Con el impulso de compañeras de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA Autónoma) de Córdoba, se llevó adelante el conversatorio virtual “Raíz y Rebeldía : Sindicalismo y Ecofeminismo”, un espacio de encuentro y reflexión entre mujeres y disidencias que sostienen la vida desde la lucha colectiva, el trabajo territorial, la defensa de la tierra y la construcción de futuros posibles.
El intercambio, que se transmitió por los canales de ATE y contó con una amplia participación desde distintos puntos de la provincia, permitió visibilizar las conexiones profundas entre las luchas feministas, ambientales y sindicales.
Julieta Arancio, la Secretaria de Formación de la CTA-A Punilla, es psicóloga y trabajadora de la salud mental en Huerta Grande, definió al ecofeminismo como “una práctica y una forma de activismo que parte del cuerpo y del territorio”, lejos de los marcos puramente teóricos. Explicó que esta corriente, con raíces en luchas históricas como la defensa de los bosques en India o la resistencia contra la tecnología nuclear en EE.UU., plantea que “la supervivencia de la vida está directamente ligada a la defensa del territorio” y a los vínculos de interdependencia y ecodependencia entre las personas y la naturaleza.

Arancio también remarcó que el cuidado no es solo una tarea femenina sino una responsabilidad compartida. “Lo que plantea el ecofeminismo es una ética de los cuidados, que implica escuchar, atender, responder con respeto y pensar la política desde la vida”, dijo, en contraposición al modelo extractivista que “criminaliza y persigue a quienes defendemos el territorio, en especial a las mujeres”. Arancio destacó el rol histórico y actual de las mujeres en la defensa de los bienes comunes y de la vida en los márgenes: “El patriarcado nos asignó el cuidado como mandato, pero el ecofeminismo lo resignifica como práctica política. Poner el cuerpo en los territorios en resistencia es también construir salud, dignidad y soberanía”.
En su intervención, denunció también la criminalización que sufren quienes luchan contra el avance extractivista: “En Punilla lo vivimos: defender el territorio frente a las topadoras es arriesgarse a la persecución y al silenciamiento”.
Desde Río Cuarto, la compañera Julia Giuliani, dirigente de ATE Córdoba y la CTA-A provincial, remarcó que “no hay fragmentación real entre las luchas, lo que hay es una estrategia del sistema para separarnos”. En ese sentido, señaló que el feminismo sindical debe ser transversal y estar presente en cada asamblea, marcha y espacio de decisión: “No podemos seguir siendo convocadas solo para tareas de cuidado dentro de las estructuras sindicales. Tenemos que estar donde se disputa el poder real”.
También criticó el vaciamiento de políticas públicas con perspectiva de género por parte del actual gobierno: “El ataque a los Ministerios de Mujeres, al INADI y a las políticas de prevención es un ataque directo a nuestras conquistas”, dijo, destacando que la defensa del Estado como garante de derechos es una prioridad para el sindicalismo con perspectiva de género.

La organizadora Fernanda Vittore, Secretaria de Género de la CTA-A Punilla sintetizó el espíritu del encuentro: “Junto a compañeros del territorio sostenemos la vida, organizamos el trabajo, defendemos la tierra y sembramos el futuro. Lo hacemos con el cuerpo, la palabra, el cuidado y desde la lucha colectiva y territorial”.
A lo largo del conversatorio, se compartieron múltiples testimonios que dieron cuenta de las resistencias en distintos puntos de la provincia: desde la defensa de reservas naturales en Punilla, hasta la denuncia de la violencia obstétrica y el vaciamiento del sistema de salud pública. Compañeras como Mili desde La Falda o Irina Silberman de ATE Córdoba llamaron a avanzar en la organización hacia un encuentro provincial feminista-sindical, con acciones concretas y propuestas desde los territorios.
La actividad concluyó con la propuesta de sostener encuentros mensuales y avanzar hacia una red provincial de mujeres y diversidades sindicalistas de la CTA-A, que pueda construir una agenda propia frente al ajuste, el extractivismo y el disciplinamiento patriarcal.
Como expresó una de las participantes: “No podemos ver pasar la historia. Estamos siendo atacadas, presas, silenciadas. Pero seguimos organizándonos, sembrando rebeldía y construyendo comunidad”.