“Pancho” Ramírez: “El supremo entrerriano”

El 10 de julio de 1821 es muerto “Pancho” Ramírez, a quien le cortan la cabeza y la exhiben en Santa Fe.Nacido en la actual Concepción del Uruguay en 1786, Francisco Ramírez se unió tempranamente a las ideas emancipadoras de la Revolución de Mayo. Su fervor patriótico lo llevó a luchar incansablemente contra realistas y portugueses.

Gran defensor del federalismo artiguista, Ramírez fue designado por el caudillo oriental como comandante de su ciudad natal. Desde allí colaboró en la campaña libertadora y consolidó el movimiento autonomista.

Tras la caída del Directorio en 1820, Ramírez se alzó como la figura máxima del Litoral. Creó la efímera República de Entre Ríos e hizo gala de su talento político y militar en los años de anarquía federal.

Pero las disputas internas sellaron su destino. Aunque triunfó en Cepeda sobre los unitarios, enfrentó luego a su antiguo aliado Artigas. Y el 26 de mayo de 1821 sufrió un golpe mortal de las tropas santafesinas de Estanislao López, su antiguo aliado.

Su legado federal forjó la identidad regional. Y su muerte en un paraje cordobés lo erigió en leyenda, como el audaz luchador que supo encarnar los ideales emancipadores desde las filas del pueblo entrerriano. Su compañera Delfina lo acompañó hasta el fatídico final.

La pasión por la libertad y la justicia convirtieron a este patriota en precursor de la nacionalidad argentina. Su figura queda inmortalizada entre los próceres forjadores de la independencia.

La denuncia de Artigas

Nos parece oportuno recordar que Artigas, traicionado por Ramírez, unos meses antes, en abril de 1820, le envía una carta recriminándole su conducta.
El gobierno del Director Supremo Rondeau es derrotado por las fuerzas artiguistas en la batalla de Cepeda a principios de febrero de 1820 y se produce algo que espanta a la burguesía comercial porteña: la gente de Ramírez y de López entra a la ciudad, atan los caballos a la Pirámide de Mayo y suben al Cabildo a conversar con el jefe derrotado. Mientras esto sucede, las fuerzas artiguistas son derrotadas en Tacuarembó por los portugueses.
Los jefes montoneros negocian en Buenos Aires con los directores derrotados. Estos los seducen y apelando a la vocación conciliadora del litoral –atado en Buenos Aires por su vocación económica exportadora- logran la firma del Tratado del Pilar.
López y Ramírez, lugartenientes de Artigas, celebran el acuerdo sin informar al Protector. Artigas -abandonado una vez más- lo acusa a Ramirez de traición, de entregarse a los pueyrredonistas.
“El objeto y los fines de la Convención del Pilar celebrada por vuestra señoría sin mi autorización ni conocimiento, no han sido otros que confabularse con los enemigos de los pueblos libres para destruir su obra y atacar al jefe supremo que ellos se han dado para que los protegiese; y esto es sin hacer mérito de muchos otros pormenores maliciosos que contienen las cláusulas de esa inicua convención y que prueban la apostasía y la traición de vuestra señoría.
“Al ver este atentado no he podido vacilar y he corrido a salvar al provincia entrerriana de la influencia ominosa de vuestra señoría y de la facción directorial entronizada en Buenos Aires, que ya la destinan a entregarla también al yugo portugués; y yo lo he hecho no sólo porque así me lo imponen los altos deberes del puesto que me han dado los pueblos, sino en resguardo de la Banda Oriental, cuya ruina quedaría consumada si yo permitiese que vuestra señoría y aquella infame facción de legistas entregaran al enemigo la costa entrerriana.
“Vuestra señoría no puede negarme las pruebas de su arrepentimiento por haberse mostrado tan indigno de la confianza que le hicieron los pueblos libres y tan ingrato de los beneficios que ha recibido de su protector… Vuestra señoría debe ver que con su conducta audaz e imprudente provoca mi justicia y la autoridad que ejerzo como jefe supremo y protector; pues por mis antecedentes y la amplísima confianza que los pueblos han depositado en mí, no puedo excusarme de pedirle cuentas, y de prevenirle que si no retrocede en el camino criminal que ha tomado, me veré obligado a usar de la fuerza, pues yo también tengo que arrepentirme de haber elegido a vuestra señoría y de haberlo propuesto el amor de los pueblos libres para que hoy tanga los medios de traicionarnos. Estando íntimamente interesado en que estos pueblos no se anarquicen y caigan en manos del portugués, resolví pasarme a Entre Ríos…
“Vuestra señoría ha tenido la insolente altivez de detener en la Bajada los fusiles que remití a Corrientes. Este acto injustificable es propio solamente de aquel que habiéndose entregado en cuerpo y alma a la facción de los pueyrredonistas, procura ahora privar de sus armas a los pueblos libres para que no puedan defenderse del portugués. Esta es una de las pruebas más claras de la traición de vuestra señoría y de la perversidad que se ocultaba en la Convención del Pilar; y no es menor crimen haber hecho ese vil tratado sin haber obligado a Buenos Aires a que declarase la guerra a Portugal y entregase fuerzas suficientes para que el jefe supremo y Protector de los Pueblos Libres pudiese llevar a cabo esa guerra y arrojar del país al enemigo aborrecido que trata de conquistarlo. Esa es la peor y más horrorosa de las traiciones de vuestra señoría”.
José Gervasio Artigas
Fuente: Norberto Galasso, Artigas y las masas populares en la Revolución, Cuadernos para la otra historia, Centro Cultural “Enrique Santos Discépolo”, año 2000; www.elhistoriador.com.ar; Pensamiento Discepoleano