En el Barrio Nicolás Avellaneda de la ciudad de Villa María, calle Urtubey al 400, en el Comedor “Niños del Corazón”, de la Federación Nacional Territorial (FeNaT-CTA), nos recibe Julia Brusa (foto). Está al frente de este nido de solidaridad. Ante la mirada atenta de una de sus hijas nos cuenta cómo “la están pasando” los vecinos de este barrio popular.
La mujer, de 42 años de edad, dice que “la gente sobrevive como puede. Ahora -con algunas actividades liberadas- tienen más oportunidad porque pueden salir a hacer changuitas y esas cosas. Pero viven como pueden y nosotros ayudándolos como podemos”. Está narrando la más cruda versión de la película que, cuarentena mediante, se repite en cada barrio popular de nuestra geografía. La desigualdad social, la falta de recursos y la gran dificultad para conseguir un trabajo.
Pero también habla de solidaridad, en su caso aclara que agradece “la ayuda de la gente que nos trae las cosas para hacer las comida los viernes. Tenemos gente conocida que confía en nosotros. Unos traen un poco de carne, otros poquito más”. Cuenta cómo se organiza cada semana, evalúan qué comida pueden hacer y luego “decimos…, usted puede traerme esto o aquello y así podemos juntar hasta el jueves para el viernes”. Su relato va mostrando los hilos con los cuales se teje la red solidaria de los de abajo.
Esto es algo que Julia conoce bien pues nos dice que ella nació hace 42 años, le tocó una infancia difícil porque tuvo un padre alcohólico y su madre debió salir a “lavar pisos” para criar sus seis hijos. Nos habla de Silvia Alcoba (Coordinadora Provincial de la FeNaT), una militante que vuela sin abandonar su raíz: “Yo a la FeNaT la conocí por intermedio de una gente que conozco hace muchos años. Esta persona les comentó que yo venía haciendo esto. Imaginate que este Comedor va a cumplir once años. Fue por Silvia y su gente, la que anda viajando con ella, que conocí lo que realmente es la FENAT y la CTA”.

No se queda allí y define lo que para ella es la FeNaT: “Es un grupo que lucha por la gente que está pasando más necesidades” y paso seguido reafirma su pertenencia “por eso yo estoy con ellos. Confío muchísimo en ellos. Cada vez que me prometieron mercadería me la trajeron para repartir en el barrio y encima me quedaba para hacer la comida también”.
Cuenta el accionar del comedor “por ejemplo, el viernes pasado asistimos a 22 familias numerosas. Hicimos una regia polenta con salsa. También asistimos a gente grande que está sola. Vino un abuelo a buscar la comida para sus nietos, después volvió y me golpeó la puerta de casa. Dijo, necesito hablar con usted y su marido”. Julia preguntó qué pasaba y el hombre le respondió que venía para “agradecer la comida” y habló de “lo rico, lo abundante, la buena comida”.
Entonces allí, sin nombrarla, habla de la dignidad. Dice que ella siempre pelea para que la comida sea buena “por más que la gente necesite no puedo darle un guiso de arroz nadando en el agua. No pretendo dar caviar, obviamente, no lo tengo para mí así que imposible pero si quiero que se lleven un buen plato de comida”.
Las sombras se extienden en la tarde del barrio, la hija mira con orgullo como su mamá cuenta el trabajo que la ve hacer todas las semanas. Julia, trabajadora en casas particulares, mira los alimentos que está juntando para una olla popular que será este miércoles 24 de junio como un aporte de la FeNaT-CTA dentro del espacio social, sindical y político del Manifiesto por la Soberanía, la Producción y el Trabajo. Todo sin dramatismo, con la ternura de los que piensan que en el gesto de entregar se recibe.