Juan José Hernández Arregui: “Soy Peronista porque soy Marxista”

 Nació en Pergamino, Provincia de Buenos Aires, el 29 de octubre de 1912. En su adolescencia, militó en el radicalismo de la provincia de Córdoba y se acercó al marxismo estudiando Filosofía y Letras en la Universidad local.
Recibió en 1944 el título de Doctor en Filosofía con la más alta distinción: medalla de oro y diploma de honor. Sus convicciones nacionales se reforzaron con la lectura de los cuadernos de FORJA que recibía desde Buenos Aires y su antiimperialismo se nutrió con los escritos de Raúl Scalabrini Ortiz.
A fines de 1945, se definió en contra de la Unión Democrática.
En las elecciones del 24 de febrero de 1946 partió el voto entre el candidato radical a gobernador -Amadeo Sabattini- y a Perón para presidente. El 10 de febrero de 1947, renunció al Partido Radical y se definió a favor del peronismo.
En esa época, se trasladó junto a su esposa a Buenos Aires.
Durante el gobierno de Perón desempeñó distintas actividades, aunque fue víctima del maccarthysmo. Su adhesión al peronismo, según él mismo lo define, se produce en razón de su marxismo.
En 1951, desde Radio del Estado, desarrolló un programa de charlas sobre literatura y filosofía, en las cuales formuló hondas críticas a los intelectuales del sistema oligárquico, Borges y Victoria Ocampo, entre otros.
El golpe militar del 16 de septiembre de 1955, le quitó sus cátedras, como así también el programa radial. Se sumó a la “Resistencia Peronista” y cayó detenido en varias oportunidades. La maquinaria de difusión del sistema lo discriminó, aislándolo de publicaciones, revistas, televisión y radio. Él mismo debió costear la impresión de sus libros. Sin embargo desde esta marginación, lanzó sus obras, que constituyeron críticas implacables a la cultura e ideologías dominantes.
En octubre de 1957 apareció “Imperialismo y cultura”, una obra clave en la historia de las ideas en la Argentina.
A pesar del silencio que cae sobre el libro, en el campo de la militancia popular es devorado con entusiasmo, considerándose con certeza como una de las críticas más profundas a la intelectualidad dominante.
Por entonces, Hernández Arregui se definió como un militante de la izquierda nacional interna al peronismo o como acostumbraba a señalar: “Soy peronista porque soy marxista”.
Esta conjunción de la teoría revolucionaria con las masas trabajadoras de la Argentina identificadas con el peronismo, lo tornó un intelectual peligroso para el orden conservador.
En 1960, publicó “La formación de la conciencia nacional” con el propósito de contribuir al esclarecimiento de la cuestión nacional, analizando el pensamiento de la clase dominante.
En 1962, su prédica tenaz y contundente, lo condujo a sufrir quince días de prisión. Poco después, aparece un nuevo libro suyo “¿Qué es el ser nacional?”, donde aborda la cuestión nacional desde una óptica latinoamericana. También por entonces, prologó un libro de Ricardo Carpani, a quien conceptuó como uno de los mejores artistas plásticos de la Patria Grande.
En 1964, junto a Alberto Belloni, Ricardo Carpani, Rodolfo Ortega Peña, Eduardo Duhalde, Rubén Bornitk, Rubén Borrelo y Oscar Balestieri, constituye el grupo “Condor”, cuyo manifiesto redactó el mismo.
Allí, desde el marxismo planteó la necesidad de una revolución nacional dirigida por la clase trabajadora.
El General Perón, desde el exilio, sostuvo en 1969 que “ningún argentino debe dejar de leer los libros de Hernández Arregui”. Por entonces, publicó “Nacionalismo y Liberación”, insistiendo en luchar para quebrar la dependencia.
En 1971, lanzó su último libro “Peronismo y Socialismo” donde plantea la necesidad de que el peronismo se desembarace de sus elementos retardatarios – tanto la burocracia gremial, como los políticos conciliadores – “para transformarse en revolucionario, ideológicamente radicalizado, con una vanguardia aguerrida, íntimamente ligado a los sindicatos combativos, levantando banderas antiimperialistas y socialistas”.
Este libro es silenciado.
Sin embargo algunos enemigos consideran que debe irse y que es necesario acallar su voz.
El 14 de noviembre de 1972 dos kilogramos de gelinita estallan en su departamento de la calle Guise 2064. Hernández Arregui salvó su vida por encontrarse en ese momento en una habitación interior, pero su esposa es internada con esquirlas en todo el cuerpo.
Producido el triunfo popular del 11 de marzo de 1973, el interventor en la Universidad de Buenos Aires, Rodolfo Puiggrós le otorga el único reconocimiento que recibe, profesor emérito, el 17 de julio de 1973.
Poco más tarde, en medio de la conflictiva situación política de un peronismo en gravísima crisis, publicó la revista: Peronismo y Socialismo, manteniendo inalterable su posición de izquierda nacional dentro del justicialismo. En esa época se reeditan algunos de sus libros.
Producida la muerte de Perón -1º de julio de 1974- apareció el segundo número de la revista, en agosto, bajo el nombre de “Peronismo y Liberación”.
Desatada la represión de la Triple A contra el campo popular, recibe amenazas de muerte. Su nombre aparece en una lista de condenados, en cuarto lugar, detrás de Atilio López, Julio Troxler y Rubén Sosa.
El 16 de septiembre fue asesinado López, el 20 fue secuestrado y acribillado Troxler. Arregui decidió viajar a Mar del Plata para poner sobre aviso al tercero de la lista: Rubén Sosa. Pero el 22 de septiembre de 1974, encontrándose en esa ciudad, sufrió un síncope que lo aniquiló en instantes.
Así murió uno de los pensadores más profundos que tuvo la Argentina en el Siglo XX.
Queda en el recuerdo la carta que le envió el Líder desde Madrid, el 20 de agosto de 1963, al recibir un ejemplar de su obra “¿Qué es el ser nacional?” y adónde en uno de sus párrafos puede leerse: “He leído sus anteriores obras ‘Imperialismo y Cultura’ y ‘La Formación de la Conciencia Nacional’, que representan dos jalones de la cultura sociológica argentina, hasta entonces servida en su mayoría por vendepatrias y cipayos. Le considero a Usted el mejor escritor argentino de la actualidad (…) Muchas gracias por todo. Le ruego que acepte, con mi admiración y el saludo más afectuoso, un gran abrazo: Juan Perón”.
Fuente: Roberto Baschetti; El Ortiba