Por Jesús Chirino*
Ni capital, ni Ciudad Rivadavia
Es un dato de la historia que el nacimiento de Villa María se produjo en el ejido de Villa Nueva, es más, este es el nombre que designaba la estación ferroviaria instalada en los terrenos que para tal fin vendió Manuel Anselmo Ocampo. Si bien desde 1866 Villa María figuraba como un punto geográfico específico en un mapa oficial de la provincia de Córdoba, quienes se subían al tren en Rosario o alguna estación intermedia, para viajar a la que actualmente es nuestra ciudad, llegaban a la estación que se llamaba Villa Nueva. Así lo describen varias crónicas de viajeros de aquellos primeros tiempos en el desarrollo de este núcleo urbano.
Parte de la identidad de un lugar tiene que ver con poseer una designación del mismo. En 1871, el nombre de la localidad volvió a enfrentar la posibilidad de ser modificado. Ese año, el Congreso de la Nación votó una ley, luego vetada por el entonces presidente de la Nación, Domingo Faustino Sarmiento, mediante la cual una porción de tierra, que incluía esta localidad, se federalizaría para establecer la capital del país, que se llamaría “Ciudad Rivadavia”. El proyecto no prosperó.
Tampoco “Nueva María”
Unas décadas más adelante, en el año 1904, la revista “La Idea” publicó que Edelmiro Pérez proponía la “unión efectiva, real, sincera y estable de Villa María y Villa Nueva”. Poco tiempo después, Amadeo J. Ceballos, en un artículo, dijo “pues formemos nosotros de Villa María i (sic) Villa Nueva una sola ciudad, como Buda i (sic) Pest en Austria; hoy Buda-Pest, quitando la Villa, que ya sería un contrasentido, i llamémosle Nueva María”.
El mismo artículo de Ceballos fue reproducido, años después, en una revista editada por Lobo Herrera y Ángel P. Torrent que, sintomáticamente, se llamaba “Nueva María”.
En el año 1915, Villa María fue declarada ciudad. En la Legislatura provincial se discutió modificar el nombre de la localidad proponiendo que pasara a denominarse “Ciudad de Villa María”, lo que para algunos legisladores era una contradicción. La cuestión fue discutida tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados de la Legislatura de la provincia.
El proyecto de ley para declarar ciudades tanto a San Francisco como a Villa María fue elevado por el Poder Ejecutivo provincial el 7 de mayo de 1915. Planteado el insólito debate por el nombre de la localidad, el senador por el Departamento Minas, Luis E. Leal, manifestó la contradicción entre los términos “ciudad” y “villa”. Por su parte, el senador por el Departamento Punilla, doctor Julio Deheza, remarcó que Villa María debía mantener esa denominación por su hermosura y para que las generaciones futuras pudieran notar que las poblaciones como la nuestra, “de simple aldeas, pasaron a ser pueblos, de pueblos, a villas, y de villas, a ciudades”.
Tampoco el nombre de un ilustre cordobés
El proyecto fue aprobado en general. Cuando se discutió en particular prosiguió el debate. El senador por el Departamento General Roca, Julián Maidana, propuso que, a pesar de la contradicción, la localidad fuera designada como “Ciudad de Villa María” o se le pusiera “el nombre de algún ilustre cordobés”. Mariano Ceballos supo escribir acerca de todo este debate y contó los pormenores, diciendo que Julián Maidana llegó a sostener que “no solo hay contradicción en lo de Ciudad Villa, sino que hasta es ridículo… Es como decir a un capitán que ha sido ascendido a mayor ‘mayor capitán’”. El representante del Departamento Tercero Abajo, Ernesto Casas, consideró que lo mejor era consultar a los pobladores de Villa María.
Los villamarienses opinaron que lo mejor era mantener el nombre de la localidad, nadie en la ciudad se expresó en contra de esa posición. La opinión de los ciudadanos fue trasladada a la Legislatura cordobesa y el proyecto de ley fue aprobado, respetando el criterio inicial del mismo, y el 20 de agosto de 1915, el gobernador Ramón J. Cárcano promulgó la Ley Nº 2.436, elevando a la categoría de ciudad tanto a San Francisco como a nuestra Villa María.
Mantener la identidad
Pero aquella no fue la última vez que se quiso cambiar el nombre de la ciudad. Durante 1928, siendo intendente de la ciudad Eugenio Parajón Ortiz, el Poder Ejecutivo municipal elevó al Concejo Deliberante un proyecto “para designar a esta ciudad de Villa María con el glorioso nombre de Rivadavia”. Este proyecto tampoco prosperó y cayó en el olvido.
Estas no fueron las únicas y, quizás, no sean las últimas veces que se proponga cambiar el nombre de la ciudad. Aparecieron otras propuestas de unión con la vecina Villa Nueva, lo que contiene el debate acerca de qué nombre se le impondría a esa nueva configuración. A favor de estas posiciones es habitual que se manejen argumentos poco creíbles, cuestión que desnuda que esas propuestas suelen obedecer más a necesidades políticas de algunos dirigentes que al sentir de la población. Mientras, los villamarienses seguimos sabiendo cómo se llama nuestro lugar y el nombre de la ciudad continúa siendo la manera de pronunciar el amor por la misma.
*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Fuente: www.eldiariocba.com.ar