En el comedor “Vírgen del Rosario”, del barrio Oncativo, a la vera del río Cuarto, como cada día se prepara el alimento para más de 150 familias que el Estado abandona mientras el hambre golpea con fuerza.
Antonia Pedernera, con su enorme corazón, junto a la “Negra”, ponen el cuerpo todos los días para sostener esta inmensa tarea, invisibilizada y nunca reconocida, de las cocineras territoriales.
A pesar de los golpes de la vida, siguen de pie. Porque saben que la organización, la solidaridad y la lucha son la fuerza que sostiene a nuestros barrios. Donde el Estado se retira, las compañeras están presentes.