La necesidad habitacional y el desfasaje entre los ingresos promedio y el monto de los alquileres representan un combo explosivo que en ocasiones se manifiesta en toma de terrenos, como la que está sucediendo desde hace un mes, pero más intensamente en la última semana, en el barrio Los Olmos de Villa María.

El viernes, la Fiscal Juliana Companys dispuso una medida ordenando que en el lapso de 72 horas los 21 vecinos que fueron identificados deben abandonar el terreno ocupado.
“Vamos a resistir. Es esto o ir a la calle y no queremos eso para nosotros ni paras nuestros hijos”, señaló una de las mujeres que se manifestó decidida a no quedar sin techo.
Lamentan que ninguna autoridad municipal se acercara para buscar un acuerdo. “No vino nadie a preguntar por qué estamos acá, qué necesidades tenemos, qué posibilidades. No mandaron ni a una asistente social para ver la realidad de cada familia”, dijo uno de los vecinos.
Historias
“Nuestra situación es desesperante”, dijo un vecino que se dedica a tareas de jardinería.
“Nosotros alquilamos, y a fin de mes nos tenemos que ir porque se vende la casa donde estamos. Quisimos alquilar otra cosa, pero piden garantías que no tengo y recibos de sueldo que tampoco tengo, porque trabajo en negro”, agregó.
Historias similares van contando la veintena de vecinos reunidos con un periodista y un fotógrafo de elDiario en la esquina de Figueroa Alcorta y Chocón.
Desde allí, se ven las estructuras con plástico que hicieron mientras se abocaron a la tarea de limpiar los terrenos.
Unas cuadras más hacia el sur, se observa el barrio Padre Mugica, desde donde lanzaron críticas contra los protagonistas de la toma.
Del otro lado, cruzando la Figueroa Alcorta, los vecinos que hace mucho viven en ese sector de Los Olmos tienen una opinión distinta y colaboran llevando agua o prestando elementos para que no les falte nada, especialmente, a los más chicos.
“La gente más humilde es más solidaria. Del otro lado (del barrio Padre Mugica) nos tratan de ladrones. Les queremos decir a ellos que es cierto que somos pobres, pero no ladrones. Todos tenemos un oficio y trabajamos. Venimos acá cuando terminamos nuestro trabajo y nos ponemos a limpiar los lotes”, relató otro de los vecinos.
Está cansado que le digan “negro de…” y no quiere, por respeto, pronunciar la palabra “mierda” que completa la frase.
“Hace un mes que estamos acá, con el sueño de poder tener un terreno para no tener que seguir alquilando. Porque ahora, si alquilas, no comés”, agregó otro.

Si nos vamos de acá, no nos queda otra que la calle. No tenemos dónde ir. Vecinos de la toma de lotes
Una mujer señaló que está en la misma situación. “No estoy en condiciones de renovar el contrato, no sé dónde voy a ir si no nos dan una solución”, expresó.
“A ninguno de los que está acá le gusta vivir así. No tenemos gas, no tenemos luz, no es lindo estar acá. Agradecemos a los vecinos que nos traen agua o un hielito que nos ayuda mucho”, dijo.
“Queremos una solución para tener un techo, porque no nos queda otra. O qué prefieren, ¿que deambulemos en la calle?, ¿qué durmamos debajo de un puente? No es así la solución”.
“Yo estoy embarazada y me enteré de la toma por mi hermano. Vivo acá, no tengo otro lugar donde ir”, expresó otra de las mujeres.
Pagar
Trataron por todos los medios de ser escuchados por las autoridades. “Fuimos seis mujeres a la Municipalidad para hablar con el intendente y nos hicieron sacar como si fuéramos peligrosas”, señaló una de las vecinas.
Les prometieron dialogar en el área de Vivienda y allá fueron. “No nos dio ninguna respuesta”, agregó, en alusión a la charla que mantuvieron con Ángel Quaglia, titular del Instituto Municipal de Vivienda.
“Queremos pedirles la posibilidad de pagar, no queremos que nos regalen nada. Antes de venir acá averiguamos en Catastro y los dueños son empresas que quieren hacer un barrio privado, pero que tienen cientos de multas por la mugre que hay en el terreno. Si no son capaces de limpiar, ¡cómo van a hacer un barrio!”, señaló otro de los participantes.
“Además, vimos que hace como 40 años que no pagan impuestos”, agregó, algo que desmintió Quaglia a elDiario.
A unos metros más hacia la ruta pesada, está el sector ocupado históricamente por la comunidad gitana, desde donde sale un denso humo producto de una quema controlada. “Ahora, si nosotros prendemos fuego, ese fuego los enferma. Nos sentimos discriminados”, concluyó otra de las vecinas.

Programas habitacionales inconclusos
Alquilar se convierte cada día más en una odisea para una familia trabajadora, máxime si tienen ingresos informales.
En ese contexto, cabe recordar que las últimas unidades habitacionales enmarcadas en políticas sociales fueron las del barrio Evita, que tardó años en concluirse.
Para la clase media, quedó como un elefante blanco el edificio a medio terminar ubicado frente a la Terminal de Ómnibus, erigido mediante el programa Procrear, que quedó trunco desde diciembre de 2023.
La falta de acceso a la vivienda de parte de la clase media y de la franja más vulnerable de la población termina generando tensiones innecesarias entre ellos, que tienen el mismo problema. Es esa tensión la que se expresó entre los vecinos de la toma de Los Olmos y los del barrio Padre Mugica.
Fuente: www.eldiariocba.com.ar