Tomás Eloy Martínez: Entre la ficción y la historia

Un 16 de julio de 1934 nació en Tucumán uno de los cronistas más filosos y sensibles del siglo XX argentino: Tomás Eloy Martínez. Periodista, novelista, guionista de cine e intelectual sin fronteras.

Su trayectoria tensionó siempre el límite entre la ficción y la historia, con una mirada lúcida sobre el poder, el peronismo y los silencios incómodos del país.

Se inició en las redacciones de La Nación y Primera Plana, pero su pluma cobraba vuelo allí donde el establishment torcía el rostro.

Fue en La Opinión, por entonces un bastión de periodismo molesto para el poder, donde su escritura comenzó a incomodar de verdad. Esos años le sirvieron a Martínez para ir formando un estilo de redacción que se convirtió en su marca registrada.

En 1974 -en el contexto de una democracia muy débil- publicó de La pasión según Trelew, crónica descarnada de la masacre del 22 de agosto de 1972 en la Base Almirante Zar de la Armada Argentina, marcó el punto de quiebre. Amenazado por la Triple A, debió exiliarse para salvar su vida. El destino que eligió fue Venezuela.

Antes de ese destierro el tucumano logró dos hitos periodísticos que lo consagraron: la entrevista a Juan Domingo Perón en Puerta de Hierro —una pieza que le dio acceso al mito desde la carne—, y Sagrado, su debut literario. Luego vinieron dos obras que lo pusieron definitivamente en el mapa: Lugar común la muerte y La novela de Perón.

Pero había que esperar un poco más para Santa Evita haga un quiebre. Publicada en 1995, fue la reconstrucción del derrotero del cadáver de Eva Perón que se leyó como una novela política, una saga espectral, y un ensayo el fetichismo nacional. Con el éxito de su libro Martínez logró que la leyenda peronista sea universal sin perder su argentinidad visceral.

En su madurez literaria llegaron El vuelo de la reina -con la que ganó el Premio Alfaguara 2002- El cantor de tango y Purgatorio.

Pero Tomás Eloy también fue periodista. Fue director periodístico de Telenoche, pero lo suyo era la gráfica. Entre 1991 y 1995 fue director del suplemento Primer Plano en Página/12, donde cultivó una escritura editorial cinematográfica, capaz de diseccionar a Hollywood con la misma pasión con la que narraba al peronismo.

Desde 1996 se desempeñó como columnista en La Nación, donde se inició como crítico de cine, en 1957. En el papel su trabajo tenía la precisión del periodista y la sensibilidad del poeta.

Murió en 2010, dejando una biblioteca que debería ser patrimonio narrativo nacional. Su figura se sostiene porque encarnó el oficio de escritor como el del testigo incómodo.

La clave de su éxito fue darse cuenta que en la Argentina, más que verdad, lo que faltaba era alguien que la narrara con belleza y furia.

Fuente: www.agencianova.com