Por Jesús Chirino*
En Argentina el nazismo desarrolló una importante actividad. Aquí abordamos algunas características de la propaganda nazi a la cual no le interesa ser contradictoria ni tener objetivos claros, sino apostar al impacto emocional.
De allí que puede hablar de libertad proponiendo el recorte de las posibilidades de elegir a grandes sectores sociales que condena a la marginalidad.
Simulacro de elección
Bajo el gobierno de Adolf Hitler, el 12 de marzo de 1938, tropas militares alemanas invadieron el Estado Federal de Austria siendo anexado, convirtiéndose en una provincia del Reich alemán. El 10 de abril de ese mismo año se realizó un plebiscito para convalidar esa anexión. Se trató de un simulacro en el cual los ciudadanos debían votar marcando en una papeleta que tenía un gran círculo para el “Sí” y uno pequeño para el “No” a la anexión. El voto era marcado y entregado a un oficial de la SS. Tampoco se pudo realizar campaña en contra de la anexión dado que luego de la invasión de las tropas se detuvieron 70 mil opositores. La parodia electoral dio como resultado el 99,73% de los votos por el “Sí”.
La Embajada alemana en Argentina intentó, sin conseguirlo, que ese plebiscito también se realizara en nuestro país. Quien se opuso a esa pretensión alemana fue Roberto M. Ortiz, quien meses antes, el 20 de febrero, había asumido la Presidencia de la Nación. El diario La Prensa venía alertando acerca de “la pretensión alemana de extraterritorialidad”.
El espectáculo del acto nazi en Buenos Aires
Al no poder realizar el plebiscito, la Embajada alemana convocó a un acto por el Día de la Unidad, que se desarrolló, el mismo 10 de abril, en el estadio Luna Park de la ciudad de Buenos Aires. El evento fue muy concurrido, asistieron varios miles de nazis y los registros fotográficos existentes dan muestra del gran marco de público. En la organización del acto colaboraron los nazis austríacos que vivían en Buenos Aires y, entre otros, asistieron alemanes veteranos de guerra, la Juventud Hitleriana, la Alianza de la Juventud Nacionalista.
El estadio plagado con banderas con la cruz esvástica y fanáticos vitoreando al Führer, dio espectacularidad al acto. Desde la conformación del Landesgruppe Argentinien, rama del partido nazi que bregaba por el pan-germanismo y la pureza racial de Alemania y consideraban a Sudamérica como una “tierra de monos”, el nazismo tuvo bastante actividad en el país.
Acto en oposición al nazismo
Pocas veces suele comentarse que mientras se desarrollaba ese acto nazi, en la plaza San Martín de Buenos Aires, los jóvenes de la Federación Universitaria llevaron adelante una movilización en repudio al evento del Luna Park. Cuando terminó el encuentro nazi tuvieron lugar importantes incidentes entre algunos jóvenes de la Federación y los nazis. Como saldo de esos enfrentamientos hubo 57 detenidos, dos muertos, banderas nazis quemadas y la rotura de varias vidrieras de locales de empresas alemanas.
El acto en el Luna Park y los disturbios posteriores dieron mucha visibilidad al nazismo argentino, llamando la atención de las autoridades, así el diputado Dickman presentó un proyecto para la conformación de una comisión que investigara las actividades “antiargentinas”. En tanto, el presidente Ortiz mandó a hacer una investigación de las asociaciones extranjeras existentes en el país. A mediado de 1939 se verificó la existencia de 203 escuelas alemanas, financiadas con aportes privados, que transmitían la cultura nazi. Entonces se emitió un decreto reglamentando el funcionamiento de las asociaciones extranjeras, a la vez que se disolvió el Partido Nacionalsocialista Alemán de la Argentina que contaba con unos 70 mil asociados. El Gobierno Nacional también expulsó dos espías de la Gestapo.
Transmitir sin importar la contradicción
Más allá de los pormenores de las actividades del nazismo en Argentina bien podríamos preguntarnos por qué y de qué manera se hizo propaganda y se publicitaron las ideas nazis para que llegaran de forma efectiva a un sector de la población de nuestro país, es decir, cómo se publicitaron las ideas nazis.
Ante este tipo de interrogantes existen estudios que dan respuestas, señalando que la propaganda desarrollada por la Alemania nazi en Argentina fue poco precisa, sin objetivos concretos, con características proféticas, amenazantes. Incluso se señala que lo dicho se perdía entre gritos de guerra, sin expresar un contenido determinado. Es decir, tenía mayor importancia el tono con el cual se decía que la información que, supuestamente, se quería difundir. Esto permitía que, sin problemas, se manifestaran cuestiones muy contradictorias entre sí o con la situación de vida de quienes receptaban el mensaje. En todo esto estaba la clave de la efectividad que el mensaje nazi tuvo en algunos sectores y causa perplejidad cuando es analizado. En su propaganda no importaba el mensaje, sino las formas. El propio Hitler, con relación al pueblo, sostuvo que “sus opiniones y sus actos son determinados mucho más por la impresión producida en sus sentidos que por la pura reflexión”.
Por eso, en la propaganda totalitaria predomina la imagen a la explicación, lo sensible brutal a lo racional, lo simbólico y elementos de alto impacto para la estimulación de los sentidos, dejando de lado las descripciones o el desarrollo detallado de propuestas o programas. Al respecto, Laura Monacci, en un trabajo en el cual estudia la propaganda nazi, señala: “Bastará a su público solamente con ver la cruz gamada flamear en una bandera o escuchar el tono de voz del Führer para provocar una sensación determinada que transporta todo un corpus de ideas y conceptos a partir de estímulos sin necesidad de explicaciones, coherencia discursiva o veracidad; porque lo cierto, lo real, se maneja en un espectro emotivo y no en un ámbito racional”.
Parece improvisación, pero está ensayado
La misma autora señala que los actos nazis no eran improvisados ni caóticos, por el contrario, se los planificaba y eran manejados de manera minuciosa. El propio Hitler ensayaba durante horas, frente al espejo, su gestualidad. Su tono de voz variaba según debía conmover, excitar o calmar a quien se dirigía. Como si se tratara de una representación teatral, todo calculado para que la escena causara un fuerte impacto psicológico.
La propaganda nazi desarrollada en Argentina en la década del 30 impactó, básicamente, en una parcialidad de los migrantes de origen alemán que no estaban satisfechos con las oportunidades brindadas en este país. Para fines de esa década en Argentina habitaban unas 250 personas germano-parlantes. Si bien el abordaje del tema excede el espacio de esta nota, es claro que la estrategia de propaganda nazi encontró un campo fértil en el desencanto que sintieron algunos inmigrantes, pero también en algunos criollos.
Prometer libertad confinando en la pobreza
En cuanto a la propaganda totalitaria en sí, el repaso de algunas de sus características permite entender cómo se estructuran algunos mensajes que carecen de racionalidad y son contradictorios entre sí. En notas anteriores hablamos del particular concepto de libertad promovido por la última dictadura argentina que encarcelaba, torturaba, robaba bebés, desaparecía personas y derogaba derechos laborales cuyo ejercicio permite ciertas libertades.
La estructura de la propaganda totalitaria les permite, a esos sectores, hablar como si fueran rebeldes a la injusticia social existente, cuando en realidad promueven la profundización de esa realidad. Más allá de la existencia del nazismo, en la actualidad, los recursos descritos son utilizados para la difusión de propuestas políticas que poco tienen de democráticas.
*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTAA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Fuente: www.eldiariocba.com.ar