Villa María: Desalojo de pobres en 1924

Por Jesús Chirino*

La concepción que se tiene acerca de la pobreza está definida por cómo se entiende la sociedad y, a la vez, marca las acciones que se desarrollan en relación a la misma. En el caso de los gobiernos, más allá de cualquier imagen o discurso que puedan emitir al respeto, sus acciones ponen en claro cómo entienden la misma. Aquí vemos cómo un intendente accionó frente a un grupo de pobres que vivían cerca del río en Villa María.

La pobreza como problema del pobre

A orillas del río Ctalamochita, a mediados de los años 20 del siglo pasado, existía una serie de viviendas habitadas por familias de escasos recursos. Pobres que habían construido sus moradas con los pocos elementos conseguidos y, claro está, no respetaban la estética dictada por la cultura central de esta sociedad.

La pobreza, exhibida mediante un caserío pobre en inmediaciones de una zona donde triunfa otra estética, no solo rompe cierta armonía del paisaje urbano, sino que, también, hiere los discursos que plantean que todo está bien. Las posiciones ideológicas que plantean que la pobreza es un problema individual combinado con la falta de méritos y decisiones personales, niegan que existan cuestiones estructurales de la sociedad que producen el fenómeno de la pobreza, a la cual tampoco pueden ver en sus características multidimensionales.

Nuevas obras: Fuera los pobres

En 1924, ocupaba la Intendencia de la ciudad de Villa María el médico Vicente Martínez Mendoza, oriundo de La Rioja, quien había estudiado en la Universidad Nacional de Córdoba. Radicado en Villa María, ejerció su profesión y se lanzó al terreno de la política. En 1919 llegó a ser presidente del Concejo Deliberante y, desde ese cargo, pasó a ejercer, de manera interina, como intendente municipal, por la destitución de quien se desempeñaba como tal. Luego se presentó como candidato y fue electo como intendente para el período 1920-1925. Bajo su intendencia realizó obras entre las que se cuenta el Mercado Mitre, la Plaza de Ejercicios Físicos. También reformó la Plaza Independencia y creó el Paseo Río Tercero en la costa del río que ahora conocemos como Ctalamochita.

En octubre de 1924 solicitó que se retirara la playa de maniobras ferroviarias que se encontraba en el centro de la ciudad. A la par de esto, el día 11, de ese mismo mes y año,  Vicente Martínez Mendoza le remitió una nota al “Señor jefe político” del Departamento “Tercero Abajo, Don Ramón J. Ceballos”, pidiéndole la colaboración de la Policía, que en ese tiempo dependía del jefe político. El intendente pedía que la Policía colaborara en el retiro de un rancherío ubicado en la cercanía del río.

Pobres: “Espectáculo de incultura”

Martínez Mendoza, en la nota, expresa que el Departamento Ejecutivo municipal había resuelto “hacer retirar de los terrenos municipales, calles y otros parajes cercanos a la ribera del Río Tercero y en las inmediaciones del nuevo puente en construcción -se refiere al Alberdi-, a la gente que habita en los ranchos improvisados, que de hace bastante tiempo han hecho su asiento en esos lugares. Solicito al señor jefe su concurso para que ordene se preste a la inspección general el auxilio de la fuerza pública para proceder al desalojo de dichos moradores”.

Resulta interesante analizar la nota del entonces intendente municipal y ver las razones que esgrimió para justificar el desalojo de los pobres que habitaban en las cercanías del río. En el escrito, el médico expone dos motivos principales para el desalojo. En primer término, habla del “espectáculo” que ofrecen esos ciudadanos y, en segundo lugar, coloca la higiene como otra razón que justificaría el retiro de las familias de ese lugar.

Debe señalarse           que, resulta claro, para mejorar la higiene del lugar no hacía falta “desalojar” a los pobres, pero quizás había que sacarlos de allí para que, al transitar por el nuevo puente, el resto de ciudadanos no viera eso que el intendente calificó como “espectáculo…”.  Textualmente, Martínez Mendoza expresó el objetivo de aquella acción diciendo: “Con esta medida, se procede a evitar el espectáculo de incultura que ofrecen los que habitan esas rancherías, e igualmente su retiro de un lugar muy cercano a las basuras que es por demás antihigiénico”.

El intendente, como cualquiera, actuó desde su concepción ideológica y, según puede leerse en la nota, los pobres le molestaban. El señalamiento acerca de que ofrecían un “espectáculo de incultura” pareciera marcar que a los mismos no les reconocía prácticas culturales legítimas, aunque fueran distintas a las de la cultura central. Desde el marco ideológico del entonces intendente, a los pobres no solo se los veía distintos, sino también inferiores. Se manifiesta una jerarquización donde se coloca en situación de superioridad a los “cultos”, es decir, a quienes son practicantes de la cultura central.

Desde el liberalismo se cree que la pobreza se debe a factores como la pereza, la falta de educación, malas decisiones en la asignación de los escasos recursos con los cuales se cuenta o la falta de iniciativa individual. Es decir que el problema de la pobreza es del pobre. Desde esta visión, no se consideran las desigualdades estructurales, como también se ignora la importancia de factores externos en la situación de pobreza de las personas. Esta posición se modificó con la aparición del neoliberalismo, que suma a las regulaciones del Estado como productoras de mayor pobreza y, como “solución”, se propone desregular, privatizar empresas estatales y la reducción de impuestos para, supuestamente, fomentar la inversión y el crecimiento económico, pero sin evaluar la distribución de la riqueza.

Si el pobre lo es, supuestamente, porque tomó malas decisiones, se deduce que aquellos que no son pobres han decidido bien.

Así es que, al considerar que el pobre es el propio responsable de su situación, se entiende que no importa si desde el Estado se desarrollan políticas que profundizan la desigualdad social, la precarización en el empleo o se generan crisis económicas. Es esta una visión que demanda egoísmo, que cada cual se ocupe de sus intereses y que se desentienda de la situación general. Se dejan de lado las políticas integrales para abordar la problemática multidimensional de la pobreza, la participación social y el fortalecimiento de las instituciones. A cargo del lector queda leer cuándo estas ideologías se pusieron en práctica.

*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Ilustración: Raúl Olcelli

Fuente: www.eldiariocba.com.ar