Se conoce como “Tucumanazo” a cada una de las tres puebladas insurreccionales ocurridas en la ciudad de San Miguel de Tucumán, capital de la Provincia de Tucumán en la región noroeste (NOA) de Argentina, entre 1969 y 1972. Los tres tucumanazos formaron parte de otras puebladas que sucedieron durante la dictadura militar conocidas como Revolución Argentina: rosariazo, cordobazo, mendozazo, etc.
En Tucumán, la industria azucarera había sido duramente golpeada por una serie de decisiones económicas que favorecieron la concentración en grandes empresas en detrimento de los pequeños productores y los obreros.
En mayo de 1969 paralelo al “Cordobazo”, tuvo lugar la primera revuelta, solidarizándose con la lucha nacional. El 19 de marzo de 1969 se produjo una gran manifestación en defensa de un ingenio azucarero en Villa Quinteros, sin resultado; el 14 de mayo, obreros de otro ingenio que estaba siendo desmantelado sin pagar sueldos adeudados ocuparon la fábrica, y en los días siguientes se produjeron disturbios en San Miguel de Tucumán, en lo que se conoció como el primer “Tucumanazo”.
Este primer “Tucumanazo” es el de las luchas llevadas a cabo durante el año 1969, culminando esa primera etapa con los enfrentamientos urbanos y rurales que coinciden, cronológicamente con el “Cordobazo”, en Mayo de 1969.
En Tucumán cada uno de los momentos de la lucha, estuvo signado por una profundización de las diferencias de clase y quienes participaron en los enfrentamientos eran sectores proletarios, estudiantes de clases medias y medias bajas, y si bien parte de la población de la capital provinciana acompañó cada protesta callejera, nunca se involucró más allá del apoyo. De hecho los estudiantes y obreros enfrentaron como en un campo de batalla a las fuerzas del régimen con los elementos que tenían a mano.
En Tucumán, desconocer la crisis provocada por el cierre de los ingenios azucareros es desconocer cuáles fueron los reales motivos de alzamiento de los trabajadores tucumanos. El movimiento que fue cobrando conciencia, contribuyó en parte también a la solidaridad de clases en las manifestaciones estudiantiles. Los testimonios de la época hablan de una “alianza” obrero estudiantil, que aunque tuviera matices, sirvió para fortalecer uno y otro movimiento. Falta, desde ya, una profundización en el estudio del período en cuestión, pero lo que sí queda claro, es que el papel jugado por los trabajadores de los ingenios cerrados fue clave a la hora de definir la lucha de calles en los 70 en Tucumán.
Villa Quinteros es solo un ejemplo de lo que los historiadores locales deberíamos emprender como tarea antes que se diluyan las fuentes en el olvido y antes que perdamos la posibilidad de registrar el testimonio de aquellos que dejaron parte de su vida en las puebladas. Lo que la última dictadura militar junto a la larga transición vigilada, intentaron ocultar o tergiversar, en cuanto a la narración del pasado, contrasta cuando uno transita hoy las calles de localidades como Villa Quinteros.
Es posible observar en alguno de estos pueblos, el esqueleto de un ingenio derruido por el paso del tiempo y ver a hombres de entre 55 y 65 años en estado de ebriedad, apostados a la vera de las vías del extinto ferrocarril y presumir que la vida se ha desdibujado desde el cierre de la fábrica. Como historiadores comprometidos con el cambio social estas imágenes deben hacernos tomar conciencia que la historia escrita con sangre hace más de 40 años, nos reclama su registro para poder comprender el presente de crisis estructural permanente y poder contribuir verdaderamente con el cambio proclamado.
Historiadores (académicos o no) y otros intelectuales que niegan esta historia no solo no contribuyen al debate de lo que fue Tucumán en los 60 / 70, sino que desvían el foco de atención a una agenda que debería estar centrada en las luchas obreras de aquellos años. Una historia de la destrucción de la provincia que deja afuera al movimiento obrero será siempre una historia a medias pues no se pueden comprender una cantidad de cuestiones si no se aborda con seriedad el complejo proceso de desarticulación social sufrido durante los años del onganiato y la respuesta que se dio la propia sociedad afectada.
Este trabajo es apenas un aporte pequeño a la comprensión de aquel proceso iniciado con la dictadura de Onganía en junio de 1966 y que tuvo, entre sus principales “víctimas” a los pueblos de los ingenios azucareros de Tucumán. La respuesta de los trabajadores y de los pobladores en general merece ser considerada de otro modo a cómo lo sugiere la historiografía porteño – céntrica, pero además, requiere de un estudio serio que incluya las voces de la clase trabajadora como principal afectada y como principal protagonista de una historia de luchas.
(Párrafos de esta crónica pertenecen a una extensa nota del historiador tucumano Rubén Kotler, publicada en el portal de la Agencia de Noticias de la CTA Autónoma el día 30 de mayo de 2015)
Fuente: Pensamiento Discepoleano