Fiestas y desfiles para mentir apoyo popular

Por Jesús Chirino*

Las grandes concentraciones de personas en fiestas cívicas o desfiles militares suelen ser leídas como indicadores de apoyo a una gestión gubernamental. Incluso los Gobiernos suelen bajar el mensaje que señala un supuesto “éxito popular” de eventos que el propio Estado organiza, pero la realidad es que suelen ser una simulación que le sale caro al erario público.

Dictadura, criminales en el poder

La dictadura que gobernó en nuestro país desde el golpe de Estado, perpetrado el 24 de marzo de 1976, hasta diciembre de 1983, ejerció, sobre la mayoría de la población, un sistemático y planificado método represivo. Este método no puede ser identificado sino como terrorismo de Estado, utilización de la violencia para infundir terror, el miedo extremo como técnica de gestión social.

Si bien de los sectores del poder, incluso desde los propios militares, sostuvieron un discurso que planteaba a las Fuerzas Armadas como una suerte de “reserva moral” de la Nación, la realidad mostró que tenían una moral putrefacta, pues cometieron los más atroces crímenes que se pudieran imaginar. A la hora de mencionar algunas de esas atrocidades no debemos olvidar que torturaron, desaparecieron personas, robaron niños y niñas recién nacidos, asesinaron y sustrajeron bienes tanto de particulares como del Estado.

Más allá de los discursos negacionistas o justificadores de la dictadura, el accionar terrorista desde el Estado, durante el Gobierno militar, no puede ser desmentido, y ha sido probado en distintos tribunales, tanto argentinos como extranjeros. Y algo que tampoco puede ser discutido es que se trató de un plan sistemático urdido desde el poder de la dictadura. Esto fue confesado por el propio asesino Jorge Rafael Videla, quien le confesó a un periodista que ellos sabían que debían desaparecer miles de ciudadanos para llevar adelante su plan. Lo mismo se ha probado con el robo de bebés, es decir que cada sustracción de esos niños fue consecuencia de un plan sistemático y no solo de voluntades particulares.

A la par de las atrocidades descritas, el Gobierno de la dictadura cívico-militar y eclesiástica desarrolló políticas económicas y sociales regresivas contrarias a la industrialización sustitutiva, promoviendo la concentración económica y el predominio del sector financiero por sobre la denominada economía real; en otras palabras, se favoreció la “timba financiera”. Todo esto provocó un marcado retroceso en la casi totalidad de los indicadores sociales, a la vez que generó un inédito endeudamiento externo que condicionó el futuro del país.

Mentir el apoyo popular

Las políticas diseñadas y aplicadas desde el centro del poder dictatorial se replicaron a  lo largo y ancho del país. En mi libro “Dimensión municipal de la dictadura…” muestro cómo, en el caso de Villa María, desde el municipio, los representantes locales del Gobierno dictatorial llevaron adelante acciones que respetaban las directrices del poder central. Existen cientos de ejemplos, uno de ellos es el ejercicio de la censura. Así, el interventor militar, Cayetano Torres, consideró necesario reglamentar la exhibición de las “pizarras avisadoras” en la vía pública y mediante el Decreto 68 “A”, mandó que todas aquellas pizarras con fines periodísticos e informativos que existieran en la ciudad fueran llevadas al corralón municipal. Días después, el 7 de julio y “ad referéndum del Ministerio de Gobierno provincial” decretó que la “instalación de pizarras” quedaría sujeta a la “previa autorización del Departamento Ejecutivo Municipal”.

Si bien algunos sectores apoyaban el Gobierno dictatorial, la mayoría de la población no lo hacía y, por ello, no solo buscaron maneras de promocionar sus acciones de Gobierno, sino también de simular apoyo. Esto queda probado con documentos emitidos por los propios militares.

En mayo de 1980, Carlos Antonio Castagna, teniente coronel director de la Fábrica Militar de Villa María, firmó una nota dirigida al comisionado municipal Adolfo Sebastián Jaca, en su calidad de presidente del Ente Intercomunal N° 13 “a efecto de aclararle algunos conceptos particulares del tema tratado” en una reunión “referente a la contribución ofrecida para despertar y mantener el sentimiento patriótico de la población”. La comunicación se extendía por tres páginas y un anexo de seis mensajes “modelos… a difundir, con motivo de celebraciones patrias”.

El documento de Castagna no era más que un programa de propaganda para simular adhesión ciudadana al poder dictatorial. Todo se iniciaba con la conmemoración del 25 de Mayo, continuaba con las fechas patrias de junio y julio, para desembocar en el 17 agosto con los actos para recordar el 130º aniversario de la muerte del padre de la Patria. Según los planes del militar mandamás de la región, este último acto debía desarrollarse con un gran éxito gracias a la “mayor participación de ciudadanos formados como reservistas”.

Castagna le aclaraba a Jaca que las invitaciones a los actos las debían realizar las “comisiones vecinales”, “los centros o comisiones de ex soldados” o los “ex-centros o asociaciones de reservistas”.

Mal uso de lo patriótico

Sin duda, necesitaban obtener o simular apoyo popular que les permitiera sostener sus discursos y acciones. Por ello, usando fechas de significación patriótica, pretendían que actos organizados desde el Estado aparecieran como surgidos desde la participación comunitaria. Por ello, en el referido documento, Castagna deja en claro que “en ningún caso debe participar abiertamente esa Municipalidad, sino exclusivamente brindando el apoyo necesario a las organizaciones aludidas”. De esta manera, pretendían aparentar que la organización de los actos patrios era motorizada por la ciudadanía y algunas instituciones civiles, cuando, en realidad, era el poder dictatorial el que estructuraba toda la celebración para mostrarla como un apoyo a su gestión.

El uso de lo patriótico y los desfiles, para la simulación de apoyo popular a un Gobierno determinado, suele mostrar continuidad en algunos gobierno de origen democrático. Pero esos eventos, organizados desde el Estado, no simulan la violencia, las políticas antipopulares ni las mentiras.

*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTAA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Fuente: www.eldiariocba.com.ar