Desempleo juvenil: Informe de un problema estructural

El desempleo juvenil ha crecido en los últimos años. La pandemia no ha hecho más que agravar un problema estructural que tiene como protagonista a una generación que trabaja precarizadamente o no tiene trabajo estable y formal. Compartimos algunas reflexiones de un informe que detalla con datos estadísticos este problema central en la Región. 

El empleo y su contracara -el desempleo-, o sus formas y condiciones precarizadas, no son más que el síntoma de un modelo neoliberal que hace eco en todas partes del mundo. Ilustramos esta nota con algunos memes -hay miles- porque somos esta generación que con humor e ironía expresa muchas de las preocupaciones y realidades

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(Imagen: No es de vegana)

que vivimos. A veces en chiste y para no acrecentar el desánimo apocalíptico, pensamos cómo será el futuro de la generación Rappi, monotributista o changarina, lejos de la seguridad laboral que legó el peronismo. En los últimos años, la uberización de la economía y la narrativa “No trabaja quien no quiere” y “Haz tu proyecto autogestivo” llegó a nuestro país. La pandemia agravó las condiciones desiguales que ya vivíamos y deja al descubierto las falacias que esconden los discursos meritocráticos sobre trabajo y juventudes.

En esta nota, recuperamos el Informe “Los desafíos de la política pública para un problema estructural agravado por la pandemia” realizado por Mariana Sosa, Ignacio Smith y Darío Romano del Centro de Estudios Metropolitanos, la Universidad Nacional Arturo Jauretche y la Universidad Nacional de Hurlingham. Les investigadores hacen un repaso estadístico sobre el acceso de les jóvenes al mercado de trabajo a partir del impacto de la crisis sanitaria durante el año 2020. También repasan algunas de las medidas llevadas adelante por el Estado Nacional al respecto.

En el informe se detalla que, si bien la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU planteó un conjunto de metas para que los gobiernos reduzcan el desempleo y la falta de oportunidades educativas para las juventudes, lo cierto es que en América Latina, con diversos matices, el empleo juvenil es una problemática que atraviesa cada país de la región. “Se manifiesta tanto en la escasa cantidad de puestos de trabajo disponibles para la inserción de los jóvenes como en la calidad de los empleos a los que acceden. Las dificultades y barreras que enfrenta la población juvenil en el mercado de trabajo se expresan en sus elevadas tasas de desempleo e informalidad laboral con sus consecuencias de bajos salarios, índices elevados de pobreza, inestabilidad laboral, desprotección social y en las brechas que presentan en relación a la población adulta”, afirman en el informe.

Los datos son contundentes y dolorosos: en América Latina y el Caribe, hay 9,4 millones de jóvenes desempleados, 23 millones que no estudian ni trabajan ni están en capacitación y más de 30 millones que sólo consiguen empleo en condiciones de informalidad, señalaron en el informe según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En Argentina, el 20% de la población total son jóvenes de entre 18 a 30 años -asciende a 9 millones- según los datos relevados por les investigadores, quienes afirman: “Gran parte de estos jóvenes carece de un empleo y no se encuentra estudiando ni recibiendo una formación para el trabajo. La falta de oportunidades laborales en la población juvenil no es algo reciente, existe desde las últimas décadas del s. XX y se vieron acentuadas a partir de la crisis del 2001. Si bien a partir de 2003 la recuperación económica y las políticas de crecimiento con inclusión redujeron significativamente las tasas de desempleo e informalidad laboral de adultos y jóvenes, las desventajas de los jóvenes en el mercado de trabajo persisten y se resienten en tiempos de inestabilidad económica”.

“A modo de ejemplo, de la misma manera que sucedió en 2001, la crisis económica y social detonada por las políticas económicas llevadas adelante por el gobierno de Cambiemos (15-19), impactó de lleno en la población juvenil, elevando la tasa de desempleo en el caso de mujeres del 19,8% al 22,6% y en el caso de las hombres del 15,5% al 17,9% entre el 3° trimestre del 2017 y el 3° trimestre del 2019”, se expresa en el documento.

Conseguir trabajo siendo pandemials

Luego de transitar un año de crisis sanitaria, ya no es novedad el terrible impacto que esta implicó para las economías del mundo: pérdida de puestos laborales, caída de los ingresos así como una pérdida de poder adquisitivo en los hogares y un incremento de la pobreza.

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(Imagen: No es de vegana)

El peor momento de la pandemia fue el 2º trimestre y los indicadores laborales de los jóvenes fueron los que cayeron con mayor brutalidad, y aunque posteriormente en el 3º trimestre mostraron una relativa recuperación, aún se mantienen como el grupo etario más afectado por la pandemia en términos laborales. Según analizan, tiene relación con sus condiciones laborales estructurales -de informalidad y precariedad- previas al inicio de la pandemia, por esto son el grupo más expuesto.

Según el análisis realizado, la desocupación no sólo es medida en términos etarios, sino cruzada con la variable del sexo como indicador de desigualdad. Se evidencia que el sector juvenil presenta mayores tasas de desocupación que el sector adulto y que las mujeres se encuentran en desventajas frente a los varones en el mercado laboral.

Según el informe, la significativa incidencia de la informalidad es una de las principales razones que explican el fuerte deterioro en las condiciones laborales del mundo juvenil, tomando en cuenta que quienes trabajan de manera informal fueron el segmento más golpeado por la crisis sanitaria del año pasado.

Para que quede claro, la informalidad implica: “Situaciones de despidos, rebajas salariales, cambios en las condiciones de trabajo y otro tipo de arbitrariedades debido a la desprotección social por encontrarse fuera de la normativa laboral vigente. Mientras que la tasa de informalidad laboral de los asalariados adultos (31-65 años) era (pre-pandemia) de 29%, la informalidad juvenil (18-30 años) alcanzaba el 51%, viéndose mayormente afectado el tramo etario más joven (18-24 años) con un 64% de informalidad”.

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(Imagen: No es de vegana)

Es interesante cómo estos datos ponen en cuestionamiento el relato que desde diversos sectores sostienen sobre fuentes de trabajo ligadas a formas de mayor flexibilización laboral -sé tu propio jefe y derivaciones-. Por el contrario,como indican en el informe: “La narrativa de una mayor flexibilización laboral redundaría en una preservación de los puestos de trabajo ya que pone de manifiesto que los únicos empleos que pudieron sostenerse en el marco de la crisis económica causada por la pandemia son aquellos ligados al trabajo asalariado registrado, al encontrarse alcanzados por la normativa laboral y regidos por los convenios colectivos de trabajo. En el caso puntual de la crisis causada por la pandemia, estos empleos han sido, además, protegidos y apuntalados por el Programa ATP y otras medidas implementadas por el Gobierno”.

Además de las condiciones de informalidad, es importante tomar en cuenta cuáles son los sectores donde trabajan les jóvenes: el comercio -el 25% de los jóvenes ocupados se desempeña en esa rama-, un 11% en hotelería y gastronomía, un 9% en construcción -mayoritariamente varones- y un 8% en servicio doméstico -mayoritariamente mujeres-. Todas ramas laborales que disminuyeron considerablemente sus dotaciones de personal durante el año pasado, detallaron.

Una historia de desigualdad: El mercado laboral para las mujeres 

“Las mujeres jóvenes son las que resultaron más perjudicadas, la pérdida de puestos de trabajo ascendió al 31% durante el momento más crítico de la pandemia, mientras que, en el caso de los varones, la caída fue del 27%. Las condiciones de las mujeres empeoran conforme disminuye su edad. Si tenemos en cuenta a aquellas del sub-tramo más joven (18-24) se registra una caída del empleo del 48%, mientras que para los varones de la misma edad fue del 34%”, informan en el estudio.

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(Imagen: No es de vegana)

Quienes lo llevaron adelante retoman argumentaciones de una extensa rama del pensamiento y las demandas feministas, que explica que las principales razones de la desigualdad y peor situación de las mujeres en el mercado de trabajo tiene que ver con que las tareas trabajo doméstico y de cuidados no remunerado y no reconocido recaen especialmente sobre ellas -realizan el 76% de dichas tareas mientras que los varones realizan solo el 24%, según datos de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género, 2020-.

El informe finaliza indicando que existe “una importante batería de políticas educativas y de empleo dirigidas a la población joven en Argentina, especialmente dentro del rango etario que va de los 18 a 24 años” y aclara las políticas destinadas a formación y empleo de jóvenes en Argentina giran alrededor de dos ejes: la formación educativa y laboral, y el intento de contribuir a la inserción laboral juvenil.

“Los desafíos del Gobierno Nacional (y el resto de los gobiernos subnacionales) en materia de empleo joven son numerosos teniendo en cuenta la frágil situación de los jóvenes en Argentina. Debemos tener en cuenta que no existen políticas de empleo efectivas sin un marco de políticas macroeconómicas que abran paso al inicio de un ciclo de recuperación de la actividad y del empleo sostenible en el tiempo. Asimismo, es necesario tender hacia una mayor articulación entre las políticas activas de empleo y las políticas orientadas a fomentar la competitividad y producción, sobre todo en sectores intensivos en lo que respecta a la demanda de mano de obra”, concluyen desde el equipo investigador.

 Imagen de portada: Los Simpson

Fuente: www.latinta.com.ar