemplo, dice atacar los privilegios de la casta aplicando el mayor ajuste a los jubilados. Ahora bien, otra pregunta que surge es ¿porqué Milei y su gente defienden esos privilegios? La respuesta está cerca, también la supo decir el propio “gatito mimoso” cuando señaló, varias veces, que ellos (los autodenominados “libertarios”) son superiores moralmente, productivamente y estéticamente. Se entiende que todos los otros somos inferiores y, por lo tanto, desde la óptica de ellos, no merecemos derechos.
Allí está el núcleo de la ideología de este Gobierno. Como dicen algunas películas, cualquier parecido con la realidad del fascismo o el nazismo ¿será pura casualidad?
Parece que no.
*Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María