Villa Nueva y el San Martín de Armando Fabre

Por Jesús Chirino*

Armando Hilario Fabre, quien fuera Ciudadano Ilustre de Villa Nueva, fue un artista que, a pesar de las limitaciones que le impuso la pérdida de la visión, concretó numerosas esculturas. Por estar muchas de ellas en espacios públicos, enriquecen el patrimonio cultural de numerosas localidades. Entre sus tantas obras escultóricas, destaca la que se encuentra en el paseo más céntrico de la referida ciudad.

San Martín, con piernas de un trabajador de la construcción

En la Plaza Capitán de los Andes de Villa Nueva, antigua y orgullosa hija del Ctalamochita, se encuentra una majestuosa escultura del Libertador General José de San Martín. El prócer está representado de una manera particular, sentado con sus manos cruzadas y apoyadas en el mango del sable corvo, envainado y afirmado al piso. La hoja del arma, dentro de su vaina, tiene su filo hacia el frente del General. Está vestido con su uniforme militar y abrigado con un capote que en su costado izquierdo parece inflado por algún viento, dando la sensación de ser un ala que se está abriendo para levantar vuelo.

En el año 1965, el propio escultor señaló que la inspiración para realizar esta particular escultura le llegó a partir de un pasaje del libro “El Santo de la Espada”, de Ricardo Rojas. De manera textual, el artista dijo: “Lo ubiqué a San Martín en ese imponente escenario de la cordillera, con su capa agitada por el viento, como simbolizando el ala del cóndor, que echaría a volar sobre los Andes”. Y allí está el general, sentado sobre las rocas de los Andes, pensando en lo que debía hacer junto a los hombres y mujeres del valiente pueblo que, en este generoso y diverso territorio, estaba construyendo su Patria.

El San Martín de Fabre, rodeado de un antiguo olivo, pino y la histórica fuente de la plaza, está calzado con botas y lleva espuelas. El escritor Armando Fonseca, en un libro publicado por la Junta de Historia de Villa María, dejó testimoniado que un gran amigo de Fabre, Pedro Zamboni, albañil de profesión, fue quien modeló para que el escultor diera forma a las piernas del gran Capitán de los Andes.

Los letreros artísticos

La historia cuenta que el 17 de noviembre del año 1943, en Las Varillas, Armando estaba charlando con un amigo cuando su vista se apagó. Alguna vez dijo “… algo como un oscuro telón cae sobre mi vista, se desprendieron las retinas…”.  Fueron muchas las consultas con especialistas de Córdoba y Buenos Aires, pero, poco a poco, se desvaneció la esperanza de recuperar la vista. A sus 25 años Fabre había quedado ciego.

Su nacimiento está registrado en la localidad de James Craik, el 21 de octubre de 1918, aunque en realidad puede que naciera unos días antes. Con su familia vivió en diferentes localidades, como Arroyo Cabral, y fue en 1925 que se radicaron en Villa Nueva. Cuando estaba en cuarto grado de la escuela primaria debió dejar de cursar la misma para ir a trabajar al campo. En el año 1933, en un concurso de pintura, ganó con el profesor Arborio una beca y eso le permitió una formación en las artes plásticas.

El propio Fabre supo decir: “De allí egresé como dibujante artístico y pintura. Bueno…, pero yo vivía de los carteles que pintaba, tratando de lograr nuevas técnicas o, por lo menos, otras características publicitarias. Ya no solo el cartel del anuncio del comercio, rezando panadería, despensa o lo que fuera…, trataba de hacerle algún dibujo, sobre el motivo que se comercializaba. Esto, tal como pasó en Las Varillas, revolucionó al pueblo. Era la novedad de los letreros artísticos”.

¿Esculpir con diez pupilas?

Supo vivir en la ciudad de Córdoba, donde ejerció la locución y siguió su inclinación por el dibujo, algo que había descubierto en tercer grado. Su gusto por el dibujo también había sido notado por su maestra Rosal Moya Ceballos y le regaló enseres de artista que su humilde familia no podía comprarle.

Siempre fue una persona multifacética, esto lo dijo el historiador Armando Fonseca cuando escribió que “fue escultor, canillita, locutor en LV3 en los programas de Edmundo Cartos, locutor de publicidad callejera en nuestro pueblo, porque tenía una voz grave y potente, de clara dicción”. Como artista no solo fue prolífico, sino que también gozó de reconocimiento, y es así que en varias oportunidades fue premiado por sus obras. En el año 1990, Villa Nueva lo declaró Ciudadano Ilustre.

Al poco tiempo de haber perdido la vista, en el 43, se fue a Buenos Aires e ingresó a la Escuela General San Martín, dependiente del Instituto Nacional de Ciegos, donde aprendió el sistema de escritura Braille. En ese lugar se encontró con los artistas y docentes Arturo Gargiullo y Elena Guarnaccia Altamira, esposa del primero. El escultor Gargiullo, quien desarrolló un sistema para enseñar escultura a ciegos, tenía una relación artística con Villa María, pues el bronce del monumento a Bernardino Rivadavia situado en la Plaza Independencia lleva su firma, junto a la del otro autor de esa escultura, que es Pablo Tosto.

El historiador Pablo Granado, muy amigo del artista, supo señalar que allí le enseñaron “a educar el tacto, a desarrollar la imaginación, a suplantar sus dos pupilas, apagadas, por 10 pupilas brillantes que miran por los digitales”.

Recorrer sus obras

La extensa obra del escultor Fabre excede los límites abarcables en una nota periodística. Por nombrar algunas de sus obras, puede hacerse referencia al Hipólito Yrigoyen en una esquina del Parque de Villa Nueva o el Centinela Pampa, en Chazón, pero también hay esculturas en  Cruz Alta, en Alto Alegre, en Ticino, La Playosa, Arroyo Cabral y varias localidades más dentro del territorio cordobés. También se encuentran obras del villanovense en las provincias de Buenos Aires, Santiago del Estero, Tucumán y Santa Fe.

Cuando uno se encuentra frente al San Martín de la plaza céntrica de Villa Nueva no solo puede valorar su calidad artística, sino también su importante tamaño, algo que se repite en otras obras de Fabre. Así, su Hipólito Yrigoyen tiene cuatro metros de altura, en tanto que la escultura del Centinela Pampa, de Chazón, alcanza una envergadura de tres metros con ochenta centímetros. Pero de mayor dimensión es la figura artística del propio Armando Fabre que cada vez es más valorado. Vale la pena dar un paseo para admirar sus obras, advertir la calidad de las mismas y conocer más de la vida del artista que dejó de existir el 27 de octubre de 1999, es decir que se van a cumplir 25 años.

*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Fuente: www.eldiariocba.com.ar