Por Nicolás Iñigo Carrera
En un momento ascendente de la lucha de la clase obrera, ésta protagonizó en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores un hecho que, por su envergadura, los diarios de la época compararon con la llamada Semana Trágica.
Desde el estallido de la crisis mundial de 1929 y el golpe de estado que al año siguiente inauguró la Década Infame, la clase obrera venía sufriendo una fuerte ofensiva, con desocupación, sobreexplotación, persecución y exclusión política. La Confederación General del Trabajo (CGT) fundada en 1930, cinco años después estaba dividida. En ese proceso, la huelga general de enero de 1936 constituyó un hito fundamental para el movimiento obrero en Argentina.
La huelga general fue declarada por el Comité de Defensa y Solidaridad con los Obreros de la Construcción, quienes estaban en huelga desde octubre del año anterior. Lo constituían 68 organizaciones sindicales de asalariados/as de la industria y el comercio y algunas organizaciones gremiales de pequeños patrones.
Las medidas de fuerza comenzaron el 7 de enero a las 6 de la mañana con el paro del transporte, concentraciones, manifestaciones y marchas programadas desde los bordes de la ciudad, con muchos adherentes que iban llegando desde localidades vecinas a la Capital. Rápidamente la situación se convirtió en una batalla campal, con fuertes enfrentamientos callejeros.
Piquetes de huelguistas y habitantes de los barrios –mujeres, muchachos, niños y hombres, e incluso integrantes de las capas pauperizadas del proletariado– recorrieron la ciudad invitando a parar, atacando ómnibus y tranvías e incendiando estaciones ferroviarias. Las masas movilizadas protagonizaron choques callejeros con la policía, que debió replegarse y atrincherarse en el Centro de Buenos Aires, junto a tropas del Ejército y la Marina, mientras gran parte de la ciudad quedaba en manos de los manifestantes. Los choques armados dejaron como resultado alrededor de 10 manifestantes y 4 policías muertos, cientos de detenciones y 81 medios de transporte destruidos.
A partir del mediodía se produjo el contraataque: fuerzas del Escuadrón de Seguridad y agentes ciclistas y motociclistas patrullaron las calles de Villa Devoto, Villa del Parque y Villa Urquiza, el Ejército ocupó el Departamento Central de Policía, camiones blindados de la municipalidad y de bancos privados fueron puestos a disposición de la policía, mientras civiles armados tiroteaban a grupos de manifestantes. Por la tarde, un nuevo choque con las fuerzas policiales impediría la realización del acto central en Plaza Once. En esas condiciones, el Comité habría de declararla continuidad de la huelga general por 24 horas más, reclamando la libertad de los presos.
La huelga recibió declaraciones de solidaridad de la CGT Independencia y la CGT Catamarca, aunque éstas no adhirieron ni participaron de la convocatoria. Sin embargo, la envergadura y drasticidad de la huelga habría de potenciarla fuerza del movimiento obrero organizado, que pudo convertirse en convocante de partidos políticos opositores al gobierno de la Concordancia para formar un frente democrático y antigubernamental.
En un aspecto, esta huelga nos remite al proceso de constitución de los obreros de la construcción como fracción social. Pero lo más significativo fue que con ella la lucha devino política, activando a la clase como conjunto y mostrando un momento del pasaje de la lucha económica por intereses inmediatos de los obreros de la construcción, y de la clase obrera en general, a su lucha política por insertarse en el sistema institucional en las mejores condiciones posibles, pugnando por el reconocimiento legal de sus organizaciones sindicales y políticas.
Fuente: www.historiaobrera.com.ar