Memoria: Indispensable a la hora de evaluar lo democrático

Por Jesús Chirino*

Aunque los jerarcas de la dictadura cometieron los crímenes más horrendos y fueron condenados por la Justicia, sigue habiendo quienes defienden a esos genocidas. Son las mismas personas que les prometen sacarlos de la cárcel cuando lleguen al poder mediante algo que nunca respetaron, la opinión expresada en votos.

Esta es una razón para seguir trabajando con la memoria y la verdad histórica, para que no saltemos al pasado más horrible. Aquí, el caso de cuatro mujeres embarazadas asesinadas.

Prácticas horrorosas

El terrorismo de Estado durante la última dictadura cometió los crímenes más horrendos: desapariciones forzadas, secuestros, torturas, asesinatos, delitos sexuales. Los genocidas arrojaron personas vivas al mar, mantuvieron con vida a mujeres embarazadas hasta dar a luz para quedarse con sus bebés y luego asesinarlas. También acribillaron a embarazadas, algunas con panzas incipientes, como los casos de Dora Elena Vargas, Olga Liliana Vaccarini e Hilda Margarita Farías. Y otras con panzas más notorias, como Liliana Beatriz Girardi, embarazada de seis meses.

En estos días se dieron por concluidos cuatro casos de búsqueda de hijos de detenidos desaparecidos durante la última dictadura. La información la hizo conocer Abuelas de Plaza de Mayo. A diferencia de otras veces no hubo celebración, pues el resultado de la búsqueda fue la certeza de que cuatro mujeres embarazadas fueron asesinadas antes de dar a luz. La investigación se desarrolló cotejando informaciones generadas por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) y el Poder Judicial.

Aún hay quienes ocultan datos

En los 46 años de búsqueda que llevan Abuelas y quienes colaboran en esa lucha para lograr restituir las identidades robadas por el gobierno dictatorial, se han sumado 137 casos resueltos. De ese total, 15 han sido de  mujeres asesinadas antes de dar a luz.

Aun después de 40 años de terminada la dictadura, quienes tienen información acerca de la desaparición de personas, siguen callando. Como también hay quienes militan la defensa del horror dictatorial, organizan charlas para justificar ese tipo de acciones a la vez que prometen la libertad a los genocidas. Pero también hay quienes continúan con  el gigantesco esfuerzo para dar con la verdad. Es así que estas cuatro mujeres fueron identificadas  gracias a investigaciones documentales, exhumación de fosas comunes, comparación de huellas dactiloscópicas y decadactilares, entre otras pericias realizadas por diversas instituciones y organismos que trabajan para reconstruir lo que ocurrió con las víctimas de la dictadura.

Las mujeres embarazadas asesinadas

Los restos de Liliana Vaccarini, Hilda Margarita Farías y Liliana Beatriz Girardi fueron identificados por el EAAF en 2022, 2019 y 2012, respectivamente. El caso de Dora Elena Vargas, fue más complejo, puesto que no fue a través de restos óseos, sino de pericias en las que el cruce de datos de archivos, prontuarios policiales y datos de contexto permitieron concluir que su muerte se produjo antes de la fecha probable de parto. Los tiempos de los trámites judiciales, más el impacto emocional que significa para las familias afrontar la noticia sobre el destino final de sus seres queridos, hacen que todo este proceso haya tomado años.

Olga Vaccarini y su compañero Gustavo Adrián Rodríguez militaban en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). A él sus compañeros lo llamaban “Matías” y a ella “Marlene”. Los secuestraron, el 16 de mayo de 1977, a Gustavo, mientras se encontraba internado en el Hospital Ferroviario de Rosario y, un rato más tarde, a Olga en la misma ciudad, en la casa de su suegra. Con 22 años de edad, la mujer estaba embarazada de tres meses. Por testimonios se supo que Gustavo permaneció detenido en el centro clandestino “La Calamita”, en la localidad de Granadero Baigorria. De ella no se supo más nada.

En mayo de 2022, el EAAF confirmó que pertenecían a Olga algunos de restos óseos recuperados del cementerio de La Piedad en Rosario. Había sido asesinada antes de dar a luz.

Hilda Margarita Farías y Luis Fernando Uncal  vivían en Berisso. Hilda tenía 23 años y estaba recientemente embarazada. Militaba en la unidad básica “Antonio Quispe” de Villa Argüello e integraba la organización Montoneros. Además, estudiaba la carrera de Asistente Social en Cáritas y trabajaba en una clínica en la ciudad de La Plata. El 20 de diciembre de 1976 fue secuestrada en la vía pública, junto a una compañera de militancia apodada “Gabriela”. Años después, Luis Uncal declaró ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) que Hilda podría estar embarazada al momento de su detención, ya que estaban haciendo un tratamiento para ser padres. Dos días antes de su desaparición, Hilda llamó a una amiga -ajena al ámbito de la militancia-, para decirle que la quería ver porque tenía algo muy importante para contarle, pero nunca pudieron encontrarse.

En diciembre de 2019, la CONADI tomó conocimiento de que los restos de Hilda habían sido inhumados como NN el 3 de febrero de 1977 en el cementerio Municipal de San Martín, y como causa de muerte se consignaba disparos de arma de fuego. El EAAF informó que el hallazgo y posterior exhumación refería a un hecho ocurrido el 3 de febrero de 1977, que apareció publicado en la prensa, sobre un supuesto enfrentamiento en la localidad de Ciudadela, en el que murieron cuatro hombres y tres mujeres. Se confirmó así que Hilda “la Flaca” Farías fue asesinada y su posible embarazo no llegó a término.

Liliana Beatriz Girardi, a quien llamaban “Flaca” o “Pochi”, formó pareja con Alberto Scapuzzi. Ambos militaban en el PRT-ERP. Fue secuestrada el 6 de agosto de 1976 en su domicilio de la ciudad de Rosario. Entonces contaba con 20 años de edad y estaba embarazada de cuatro a seis meses. Se sabe que permaneció detenida en el centro clandestino “Quinta de Fisherton”.

En mayo de 2012, cuando sus restos fueron identificados, por la fecha de inhumación, pudo saberse que fue asesinada antes de dar a luz. Alberto falleció al año siguiente de la identificación en Venado Tuerto, Santa Fe, sabiendo que el embarazo no llegó a término.

Dora Elena Vargas y su compañero Juan Carlos Sofía militaban en Montoneros, formaron pareja, quedando ella embarazada. Con 24 años fue secuestrada, el 12 de noviembre de 1977, en San Francisco Solano. La pareja se vio por última vez en el único control médico que llegaron a hacer por el embarazo. Luego de ese encuentro, Juan Carlos viajó a Lincoln y San Andrés de Giles, en busca de un lugar más tranquilo para la familia. Pero, en esos días, Dora acudió a una “cita cantada” y fue capturada.

Juan Carlos falleció en mayo del presente año. Siempre la buscó y también al hijo o hija que esperaban, hasta que supo que su compañera fue asesinada el día del operativo. De un prontuario judicial se extrajeron las huellas dactilares impresas en una ficha del 12 de noviembre de 1977 (día del secuestro de Dora), enviada por la Comisaría 2da. de Quilmes (Bernal), con intervención del Área Militar 111, debido a la muerte de su titular. Se hicieron las comparaciones pertinentes confirmándose que se trataba de Dora Vargas.

Quizás leer acerca de estos cuatro casos ayude a pensar en la necesidad de tener memoria a la hora de evaluar, incluso con sus defectos, lo democrático. La dictadura cívico, militar y eclesiástica produjo mucho horror, con el objetivo de imponer una organización de lo económico en favor de intereses alejados  de lo popular. Dentro de lo  democrático pueden cometerse  muchos desaciertos, pero no cometer el error de revivir los monstruos del pasado que cometieron estas atrocidades.

*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Fuente: www.eldiariocba.com.ar