Por Jesús Chirino*
A pocas horas de iniciado un jueves del mes de febrero de 1991, el cielo de la ciudad fue surcado por rayos de luz intensos. Los misteriosos trazos luminosos rompieron la monotonía de esa noche estival de Villa María. Varios vecinos fueron sorprendidos por el fenómeno.
Luego se sabría que eran restos de un objeto espacial construido por el hombre. Años antes, algo parecido había ocurrido en el cielo de la zona
Sonda espacial de la NASA en Tío Pujio
Fue durante un año bisiesto, en 1964, en las cercanías de la localidad de Tío Pujio impactó parte de un aparato espacial causando revuelo en los vecinos del lugar. Luego de ubicarse el punto de impacto, pudo establecerse que se trataba de una esfera de alrededor de 80 centímetros de diámetro. La chatarra espacial había dejado de orbitar en el espacio y, cruzando la atmósfera a gran velocidad, se precipitó a tierra. A pesar de la caída cuando se la observó, en el campo cercano a Tío Pujio, solo presentaba pocos abollones. Mediante la consulta a especialistas en la materia se averiguó que se trataba de una sonda espacial que había sido lanzada por la agencia gubernamental norteamericana, la Administración Nacional del Espacio de Estados Unidos (NASA). Recordemos que por entonces ya estaba en pleno proceso lo que se conoció como la carrera espacial, entre Estados Unidos y la Unión Soviética, iniciada en 1957 (llegó hasta 1975).
Las autoridades intervinieron y los restos de la sonda de la NASA fueron trasladados a la comisaría policial de Villa María. A los pocos días, en un avión de la Fuerza Aérea Argentina, los llevaron a la ciudad de Buenos Aires.
Estación espacial rusa
En la madrugada del jueves 7 de febrero de 1991, decenas de villamarienses fueron sorprendidos por trazos luminosos que surcaron el cielo. Transcurridas algunas horas pudo averiguarse que esas estelas brillantes fueron dibujadas por la caída de los restos de la estación espacial rusa Saliut 7. Ese artefacto había sido lanzado al espacio en el mes de abril de 1982. Se trataba de un cilindro de acero y aluminio de 14 metros de largo, con un diámetro de 4 metros. Estaba equipado con grandes paneles solares de más de 10 metros de envergadura. Esa estación espacial permitía que hasta tres cosmonautas permanecieran en ella por largos períodos de tiempo. Estuvo en funcionamiento durante cuatro años y fue habitada por seis tripulaciones. En rigor era un satélite artificial, de 40 toneladas, que orbitaba la tierra a baja altura, unos 250 kilómetros de altitud, dando una vuelta completa a la Tierra cada hora y media. Debido a su poca altitud, y el rozamiento con la alta atmósfera que esto provocaba, poco a poco fue decayendo.
En la siguiente jornada El Diario publicó la noticia en la tapa. El título fue “Asombro de Villa María. Fragmentos de un satélite soviético cayeron en territorio argentino”. Una gran imagen cuyo epígrafe dice “Testimonio fotográfico registrado frente a plaza Centenario, en nuestra ciudad, en el momento exacto del paso del fenómeno, ayer a la 1 de la madrugada”. Algunos vecinos, sentados en mesas de confiterías céntricas, pudieron observar claramente el fenómeno.
Los restos de la estación se desparramaron en una franja de territorio argentino que va desde los Andes hasta la Mesopotamia. Guillermo Goldes, divulgador científico y profesor de la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación de la Universidad de Córdoba (FAMAF) escribió que aquella madrugada se encontraba en el Observatorio de Bosque Alegre (Córdoba), observaba a través del telescopio la Nebulosa de la Tarántula, una gran nube de hidrógeno que se encuentra en la Nube Mayor de Magallanes, una galaxia vecina. Cuando en un momento fue sorprendido por una extraña luz: “Venía del cielo, se movía y su resplandor era tan intenso que proyectaba sombras sobre la pared más alejada de la cúpula, a más de 20 metros de distancia”. Goldes observó el fenómeno a unos 170 kilómetros de Villa María, su descripción del mismo nos permite imaginar algo de cómo se observó. No solo habla de luces tan potentes que proyectaron su sombra en una pared a 20 metros de distancia, también señala que los restos se desplazaban de manera “casi paralela al horizonte. Miles de fragmentos se desprendían y se incineraban en la atmósfera. Cada uno de ellos se apartaba del cuerpo principal, se consumía en llamaradas y finalmente desaparecía de la vista”.
En la referida edición de El Diario se publicó que “en el sur de Córdoba, en la zona que comprende las localidades de Huinca Renancó, Laboulaye, Mattaldi, Pincén e Italo, además de observar el desplazamiento del fenómeno, se sintió un ruido sordo y fuerte, seguido de un estremecimiento del suelo”. A pesar de sospechar que en la zona algunos restos tocaron el suelo, no fueron encontrados. Algo distinto sucedió en la localidad santafesina de Capitán Bermúdez, en el Gran Rosario. Dalia de Palazzo, comentó que en el patio de su domicilio, en la calle Urquiza 237 de esa localidad, cayó un fragmento “del tamaño de un lavarropas”. Cerca de la 1 de la madrugada escuchó “un ruido de explosión” y vio una luz muy incandescente en su patio. Luego, junto a su marido e hija, comprobó que se trataba de un fragmento de la aeroestación.
En la referida edición de El Diario, en su página 8, se tituló que la caída de la chatarra espacial “en Villa María provocó asombro y hasta temor”. En la bajada se remarcó que “gran cantidad de villamarienses observó asombrado un puñado de objetos voladores no identificados que surcaron el cielo, aproximadamente a la 1 de la madrugada de ayer. Se pensó en platos voladores. Varios sintieron temor. Horas después se supo de qué se trataba”. Las avistadas en la ciudad fueron “unas siete u ocho partículas de color azul brillante, que a medida que surcaban el cielo se iban desintegrando”.
El acontecimiento produjo comentarios por varios días, luego se perdió en el recuerdo. Traer a la memoria la caída de esa chatarra espacial nos lleva a pensar en la capacidad de contaminación que tiene nuestra cultura.
*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Fuente: www.eldiariocba.com.ar