Carlos Alonso: In Memoriam

El 21 de septiembre de 2026, en Unquillo, Córdoba, murió el artista Carlos Alonso, donde residía desde hace varios años. Tenía 97 años.
Un 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, nacía uno de los mejores pintores argentinos. Según su madre, Carlos Alonso ya dibujaba antes de aprender a leer y a escribir. Dibujó siempre, pero no como suelen dibujar los niños, sus dibujos apuntaban a la historieta, a un relato, a la descripción gráfica de su vida, de lo que veía, no de lo que imaginaba. Durante el colegio secundario, en Mendoza, siguió dibujando todo el tiempo.
Dibujaba en la clase de historia, en la de geografía, en la de matemática, y tanto que dibujaba que logró algo que le reafirmó su vocación: en el hall de entrada de su colegio hicieron una exposición de sus cuadernos de clase con los dibujos. Los compañeros lo felicitaban, le decían que siguiera dibujando. Y él siguió, con la misma firmeza y la misma vocación que de niño.
A los veintipico de años, viajó a Europa y vio los cuadros del español Diego Velázquez. Al verlos, dijo: “Ni aunque viva mil años voy a pintar así”. Sintió un shock fuerte; un shock al revés. Sin embargo, cuando vio los del holandés Vincent van Gogh le pasó lo contrario. Tuvo la impresión de que esa pintura la podía hacer. Por un lado, el nivel de calidad, de estética, de resolución de la forma y de la imagen, de Velázquez; por otro, en Van Gogh, la imagen más directa, más cercana, y que le hizo pensar que podría hacerla. Y cuando volvió a la Argentina, todo aquel mundo y aquella fantasía le hicieron sentir la necesidad de reflejar la propia realidad, la realidad de todos los días.
Se fue un año a estudiar con Lino Spilimbergo a Tucumán. Luego, otro año a Santiago del Estero. Allí descubrió nenes con la panza hinchada por el hambre. Descubrió la miseria y las dificultades para sobrevivir. Y todo eso, contó en una entrevista de 2018 ( https://www.cultura.gob.ar/carlos-alonso-la-ilusion-es…/ ), le cambió completamente el lenguaje.
“Creo que un artista tiene un grado de responsabilidad con la comunidad a la que pertenece. Elegí reflejar lo que pasaba en situaciones de emergencia, en situaciones de pobreza, en situaciones que no correspondían a la capacidad, la posibilidad, la imagen o el deseo que uno tenía de su propio país”.
La violencia sobre los cuerpos se transformó en un tema recurrente en su obra, con fuerte impronta política y social. Tras el golpe de Estado de 1976 y la desaparición de su hija, Paloma Alonso, se exilió en Roma y en 1979 se mudó a Madrid. Regresó al país en 1981 y se instaló en Córdoba, donde vivía actualmente.
Entre muchos otros premios, recibió en dos ocasiones el Premio Konex de Platino (1982 y 1992) como el mejor Dibujante de la década de la Argentina y en 2012 recibió el Premio Konex Mención Especial a la Trayectoria de las Artes Visuales por su trabajo de toda su vida.
Alonso creía que, de algún modo, el arte es patrimonio de la gente y parte del bien común de la sociedad.
Además de su obra plástica, realizó recordadas ilustraciones de obras como Don Quijote de la Mancha, los poemas de Pablo Neruda, El Gaucho Martín Fierro de José Hernández, El Matadero de Esteban Echeverría y El juguete rabioso de Roberto Arlt.
Sus obras fueron parte de exposiciones en el Museo Nacional de Bellas Artes de México, el Museo de Arte de La Habana, las galerías Giulia de Roma y Eidos de Milán, además de en la Bedford Gallery de Londres, entre otros prestigiosos lugares.
Ilustración: Juan Delfini
Fuente: El Ortiba