Uber se quedaría con Pedidos Ya y aumenta la concentración de las Apps, mientras los repartidores se hunden en deudas

La semana pasada dio un nuevo paso adelante la millonaria operación de compra por parte de Uber de Delivery Hero (la empresa alemana propietaria de Pedidos Ya en nuestro país), con la firma estadounidense confirmando una oferta de 12.900 millones de euros por hacerse con el control total del grupo alemán. Si los organismos reguladores de la competencia aprueban la operación, nacerá la mayor plataforma de movilidad y reparto a domicilio fuera de China, con presencia en 99 mercados y reservas brutas por 236.000 millones de dólares durante 2025. En Argentina, esta fusión internacional llega en pleno relanzamiento de Uber Eats, que compite con PedidosYa y Rappi por un mercado donde ya trabajan cerca de un millón de repartidores y choferes de aplicación, según estimaciones del Sindicato de Base de Trabajadores de Reparto por Aplicación.

Del otro lado de esa concentración de poder empresarial aparece un dato que el Banco Central puso en número en los últimos días, dando cuenta de que la deuda promedio de los repartidores de aplicaciones llegó a los 900 mil pesos por persona hacia fines de 2025, con un salto del 122% en la toma de estos créditos durante el año. En el caso de los comercios adheridos a las plataformas, el promedio de endeudamiento fue siete veces más alto. Siete de cada diez deudores son menores de cuarenta años y trabajan a tiempo completo para las apps. La particularidad de este esquema es que estos créditos usurarios lo otorga, en la mayoría de los casos, la misma empresa que organiza el trabajo. Estas patronales algorítmicas tienen ventaja sobre los préstamistas bancarios o de billeteras digitales porque conocen el comportamiento económico de sus trabajadores en tiempo real, sabiendo cuánto producen, cuándo trabajan, cuáles son sus ingresos y cómo responden a los incentivos.

Estas aplicaciones asumen un riesgo crediticio mayor al de la banca tradicional y lo compensan con tasas de interés mucho más altas, que además no se publican de forma transparente. El resultado es un círculo vicioso en el que la misma empresa fija cuánto paga por cada pedido, decide quién accede al préstamo y en qué condiciones, y después descuenta la cuota de los ingresos del trabajador. Esa dependencia obliga a sostener más horas de labor diaria y a aceptar más pedidos solo para poder pagar la deuda contraída con el propio empleador de facto.

Mientras las corporaciones del delivery se fusionan y concentran cada vez más poder de mercado, la vida cotidiana de quienes sostienen ese negocio pedaleando o manejando queda atada a una deuda que crece sin freno y sin reglas claras. La brecha entre la magnitud de operaciones como la de Uber y Delivery Hero y la fragilidad económica de los repartidores expone una forma de dependencia que excede lo laboral y avanza sobre lo financiero, sin que el Estado haya dado todavía una respuesta regulatoria a la altura del problema, apuntando más bien en el sentido contrario con una reforma laboral regresiva que ratifica el estatus de «colaboradores independientes» y bloquea los reclamos de los trabajadores respecto de una relación de dependencia laboral con sus empleadores.

Fuente: www.estadodealerta.com.ar