Fuertes en la zona de Villa María

Por Jesús Chirino*

En lo que actualmente es territorio de la provincia de Córdoba, existieron varios fuertes para cuidar la denominada “frontera” con los pueblos preexistentes a la llegada de los europeos. A medida que se tomaron más tierras, esa línea fronteriza se fue desplazando. Todo eso no se produjo sin conflictos interétnicos. Esos fuertes eran construcciones precarias y con personal mal pago que, más de una vez, pasaba hambre

Fuerte, fortín, fortaleza, guarnición o presidio

Desde los años 30 del siglo XVIII, escalaron los conflictos interétnicos en las “fronteras” norte y este de la jurisdicción de Córdoba del Tucumán. Estos enfrentamientos se produjeron entre, por un lado, europeos y criollos; y por otro, abipones y mocovíes del Chaco. En el sur la problemática se produjo con los grupos indígenas provenientes de la región pampeana. Los funcionarios coloniales idearon la construcción de una serie de fuertes en las zonas más conflictivas. Esas precarias instalaciones defensivas funcionaron como mojones en la referida frontera. Estuvieron  instalados en parajes alejados de los asentamientos hispanocriollos; es decir que estaban aislados de los centros más poblados.

Ingreso de la región al mercado

Eran construcciones elementales y quienes cumplían funciones en el lugar ni siquiera contaban con suficientes municiones para defenderse. Daniela Sosnowski, en su trabajo “Tras la huella de los fuertes de las fronteras norte y este de Córdoba (primera mitad del siglo XVIII)” señala que, en los documentos, estas construcciones se encuentran “con los nombres de fuerte, fortín, fortaleza, guarnición y presidio; en muchos casos, sin que ello aludiera a diferencias significativas en sus características y funciones”.

Luego de la fundación de Córdoba, en 1573, las autoridades fueron extendiendo su dominación hacia la llanura del sur y del este. En el siglo XVII, se fueron repartiendo “encomienda de indios” a la vera de los ríos, instalándose estancias, religiosas y laicas, chacras y otros establecimientos que, principalmente, producían mulas y otro tipo de ganado. Esto llevó a que la región ingresara en los circuitos comerciales que tenían como eje la producción minera del Alto Perú. Esa nueva realidad económica llevó a que adquirieran otra dimensión los caminos que atravesaban estos territorios y comunicaban a Buenos Aires con el Alto Perú y con Chile. Esas  vías fueron muy usadas por comerciantes y viajeros coloniales.

“Unas tristes palizadas…”

La anteriormente citada Daniela Sosnowski rescata lo escrito por el jesuita Bernardo Nussdorfer, quien, a mediados del siglo XVIII, escribió lo siguiente, describiendo los fuertes: “Toda la defensa y resguardo, que el mayor desvelo y providencia del Gobierno ha podido discurrir, idear y poner en práctica hasta ahora, es el de unos que llaman fuertes, y en la realidad no es otra cosa que unas tristes palizadas, dispuesta en varias partes de la frontera del enemigo, y precisamente sobre los ríos referidos (Primero, Segundo y Tercero), en los que se encierran por su turno una compañía de treinta o cuarenta o muchos menos vecinos, soldados, a cumplir el tiempo que se les prefine, los más sin armas de fuego. Estos fuertes establecidos para guardar y asegurar la población, que hacen frente así al enemigo, sirven cuando más para dar aviso de su venida, por no ser suficiente su guarnición para salir a hacerle frente, ni impedir que salvándolo y dejándolo atrás pase adelante a las poblaciones descuidadas con la prontitud y celeridad que acostumbra, y logre su tiro, matando, cautivando y robando cuanto encuentra por delante, lo cual hecho, se retira y pone en salvo, de suerte cuando puede acudir el socorro que se envía, es ya tarde y sin efecto alguno”.

El religioso describe con detalle las precarias condiciones en las cuales, los funcionarios coloniales, ponían gente para defender las tierras que se habían tomado. En esos fuertes había pocos soldados y, muchas veces, cumplían allí servicios campesinos que dejan sus lugares para estar en los fuertes por una muy mala paga. Eran habituales las quejas por falta de pertrechos y alimentos.

En lo que hace al río Ctalamochita, se dieron varias excursiones de abipones y mocovíes. En Cruz Alta, durante el año 1726, se fundó un fuerte. Si bien el establecimiento fue erigido de manera preventiva, no pudo impedir un gran enfrentamiento interétnico que se produjo poco después. En el siglo XVIII se produjeron otros conflictos que hicieron que muchos pobladores de Cruz Alta se desplazaran a Fraile Muerto, paraje que no quedó exento de nuevos enfrentamientos. Esta problemática hizo que las autoridades mandaran a construir trincheras en Cruz Alta y Fraile Muerto. Posteriormente, quizás en 1780, se fundó el fuerte del Saladillo.

Subiendo el Ctalamochita,  se encontraba el fuerte de Mazangano, en las inmediaciones de la actual localidad de Pampayasta. Se desconoce la fecha de su fundación, pero sí se cuenta con una descripción realizada por el padre Martín Dobrizzhofferr, quien escribió: “Yo había oído hablar y ponderar ese fortín de Masangani(sic) como una fortaleza, y me la imaginé provista de guarniciones de soldados, torres con cañones, trincheras, muros y fosas. Pero ¡cuán equivocado estaba!… Me encontré  con que Mazangani(sic) era un cuadrado de no más de cuarenta pies, rodeado de troncos y ramas espinosas, a su costado hay una choza con techo de paja, construido pobremente de barro y madera, habitada por un mísero hombrecillo que hace las veces allí de gobernador, vigía y guardia, llamado, en lengua vulgar, “mangrullero”. En medio del área han colocado un alto árbol para observar desde él cualquier bárbaro que amenace en la planicie circundante. Tanto para atemorizar a estos como para avisar a los vecinos de su llegada, detona un fusil. ¡Ah, la verdadera imagen de aquella horrible fortaleza!”.

En las cercanías de este fuerte, en 1744, a plena luz del día, las carretas de Pedro Ortega fueron atacadas. Los 20 hombres que estaban en el fuerte de Masangano solo pudieron observar sin poder hacer nada para evitar lo sucedido. Existe el registro de otros enfrentamientos interétnicos en las inmediaciones de este fuerte.

Con los conquistadores llegaron nuevos conceptos, como el de propiedad privada de la tierra. Se fue tomando territorio, lo que produjo conflictos, y se llamó enemigos bárbaros a quienes pertenecían a las etnias que anteriormente vivían en estas tierras. Todo en nombre de “la cultura” que estaba basada en una necesidad de lucro. Quienes eran mandados a cuidar la población en los lugares más conflictivos de esa denominada “frontera” eran miembros de clases más pobres. Y su trabajo lo hacían en condiciones de total precariedad.

*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Fuente: www.eldiariocba.com.ar