Tita Merello: Una rebelde que hizo historia

Laura Ana Merello, “Tita de Buenos Aires” o “La Morocha Argentina”, nació el 11 de octubre de 1904, en un conventillo en el barrio de San Telmo, sobre la calle Defensa casi esquina Chile. Falleció el 24 de diciembre de 2002 a los 98 años.

Su padre murió de tuberculosis cuando ella tenía cuatro meses de edad. “El dolor nació conmigo” decía refiriéndose a ese episodio.
Tuvo una infancia de pobreza y falta de cariño. A los cinco años fue trasladada a un asilo de Villa Devoto debido a que su madre debía trabajar y no podía hacerse cargo de ella. Luego vivió por períodos en Uruguay trabajando como sirvienta sin salario.
Un mal diagnóstico clínico de tuberculosis, cuando contaba con diez años, la hizo ir a vivir al campo con un tío donde ejerció distintos oficios para ayudar a su familia, ordeñando vacas, preparando asados o limpiando chiqueros, “trabajaba como un hombrecito entre los hombres. Pasaban los días, las noches. Nunca un gesto de ternura”.
La soledad, la pobreza y el abandono emocional marcaron la personalidad de Tita. Trabajó desde niña. Fue analfabeta hasta los dieciséis años. Fue una verdadera autodidacta que cantó porque se atrevió a cantar.
En su adultez se definió de niña como una “chica triste, pobre y, además, fea. Presentía que iba a seguir siéndolo siempre. Después descubrí que no hace falta ser bonita. Basta con parecerlo. Soy insolente de nacimiento y temperamento. Y con capacidad para sostener una insolencia… No recuerdo si tuve una infancia precoz. Lo que sé es que fue muy breve. La infancia del pobre siempre es más corta que la del rico”.
Fue vedette, cantante y actriz, quizá, la más completa que haya existido en el país según opiniones de varios críticos.
Es un referente obligado de la cultura argentina y objeto de merecidos homenajes cada tanto.
Se inició artísticamente en teatro como cancionista y fue de las primeras cantantes de tango de la década del ’20. La popularidad que alcanzó se debió, más que nada, a sus interpretaciones de “Se dice de mí” y “La milonga y yo”.
En 1924 se integró como vedette en la revista ¿Quién dijo miedo?, que se presentaba en el Teatro Maipo. La propia Tita se encarga de señalar cómo fue este comienzo en una entrevista: “Ahí empezó. Pero no creas que fue por mi cara bonita, porque gracias a Dios fui una mujer fea, bajita, brava, insolente. Pero no de mal carácter”.
Su debut en cine fue en la primera película sonora de Argentina; ¡Tango! con Libertad Lamarque. Su consagración como actriz dramática llegó con “La fuga” en 1937 dirigida por Luis Saslavsky.
Unida en pareja con Luis Sandrini, prácticamente abandonó su carrera para apoyar la del actor. Ambos se radicaron en México en los años ’40 donde ella filmó “Cinco rostros de mujer”, obteniendo el premio Ariel a la Mejor Actriz de Reparto.
De regreso al país, protagonizó “Don Juan Tenorio” en 1949, “Filomena Marturano” en 1950, luego representada en teatro. Fue esta década del ‘50 el apogeo de su carrera encabezando películas como “Los isleros” en 1951; “Guacho”, 1954; “Mercado de Abasto”, 1955. Roles destacados en “Arrabalera” en 1950, por la cual recibió junto a Santiago Gómez Cou el premio a los mejores actores de 1950 de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, y “Para vestir santos” y “El amor nunca muere”, ambas en 1955.
Al momento de finalizar el rodaje de Don Juan Tenorio, la relación entre Sandrini y Merello se había deteriorado demasiado. Sandrini recibió una propuesta del director Benito Perojo en España para filmar ¡Olé torero! en 1948, lo cual significaría su primer trabajo en Europa, y Merello, por su parte, recibió la oferta de un papel protagónico para “Filomena Marturano” de Eduardo De Filippo. Sandrini se enojó cuando la actriz decidió permanecer en Buenos Aires y no acompañarlo para filmar la película, hecho que acabó con la relación sentimental entre ambos.
Sin embargo, “Filomena Marturano” significó la consolidación de Merello en el mundo del cine y permaneció trece meses en cartelera, además, en 1950, se llevó a cabo su versión teatral que contaba con variedad de cuadros musicales. El director De Filippo señaló que «nadie la interpretó mejor que la señora Merello». A raíz de esa actuación, comenzó a ser comparada con las actrices extranjeras Anna Magnani y Bette Davis.
Después del golpe militar de 1955, llevado a cabo por la “Revolución Fusiladora”, contra el gobierno democrático de Juan Domingo Perón, los artistas vinculados con el peronismo fueron incluidos en “listas negras”, fueron perseguidos políticamente. Importantes figuras artísticas son desaparecidas de los medios y las carteleras. Muchos estudios de cine cerraron y una gran cantidad de artistas quedaron sin empleo y debieron exiliarse, entre ellos Tita tuvo que hacerlo en México.
Si bien nunca se expresó abiertamente como peronista, cuando Perón muere en 1974, dijo: “Ha muerto una gran esperanza, especialmente de los trabajadores, pero también del país entero. La muerte de una esperanza es un gran dolor. Es cuanto puedo decir por ahora”.
A partir de su regreso, en 1960, la mayoría de sus trabajos fueron dirigidos por su amigo Enrique Carreras.
En 1968 participó activamente en el ciclo televisivo Sábados Circulares de Pipo Mancera, que incrementó su popularidad. En ese programa impuso la costumbre de aconsejar a las mujeres a realizarse exámenes ginecológicos para prevenir enfermedades causantes de muertes en las mujeres.
Tuvo una destacada actuación, a sus 70 años, en “La Madre María” en 1974, dirigida por Lucas Demare, basada en la historia de vida de la curandera María Salomé Loredo que mereció una elogiosa crítica de periodistas y medios especializados que le otorgó una renovada popularidad. Su personaje, el de una anciana que transmitía alivio, paz y sanación, fue uno de los más queridos y aceptados por el público.
En 1985 decidió retirarse aunque siguió teniendo apariciones públicas y brindando consejos, especialmente a las mujeres, tanto en radio como en televisión. Entre 1985 y su muerte vivió prácticamente recluida.
En 1990, se la distinguió como “Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires” por ser un “mito viviente de la iconografía porteña” y luego, en 1991, recibió el premio Podestá a la Trayectoria.
Una anécdota de 1992 la pinta de cuerpo entero; Susana Giménez se las arregló para que fuera a su programa junto a Malvina Pastorino, la viuda de Sandrini. Y ahí Tita, incomodó a Susana, cuando ante el anuncio de que en el set iban a juntarse dos personas importantes, ella de inmediato la corrigió diciéndole: “Sí, pero ya te dije que la palabra importante no me gusta”. Estaba claro que ahí, el mando, lo tenía Tita Merello.
Horacio Salas, en su libro “El Tango”, comentó: “Tita Merello asumió desde el humor la representación de los sectores marginales, que nacidos en la más extrema pobreza arribaron al centro con el objeto de sobrevivir en el mundo del tango. Algunas de las letras de su repertorio son recuerdos de la picaresca de los primeros años y representan, en la misma asunción de su origen, una burla a la tilinguería del medio pelo porteño abocado a ocultar el ámbito en que transcurren los años de la infancia y las dificultades económicas sufridas hasta que llega el momento del éxito”
En 1996 obtuvo el premio Fondo Nacional de las Bellas Artes consistente en una estatuilla y 20.000 pesos que donó al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y a la Casa Cuna.
En 1999 vendió su departamento de Barrio Norte y donó la recaudación al Hospital de Niños.
 
En la novela Montserrat (2006), del prestigioso crítico y escritor Daniel Link, hay una gata que se llama Tita Merello, lo que demuestra que su nombre —o más que su nombre— ya había llegado a la literatura, porque no es una gata sin importancia, sino que es una que desaparece y es un motor de la historia de la novela. “Esta mañana, cuando nos despertamos”, escribe Link, “descubrimos que Tita Merello había desaparecido de casa. Habitualmente le dejamos la puerta-ventana que da al balcón entornada, para que ella pueda salir a mirar la calle y el cielo, porque nada debe resultar más tedioso para un animal (pienso) que tener siempre un techo sobre sí”. Tita Merello encarnada en una gata de una novela, sin duda, que es algo que ella jamás pensó, pero que sirve para entender su importancia.
Uno de los principales biógrafos de la actriz, Néstor Romano, escribió: “Jamás pasó por un conservatorio de arte escénico ni educó su voz en escuelas de canto. Simplemente se hizo en la calle. Sin ayuda de nadie, a fuerza de talento y voluntad, construyó una carrera que la llevó desde los bares del bajo porteño y una cuarta fila de coristas a los primeros planos del tango y el cine nacional”
“Tita de Buenos Aires” o mejor dicho, “La Morocha Argentina”, la mujer que se ganó el amor del pueblo porque además de su arte, ella nació pueblo y lo siguió siendo hasta su muerte a los 98 años, nació pobre y así la encontró la muerte mientras dormía en la Nochebuena de 2002 en su habitación de la Fundación Favaloro.
Al momento de su muerte, contaba en su haber con treinta y tres películas, veinte obras teatrales, tres ciclos radiales y varias participaciones en espectáculos de revista y televisión.
Además del recuerdo de sus actuaciones nos dejó algunas frases que merecen ser recordadas:
– “Siempre se me ha criticado que me quejo por la falta de dinero, pero es verdad. Yo he trabajado esporádicamente, en épocas en las que no se pagaba tanto como ahora. Además, siempre he ayudado a quien me lo pidió, eso lo pueden confirmar todos los que han necesitado de mí. Yo he dado mucho, nunca tuve intenciones de ser la más rica del cementerio”
– “Yo me revestí para pelearle a la vida de prepotente. Yo habré sido en otra vida un perro. He vivido toda la vida añorando ternura. La ternura, me tratan bien y consiguen cualquier cosa”.
– “… hice de mí lo que quería, y tengo el orgullo de haber sacado, de entre las mujeres, una mujer íntegra. Yo le di la cara a la vida, y me la dejó marcada”
– “A todos los argentinos les pido que no se olviden de mí. Gracias por creer que fui algo más de lo que soy”
Fuente: J.R.O., para Pensamiento Discepoleano