Por Jesús Chirino*
El historiador Osvaldo Bayer, quien varias veces visitó Villa María, no solo escribió acerca de la matanza de trabajadores en la Patagonia y otras crueldades, también fue guionista de la película documental “Fútbol argentino” (1990), dirigida por Víctor Dínenzon, cuyo guion, retocado y ampliado, fue editado como libro con prólogo de Osvaldo Soriano, gran amigo de Bayer.
Aquí hablo de esa obra e invité a Adrián Jaime a que recuerde al querido Osvaldo.
Fútbol en su contexto histórico y sociológico
El gran escritor Soriano, reconocido hincha de San Lorenzo, en el prólogo recuerda que “Albert Camus, arquero en Argel, autor de “La peste” y “El extranjero”, decía que el fútbol le había enseñado todo lo que creía saber de la vida. Es posible; aunque parezca exagerado, en un rectángulo de césped, los hombres escenifican siempre el imprevisible drama de la vida”. En el libro, “Bayer habla de eso y una cuántas cosas más”. Cuenta los orígenes socialista y anarquista de los clubes argentinos de fútbol, luego de que los ingleses trajeron este deporte. Al principio, los partidarios de esas dos ideologías rechazaron el fútbol, “Misa y pelota: la peor droga para los pueblos”, repetían los anarquistas. Luego cambiaron de posición al ver que el deporte era adquirido por los sectores populares. El fútbol, “un juego capitalista porque se requiere rendimiento, afán de ganar, de ser superior. Un juego socialista porque necesita del esfuerzo de todo el equipo, la ayuda mutua para obtener el triunfo, que es una vida mejor. El gol es de todos cuando todos trabajamos para él. El sueño, la esperanza, el gol. El gol es la felicidad. Pero también es el miedo. El miedo del arquero ante el penal, el fracaso, la derrota. Lo imprevisto. Todo demasiado humano. La vida”, escribió Bayer.
En el libro se cuenta desde aquel 20 de junio de 1867, cuando se jugó el primer partido “en el elegante Buenos Aires Cricket CLub”, y “Thomas Hogg publicó un aviso en el diario inglés local en el que invitaba a jugar el fútbol y fundar el Buenos Aires Football Club. El día del partido, varios asistentes no se animaron a los pantalones cortos, por las damas presentes”. La obra luego transita por el nacimiento de los primeros clubes, con sus nombres en inglés y la discriminación de los argentinos, que entonces comienzan a fundar sus propias organizaciones. El cambio de la costumbre de los ingleses que tomaban té en el entretiempo y los argentinos se hacían mate cocido. Bayer escribe que “el fútbol criollo nace como el tango, en los arrabales”. Agrega: “En cada barrio nacía uno o dos clubes. Se los llamaba ahora Club Social y Deportivo, que en un buen porteño significaba ‘milonga y fútbol’”. Avanza narrando momentos claves del deporte y su entorno, hasta 1986.
Si bien Bayer era un entusiasta “canalla”, hincha de Rosario Central, se fue alejando del fútbol. Pensaba que “todo es negocio”, siempre mantuvo una mirada optimista en cuanto a la llegada de un nuevo fútbol con el espíritu que supo tener. “Fútbol argentino” es un libro que no solo deben leer quienes gustan de este deporte, sino también aquellas personas que se interesan por la historia o la sociología. Bayer hizo una historia del fútbol metido “en la vida real”.
OSSI (Osvaldo Bayer)
Escribe Adrián Jaime: (director y productor de cine y televisión. Entre sus títulos de cine documental se cuentan obras como: “Tosco, grito de piedra”; “Victoria”; “Los perros”; “Quémenlos”; “La misión Argentina” y “Tosco”. Acompañó a Bayer en una de sus visitas a Villa María).
Era un trotamundos al que crucé para cuando, ya por entonces, él le había dado varias vueltas caminando, de cabo a rabo. Su acción era constante desde tiempos inmemoriales. Acá, allá, de día, de noche, con varios, con organizaciones libres del pueblo de toda índole, con multitudes, o en la soledad del “Tugurio” junto a su máquina de escribir (el cable a tierra de su matrix), donde metía mano a la escritura con la cual daba cuerpo y voz a una necesidad, a un derecho.
Osvaldo esparció la historia oral como arma, como pluma, y la cargaba de recuerdos. Cual actor de las obras de Bartís, su cuerpo narraba sin emitir palabra alguna. Ritmo, templanza y temperaturas emotivas conjugaban en su andar. Llevaba más de medio siglo caminando sin parar. Pregonando. Era una roca cada vez mayor girando por la pendiente. Al peso de las historias que reiteraba en detalles siempre apasionantes durante sus exposiciones ante cualquier grupo que se juntaba en su derredor, le daba carnadura a personajes inolvidables, heroicos, crueles, violentados, asesinados, idealistas o traidores. Se podía sentir en sus textos la enorme carga en la mochila que llevaba como escritor. Tuvo una fidelidad extrema con sus grandes amigos, compañeros y colegas como Rodolfo Walsh, a quien le rindió tributo, honor y gloria.
El tiempo pasado sobre sus hombros le impedía descansar profundamente. Domaba el sueño. Lo acompañé muchas veces; en la Patagonia, cuando fuimos tras el cuchillo de Facón Grande, a las tumbas de los peones rurales, en las cátedras de UBA, en Rosario, presentando libros, o en el sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba tras los intentos privatistas de los años 90. Tramamos y bocetamos una obra cinematográfica sobre las prostitutas de San Julián con Cristina Banegas como madama. Nos quedó en el tintero con final abierto.
Osvaldo era en sí mismo una fuente viva del anarquismo libertario, un reivindicador del sindicalismo de liberación, de las huelgas y la lucha de calle. Erigió monumentos simbólicos retratando la lucha de los pueblos originarios, abrió las tumbas de los fusilados del año 20, enarboló sus banderas, rompió el silencio y reparó en el dolor de la peonada. Todo lo que vino después con las dictaduras, la cárcel, amenazas, quemas, la prohibición y las desapariciones de compatriotas lo padeció y desde el exilio martilló las bolas del poder.
Sus recuerdos siempre florecen por todos los senderos de la memoria histórica de nuestro país. Los artífices de sus relatos son personajes para abrazar y no soltarlos jamás. Como buen predicador, era cultor del humanismo, destacaba a dirigentes como el Gringo Agustín Tosco. Adoraba aquellos que se jugaban enteros por los derechos laborales y sociales. ¡Por la Libertad!
Osvaldo anduvo por el país y el extranjero despertando la atención de los lectores que no estaban distraídos de la realidad de sus compatriotas. Al final se instaló en el “Tugurio” a combatir sus últimos años, cuando decidió quedarse en Argentina, cavar su trinchera, allí, en su barrio de siempre o a donde la alfombra mágica de la militancia lo llevara.
A pie juntillas, acompañó a todas las “grupas” de todos los signos políticos, creando una cintura política ágil que siempre le permitió mantener abiertos los puentes por donde avanzar en el derrotero de su prédica. No guardó su opinión bajo la almohada nunca. Sus propias historias y reflexiones sobre el pasado las fue enlazando a caballo de una realidad nacional siempre jodida, y cada vez que tenía a tiro atacaba las injusticias reveladas, o algún opresor pisoteando derechos. Así, gracias a sus relatos, los fantasmas de la Patagonia fusilados en las estancias inglesas del sur pueblan las luchas de los trabajadores de la actualidad; y en las pesadillas de los gobernantes acomodaticios…, las prostitutas de San Julián corren a los milicos con escobas.
Para ser más preciso y certero, con dos plumazos, Osvaldo lograba estimular, interpelar y despabilar emocionalmente a su lector. Él era un continuador de la trashumancia política, predicaba anécdotas de vida, recuerdos de otras épocas, lecturas cándidas o trágicas de la historia. Conversaciones del pasado iban y venían en sus encuentros magistrales. No hubo lugar donde su huella cansina y constante no dejara adeptos, seguidores, despertares. Osvaldo deambula por el alma de todos aquellos que aman el país que tenemos y que deseamos verlo florecer sin genocidios, sin injusticias y sin niños con hambre. Osvaldo Bayer es un hijo del Pueblo, el mejor entre los nuestros. Su recuerdo es cuerpo, es memoria, es voz, es un acto de justicia.
*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Fuente: www.eldiariocba.com.ar