Por Juan Yacobs*
Las altas tasas de ocupación hotelera en el Valle de Punilla (del 85% según la Agencia Córdoba Turismo), no se reflejan en mejoras salariales y mayores beneficios.
Tal es el caso de los empleados de hotelería que con magros contratos trimestrales, cuyo salario promedio ronda para las categorías más bajas los $114.000, sin que se computen horas extras, ART, viáticos y demás, para el caso de aquellos trabajadores que logran un contrato formal. Los trabajadores precarizados, jardineros, personal de limpieza, peones, la situación es todavía más grave porque la remuneración es de escasos $3500 diarios, con jornadas de hasta 8 y 12 horas.
Otra tanto padecen, los trabajadores gastronómicos donde un ayudante de cocina está percibiendo una diaria de $2800, sin refrigerio y sin horario estable, en algunas ocasiones el trasnoche finaliza a las 2 de la madrugada.
Todo este cuadro sucede con el beneplácito del sindicato de empleados de colonias sindicales (UTEDYC), el CEC (Centro de Empleados de Comercio) y la UTGRA que jamás realizan inspecciones, ni gremiales, ni con la AFIP y que en la mayoría de los casos se niegan a representar a las trabajadoras y trabajadores más precarizados o contratados que no son efectivos.
“Lo peor de todo, es que no podemos decir ni hacer nada, porque el mismo hotelero administra dos o tres colonias, y entre ellos se conocen, y no existe la más remota posibilidad de hacer un reclamo, si saben que te estás organizando inmediatamente te echan, y atrás tuyo vienen dos o tres dispuestos a agarrar el puesto y a no quejarse de nada”, relata una trabajadora que prefirió no brindar su identidad. Aseguró también que existe toda clase de abusos y atropellos inaceptables, sin que nadie se manifieste o diga algo.
Resulta inadmisible entender cómo es que las colonias sindicales, propiedad de entidades que representan y defienden a trabajadores, precarizen a sus propios empleados. Esta situación sucede con la complicidad de los municipios que, además, tampoco controlan la emisión de efluentes a los arroyos, la evasión, la apropiación del espacio natural y otras cuestiones por parte de colonias sindicales que poco beneficio directo traen a su población.
Mientras un hotel está cobrando $25.000 la noche, la jornada de trabajo de un jardinero o un ayudante de cocina jamás supera los $5.000. Esta gravísima situación de vulneración de derechos se tiene que terminar, y para eso es necesaria la intervención inmediata del movimiento obrero organizado, por afuera de las burocracias, que pueda interponer medidas ante las autoridades y gerenciadoras de hoteles y colonias sindicales.
El turismo, una actividad que podría traer beneficios inmediatos, resulta ser la gran causante de pasivos ambientales y laborales que dejan en los paraísos serranos una sensación de agobio cotidiano y de que el paseo solo resulta feliz para unos pocos.
*Periodista. Secretario General de la CTA Autónoma del Valle de Punilla