Salinas vuelve al banquillo

Por Valentina Díaz y Brisa Heredia

Miguel Ángel Salinas, condenado como co autor de la masacre del Banco Popular Financiero en 1987, será juzgado en octubre en la denominada causa Gutiérrez, que abarca los delitos de lesa humanidad cometidos en el sur de la provincia durante el terrorismo de Estado.

Abril de 1975. Sergio Cretton tenía 16 años y estaba detenido en la Unidad Regional del Sud, en Río Cuarto. Hacía horas que dos policías lo interrogaban: Miguel Ángel Salinas le pegaba mientras Miguel “El Gato” Gómez le hacía preguntas.

Cuando el interrogatorio parecía haber terminado, Gómez miró a Salinas y le dio la orden:

– Matálo.

Salinas sacó una pistola y gatilló dos veces sobre la cabeza de Cretton.

El arma estaba descargada.

Cincuenta años después, aquel episodio sale a la luz porque el mismo policía que simuló la ejecución de un adolescente en los años 70 es uno de los imputados de la denominada “Causa Gutiérrez”, el proceso judicial que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos en Río Cuarto y el sur de la provincia de Córdoba y que será llevada a juicio oral y público el próximo 20 de octubre.

Lo asombroso es que Salinas es también el mismo policía que doce años después del apriete a Cretton, en 1987, asesinó a seis trabajadores bancarios que debía proteger, en lo que se conoció como “la masacre del Banco Popular Financiero”, el hecho policial más dramático de la historia de Río Cuarto.

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En 1974, Miguel Ángel Salinas fue incorporado al Taller Regional de Aeronáutica para hacer el servicio militar obligatorio. Durante los 426 días que permaneció allí, cumplió funciones de guardia. Tenía 22 años y arrastraba la fama que había forjado en el barrio: impulsivo, conflictivo y difícil de controlar. Sus compañeros lo recuerdan como un joven problemático, acostumbrado a desafiar la autoridad. Discutía con sus superiores, acumulaba arrestos y asumía la culpa de las travesuras del grupo, recuerda Lionel Gioda en su libro “Banco Chico, Infierno Grande” (UniRío, 2021).

En 1975, recomendado por un superior, se incorporó a la Policía de Córdoba. “Ingresé a la Policía el 1 de septiembre de 1975. Como ingresante, novato, se me dio funciones en el puesto de guardia y luego salía a efectuar rondas caminando en dupla dentro de un radio de calles previamente asignado y regresábamos a la guardia”, dijo en la escueta declaración que quedó asentada en la causa Gutiérrez.

Hay testimonios que ponen en duda esa cronología. El propio Cretton lo contradice: “Era abril de 1975, yo tenía 16 años y me habían echado del Liceo Militar, en Córdoba, por dejar a la vista papeles vinculados al comunismo. Me echaron por subversivo”, recuerda. Lo tuvieron una semana incomunicado antes de regresar a Río Cuarto, donde vivían sus padres, que sí eran comunistas.

– ¿Qué recuerda de ese día?

– Al día siguiente de volver, allanaron mi casa. Entraron vestidos de policía Miguel “El Gato” Gómez y Miguel Ángel Salinas. Todavía estábamos en democracia. Me llevaron a la comisaría, la que está acá, en la calle Belgrano, en el centro.

Sergio Cretton está sentado y apoya sus codos en la mesita del bar “El Poblado”, en la esquina de Sobremonte y La Rioja. Es jubilado, pero sigue ejerciendo su profesión de electricista. Canoso, con arrugas en los extremos de sus ojos, vuelve la mirada medio siglo atrás.

– ¿Qué le preguntaban en la comisaría? ¿Qué querían saber?

– El “Gato” Gómez me preguntaba sobre los amigos de mi papá, nombraba personas que conocía. Yo solo afirmaba o negaba. Salinas me pegaba y el Gato hacía las preguntas. Me tuvieron incomunicado hasta las siete de la mañana. Luego de horas encerrado el Gato, sentado en el escritorio, le dijo a Salinas que yo no sabía nada y le dio la orden que nunca olvidaré: “matálo”.

Cretton junta sus manos y mira alternativamente a las personas de las mesas del frente y los costados. “Salinas saca la pistola, me gatilla dos veces en la cabeza. El arma estaba descargada”, revive el momento. Desde entonces las armas le infunden terror. Nunca pudo borrar esa secuencia de su mente.

Cretton no fue la única víctima de Salinas durante el terrorismo de Estado. En la causa Gutiérrez, otras cuatro víctimas pronunciaron su nombre: Stella Maris Grafeuille, Patricia Clara Ghiglione, Rosana Mugetti y Juan Carlos Gentile.

La declaración de Stella Maris refiere el primer hecho en el que Salinas es mencionado como imputado en la requisitoria fiscal de elevación a juicio. El 22 de agosto de 1975 un grupo de policías vestidos de civil, autodenominados “Comando Juan XXIII”, entre los cuales se encontraban Gómez y Salinas, ingresaron al domicilio de Stella Maris. Como no la encontraron, le apuntaron con un arma en la cabeza a su hermano, que tenía 15 años, para que les dijera dónde estaba. Se llevaron a su hermana Ofelia del Carmen, de 21 años, que los guio al bar San Marcos, ubicado dentro de una galería ubicada frente a la plaza Roca.

Gómez y Salinas trasladaron a Stella Maris a la Unidad Regional Sud, donde le pusieron una capucha y la encerraron en una oficina. La golpearon en todo el cuerpo, en especial al estómago y la cabeza mientras le gritaban y amenazaban con abusarla sexualmente. Los fiscales sostienen que “Miguel Ángel Gómez, Juan Carlos Nieto, Daniel Di Santo y Miguel Ángel Salinas, además de personal policial que no ha podido ser identificado al momento, sometieron a GRAFEUILLE mediante la fuerza, a constantes manoseos de significación sexual y amenazas de violación mientras era colocada desnuda sobre una mesa.”

Por este y otros delitos Salinas está acusado de privación ilegítima de la libertad agravada, imposición de tormentos agravados y abuso deshonesto.

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Durante décadas, Salinas fue recordado en Río Cuarto por su participación en la masacre del Banco Popular Financiero. Hasta que a principio de año, alguien le comentó al periodista Guillermo Geremía que el Salinas de la causa Gutiérrez era el mismo de la masacre. “¿Vos sabías que hay un nombre que es homónimo del autor de la masacre del Banco Popular Financiero y se sospecha que es el mismo?”, le comentaron.

Geremía revisó la requisitoria de elevación a juicio y constató que había coincidencias sorprendentes: mismo nombre, mismo número de DNI y mismo oficio. Hizo algunas consultas y concluyó que efectivamente se trataba de la misma persona. La noticia fue difundida al aire en su programa “Así son las cosas”, en Radio Gospel.

Entre quienes escucharon la primicia estaba Sergio Cretton, que hasta entonces no le había contado a nadie su temprano encuentro con Salinas. Y entonces recordó al aire su segundo encuentro con el represor, nada menos que en el Banco Popular Financiero.

La dictadura militar había terminado y el radicalismo gobernaba la provincia y la mayoría de los municipios del país, entre ellos el de Río Cuarto. Salinas, todavía policía, hacía adicionales cuando Sergio ingresó a trabajar al Banco Popular Financiero. A dos días de ingresar, un compañero lo invitó a tomar un café en la cocina. Cuando entró, vio a Salinas apoyado sobre una mesada.

– ¿Te acordás de mí? -, le dijo con la comisura de sus labios levantadas, que dibujaban una sonrisa irónica o nerviosa.

Cretton dio media vuelta y volvió a su puesto de trabajo. “No me animaba a mirarlo a la cara”, admite hoy, cuarenta años después.

Coincidieron en partidos de fútbol organizados por los empleados bancarios. “Siempre se peleaba con alguien. Iba armado. Tenía la pistola en el bolso”, recuerda Cretton.

Roberto Denner, gerente del banco, había conocido a Salinas mucho tiempo antes, cuando fueron compañeros de natación. De nada le sirvió cuando Salinas y otro policía, Francisco “Pancho” Nievas, dispararon a quemarropa a la cabeza de los bancarios que previamente habían maniatado en el piso.

El 16 de septiembre de 1987, José Rubén Bianco, Ángel Angellini, Alejandro Ángel Muzzio, Víctor Meynet y Ricardo Ferreira fueron asesinados durante el extraño robo al Banco Popular Financiero. Jorge Ricardo Garay agonizó durante 45 días.

Roberto Denner fue el único sobreviviente.

Las hijas de Garay y Denner, Vanesa y Cecilia, vuelven una y otra vez a ese día fatídico, como si revivieran una película de terror. Cecilia Denner tenía 16 años y aquella mañana su madre la llevó al colegio antes de dejar a Roberto en el banco. Vanesa tenía 14 años y era hija única. Ese día su padre la dejó en el colegio Cristo Rey antes de ir a trabajar al banco. Recuerda que la madre superiora la retiró de la escuela intentó distraerla mientras la llevaba a su casa, hasta que le contó que su padre había sufrido un accidente. En realidad, era uno de los dos sobrevivientes de la masacre.

Por esos caprichos del destino, a Sergio esa mañana le tocó trabajar en la sucursal de la calle Sobremonte.

– ¿Qué recuerda de ese día?

– Fue terrible. Que te maten seis compañeros del trabajo en un segundo y no te enteres es terrible, fue algo que a mí me conmovió muchísimo. Levantarme para ir a ese lugar era una tortura. De hecho, me fui del banco por eso.

Sergio recuerda un detalle de la masacre y se estremece:

– El método con el que mataron a mis compañeros fue el mismo que utilizaban en la dictadura. Así habían instruido a los policías, no solamente a Salinas: atarles las manos en la espalda y pegarles un tiro en la nuca.

Jorge Garay sobrevivió inicialmente al ataque. Internado en estado crítico durante 45 días, tuvo varias intervenciones quirúrgicas y permaneció en coma profundo mientras los médicos intentaron revertir las secuelas del disparo que recibió en la cabeza.

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¿Qué hubiera pasado si Salinas hubiera sido expuesto antes por su participación en el terrorismo de Estado? ¿Lo hubieran admitido como guardia de seguridad en el Banco Popular Financiero?, se pregunta Geremía.

La respuesta no es sencilla: a pesar del tiempo transcurrido, la documentación judicial sobre la masacre del Banco Popular Financiero no puede ser consultada por el periodismo y ni siquiera los abogados vinculados a la causa pudieron acceder al expediente completo. La ausencia de esa documentación impide saber si durante la investigación alguien advirtió o mencionó los antecedentes de Salinas en la represión ilegal. “En 37 años de periodismo nunca aparecieron antecedentes de Salinas como represor. Sí se hablaba de un policía loco, desquiciado, pero nada de sus antecedentes como represor”, recuerda Geremia, todavía sorprendido por el llamativo cono de silencio en torno al Salinas represor.

A pesar de haber sido condenado a prisión perpetua por su participación en la masacre del Banco Popular Financiero, Salinas salió en libertad condicional al cumplir dos tercios de la condena. Hoy, según el expediente, vive en la ciudad de Córdoba y trabaja como electricista.

A Cecilia Denner le cuesta entender que el asesino de su padre esté libre.

Vanesa Garay pide que Río Cuarto no olvide lo que ocurrió en la ciudad.

Sergio Cretton espera que el nuevo juicio lo lleve de vuelta a la cárcel.

Las víctimas de Miguel Ángel Salinas esperan que llegue el 20 de octubre para verlo sentado nuevamente en el banquillo de los acusados. Esta vez por su participación en la represión ilegal desatada antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

¿Será Justicia?

Fuente: www.revistaelsur.com.ar