Alfredo Ferraresi: Un sindicalista con historia

Así fue que desde su empleo en esa farmacia, comenzó a darse cuenta que la adhesión a ese Movimiento aún incipiente, significaba que había que poner el cuerpo.
Un vecino de la farmacia que trabajaba como telegrafista de la Presidencia, hace de nexo para que la farmacia proveyera los medicamentos a Casa Rosada. El encargado de llevar los pedidos fue Ferraresi. Por esa circunstancia, Alfredo conoció a Evita, a quien comienza a llevarle cartas de sus vecinos en las que pedían una máquina de coser, un trabajo, o un juguete. Todas eran respondidas. La cercanía con ella, haría que Alfredo la recuerde como una mujer “más dulce que la gran puta. Vivía para los humildes, los interpretaba como nadie y los defendía con dientes y uñas”.
Su muerte, según Ferraresi, produciría “un vacío enorme y definitivo en el alma y en la ideología del Movimiento Popular”.
Cuando el presidente Perón fue derrocado en 1955, Ferraresi, junto a otros jóvenes sindicalistas peronistas como Jorge Di Pascuale, Horacio Mujica y José Manuel Azcurra se sumó a la Resistencia Peronista en la clandestinidad y formó parte de una nueva camada sindical que buscó reconquistar los sindicatos intervenidos por los militares, desde una acción de base.
Con la proscripción del peronismo, Alfredo Ferraresi pasó a la resistencia y empezó a llevar una flor nomeolvides en el ojal del saco como una forma de burlar las prohibiciones del gobierno de facto. Una contraseña que usaban los “muchachos peronistas” para reconocerse.
En 1957, la dictadura militar permitió elecciones en el intervenido Sindicato de Empleados de Farmacia. Ferraresi y sus compañeros organizaron la Agrupación “22 de diciembre” (Lista Blanca), que llevó como candidato a Secretario General a Di Pascuale, logró el triunfo luego de tres elecciones consecutivas (en mayo, julio y septiembre), ya que la intervención militar se negaba a entregar el gremio a los vencedores por su filiación peronista.
El Sindicato de Farmacia y el propio Di Pascuale pasaron a ser un actor relevante en toda la historia del sindicalismo combativo y de liberación e incluso en el surgimiento de la tendencia revolucionaria dentro del peronismo.
En 1959 tuvo participación significativa en la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre.
En 1968, durante la dictadura de Onganía, fue uno de los impulsores de la creación de la CGT de los Argentinos, liderada por Raimundo Ongaro y de la que Di Pascuale fue secretario adjunto y que llevó adelante una política de oposición frontal a la dictadura en la línea de la liberación nacional. En el mismo año, participa en el surgimiento del ala revolucionaria del peronismo con el Primer Plenario del Peronismo Revolucionario, convocado por Alberte, Rearte y Cooke (de quien fue amigo personal), realizado en la sede del sindicato en Buenos Aires. En términos simbólicos el espacio físico del Sindicato de Farmacia es asociado al imaginario del peronismo revolucionario.
Ferraresi dijo haber “metido caños” en varias oportunidades durante esa época y aclaró que lo hacía cuidadosamente para que no afectara a ninguna persona. Los objetivos eran empresas multinacionales, edificios de la policía y cuarteles militares. En una acción de propaganda que pretendía modificar la inscripción “guardapolvos 12 de octubre” de un cartel frente al Obelisco, reemplazando el número dos por el siete, Alfredo fue detenido junto a otros compañeros. Su familia lo supo al día siguiente, cuando un vecino se acercó a la casa en la que vivían en Wilde con el diario Crónica, en cuya tapa estaba la foto de Ferraresi escoltado por un agente de “La Federal”.
Alfredo era un soldado disciplinado de la Resistencia, un peronista de los de abajo, sin dobleces ni especulaciones. De aquellos a lo que Evita consideraba como imprescindibles. Sindicalista antiburocrático hasta la médula, siempre prefirió -junto con Raimundo Ongaro y la CGT de los Argentinos- “honra sin sindicatos, que sindicatos sin honra”.
En julio de 1969 la dictadura intervino el sindicato y encarcela a Ferraresi y a Di Pascuale. Para él, la militancia sindical era sinónimo de “poner el cuerpo”, por eso Ferraresi podía contar que “en el Cordobazo, mi rol, como dirigente de la CGT de los Argentinos, fue el de mediador para aunar fuerzas entre Agustín Tosco y Elpidio Torres”, y que “lo fui a buscar a Agustín Tosco a la usina donde trabajaba y salió al frente de toda la gente. El ‘Cordobazo’ no es de nadie, es de todos, pero sin la CGT de los Argentinos no hubiera existido”.
Poco después, también durante la dictadura de la Revolución Argentina, integró la Coordinadora contra la Rde (epresión que denunció los fusilamientos de la Masacre de Trelew en 1972.
“Campora al gobierno, Perón al poder”. Ferraresi y sus compañeros de ADEF se pliegan a la consigna “ni un día de gobierno peronista con presos políticos”. Alfredo recordaba aquel día, “lo que nos decían es que no había métodos para largarlos, que no había jurisprudencia”. Entonces definieron quién iba a agarrar el micrófono en Plaza de Mayo cuando asumiera Cámpora para dar la voz de aura: “’Todos a la cárcel´ y así fue. Había métodos para hacerlos salir”, solía contar Ferraresi.
El 24 de marzo de 1976 se produce un nuevo golpe cívico militar. El terrorismo de Estado asesina miles de vidas para imponer el modelo económico liberal. Ferraresi contaba que “en esa época, todos los días nos enterábamos de la caída de algún compañero. Fue entonces cuando al terminar una reunión, comenzamos a besarnos. Sí, algo que antes no acostumbrábamos, besarnos entre hombres, por si acaso, como una despedida final”.
La dictadura genocida secuestró a los sindicalistas farmacéuticos Jorge Di Pascuale (sus restos fueron hallados en 2009), José María Mujica y luego Dora Gambone. Fue un duro momento de inflexión y que asestó un golpe tremendo al corazón de hombres como Ferraresi, quien sin embargo, tragó saliva, apretó los dientes y siguió luchando como siempre. Durante los más de 30 años en los que Di Pascuale estuvo desaparecido, Alfredo Ferraresi nunca dejó de buscarlo. Durante este período de torturas y vuelos de la muerte, fue un activista en la defensa de los derechos humanos, impulsó la campaña internacional por la aparición con vida de los sindicalistas detenidos-desaparecidos.
A pesar del terror ejercido por la dictadura militar, un sector del peronismo combativo, “La Comisión de los 25” de la que formaba parte Ferraresi, convocó a un paro nacional desde la clandestinidad para el 27 de abril de 1979, la primer huelga contra la dictadura. Alfredo recordaba que “sí, teníamos miedo. Pero sentíamos que era más la vergüenza que el miedo. Sentíamos que teníamos que hacer algo. Teníamos miedo pero la vergüenza era mayor”.
Adherente a la corriente internacional del sindicalismo cristiano, en 1982. Fue uno de los fundadores de la Federación Latinoamericana de Trabajadores del Comercio, Oficinas y Servicios, siendo electo como Secretario Ejecutivo para el Cono Sur.
En 1994 ADEF es parte activa de la fundación del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA).
En 2001 fue elegido secretario general del sindicato de empleados de farmacia, cargo que desempeñó hasta el último de sus días. Adhirió al kirchnerismo desde su inicio.
Carricarte, colaborador de Ferraresi durante más de 30 años recuerda que “cuando lo conocí tenía 18 años, era muy joven y Alfredo ya era un sindicalista con historia, sin embargo era una persona tan humilde que siempre me trató de igual a igual”.
Heredó muchas cosas de quien con el tiempo se volvió un gran amigo, pero la oficina no. El Secretario General de ADEF explica que “conservamos su oficina tal cual la dejó Alfredo como una forma de homenaje, queremos que quede como museo porque en esas paredes está la expresión de lo que él pensaba”.
Alfredo Ferraresi, quienes lo conocieron, quienes lo trataron, quienes hoy siguen sus pasos, suelen decir con emoción que Alfredo fue un “resistente” incansable, amigo de sus amigos y enemigo declarado del imperialismo. Jamás abandonó la actividad sindical ni su puesto de mando en lo que ahora es la Asociación de Empleados de Farmacia. Nunca dejó de recibir a quienes lo necesitaban, tanto para hablar “qué se puede hacer” por los compañeros presos o de homenajear la memoria de los 30 mil desaparecidos y los mártires de la Resistencia Peronista. Ese era su puesto de lucha y su forma de rendir honores a quienes lo tuvieron como un hermano de tantas batallas.
A “Cacho” El kadri, a Gustavo Rearte, a Susana Valle, al Mayor Bernardo Alberte, y tantos otros luchadores y luchadoras. Alfredo y varios compañeros de ADEF, al igual que tantos otros luchadores, fueron detenidos durante la dictadura. “En la cárcel vimos la llegada del hombre a la luna”, recordaba Ferraresi como una forma de quitarle dramatismo a aquel momento. Pero también recordaba con la misma nitidez, a su gran amigo Jorge Di Pascuale, diciendo “pidamos por todos, la libertad no se negocia”.
El historiador Norberto Galasso destaca que Ferraresi “entendió siempre que la acción gremial tiene un techo y que para lograr la plena liberación hay que acompañarla con el compromiso político”. En 2012 el peronismo bonaerense homenajeó al líder de los farmacéuticos en el Teatro Argentino de La Plata, oportunidad en la que Galasso manifestó “en una ciudad como Buenos Aires, donde a la gente parece molestarle los sindicalistas, yo tuve la suerte o la gracia de la vida de haber tratado personalmente a algunos sindicalistas ejemplares. Uno fue Sebastián Borro, otro, Avelino Fernández, pero creo que el mejor de todos ha sido Alfredo Ferraresi”.
Alfredo Ferraresi fue muchas cosas. Para quienes lo conocieron, su nombre evoca la prehistoria de una sonrisa. Para los que no, queda su búsqueda en las grandes causas por las que luchó y las pequeñas causas que supo disfrutar. Un lugar posible, entre tantos, donde iniciar esa búsqueda es el libro “Cien años de lucha sindical: del anarquismo al peronismo revolucionario” escrito por el propio Alfredo, en cuya presentación, el 29 de agosto de 2012, en la Biblioteca Nacional, a sus 80 años dijo: “Todavía tengo un montón de amigos que creen en la revolución, estamos dispuestos a seguir. Total, más que matarnos no van a poder hacer. Hasta la victoria siempre”.
Fuente: Pensamiento Discepoleano