Una organización para la transformación social

“Los pasados 15 y 16 de octubre, quienes componemos las Juventudes de la CTA Autónoma de Córdoba nos encontramos en la Capital de la Provincia para realizar unas Jornadas de Trabajo Voluntario de construcción de un Centro Comunitario en Villa ‘La Tribu’: Compartimos las jornadas con compañeros y compañeras del Centro de Estudiantes de Arquitectura de la UNC, con la Clínica Oftalmológica “Che” Guevara y con otros espacios populares de la ciudad y la Provincia. Participaron compañeros/as de Juventudes de CTA-A de distintos puntos del país (Río Negro, Santa Cruz, Buenos Aires) y de otras regiones de la Provincia (Río Cuarto, Río Tercero). En el trabajo pudimos conocernos, debatir, intercambiar experiencias, pensar ejes para avanzar en la organización del campo del Pueblo.
“Inscribimos nuestras Jornadas de Trabajo Voluntario en las experiencias históricas de los pueblos latinoamericanos: El camino que traza nuestra historia nos muestra de que con determinación y objetivos claros, las y los trabajadores -que producimos a diario la riqueza apropiada por los sectores del capital- podemos construir los espacios y cumplir las tareas que nosotros y nosotras, en tanto Pueblo, necesitamos cumplir para vivir mejor.
“Insistimos también en que ‘el Trabajo Voluntario sólo puede ser liberador si es concebido por organizaciones del campo del pueblo guiadas por un sentido de cambio profundo de las estructuras de opresión del sistema’. Esta práctica transformadora y revolucionaria, si no es encarada de esta manera, puede ser edulcorado hasta formar parte de un mecanismo más de dominación: La famosa ‘caridad’ y otras formas de filantropía que devienen del espíritu de la limosna de mentes con culpa. No queremos ni necesitamos las limosnas ni las dádivas de nadie, nos organizamos para luchar por lo que nos pertenece porque lo producimos como clase trabajadora.
“Nuestro trabajo en este y cada uno de nuestros encuentros presentes y futuros es -y será- siempre construir lo que se ve y se toca a simple vista (un centro comunitario, un espacio público, etc) pero, sobre todo, una organización para la transformación social que nos permita luchar por nuestra dignidad.
“Mientras cavábamos para tirar los cimientos del Centro Comunitario nos encontramos con que ‘nos faltaban picos para romper el duro suelo de lo que era un basural al costado de las vías’ -y que hoy es un espacio para vivir, donde juegan nuestras infancias- y que no teníamos casi hierro para fundar la estructura del pequeño -y tan necesario- edificio de la organización. Ello nos llevó a indagar un poco más al respecto y nos encontramos con que el acceso al hierro hoy está prácticamente vedado para nuestro pueblo por el precio prohibitivo de este elemento básico que se comporta como commoditie en el mercado mundial: Pasó este año de 88 a más de 200 dólares la tonelada. Nuestro país, a pesar de poseer grandes yacimientos del mineral, ha dejado la explotación del mismo en manos de solo 5 megaempresas -Acindar, Techint, Votorantim, Gerdau, al menos multinacionales a esta altura- que mediante la explotación de nuestro suelo y nuestra clase trabajadora, obtienen grandes ganancias de las cuales nada vuelve a quienes las producimos. Así, en nuestras barriadas, estamos obligados y obligadas a construir casi sin hierro, con los riesgos estructurales que de ello deviene en las construcciones tradicionales de block de cemento.
“En este punto encontramos otra traba, la del cemento. Éste, es otro producto que se comporta como commoditie en el mercado mundial y que se rige mediante precios internacionales: Loma Negra, Holcim, Cementos Avellaneda y Petroquímicos Comodoro Rivadavia explican casi la totalidad de la producción de este insumo básico para la industria de la construcción. Su precio, solo en lo que va de 2021, aumentó aproximadamente un 45 por ciento a principios de octubre. No nos alcanzó para comprar y dejamos para más adelante la finalización de la capa niveladora, el contrapiso y demás.
“Seguimos observando y nos encontramos con la falta de acceso a la tierra, a servicios públicos, a una alimentación saludable, a la salud, etc. Y en cada aspecto donde vemos que surge una necesidad, observamos cómo nace un negocio. Y todo negocio es hoy -y cada vez más- propiedad de quienes pueden sobrevivir en esta etapa de capitalismo financiero global y extractivo, que en algún momento nació de las necesidades pero que ha quedado preso de su misma lógica de lucro, despegada totalmente de las necesidades para la vida, haciendo de sus ganancias, la muerte.
‘Cada vez quedamos más lejos del acceso a lo que la fuerza de trabajo de la clase trabajadora produce y cada vez más el excedente de esa producción social se destina a la fuga, a la usura, al pago de deudas que no contrajimos ni aprovechamos de ninguna manera’*. Nos encontramos con que la pobreza y la indigencia alcanzan a poco más del 50 por ciento de la población, y la desocupación y el trabajo precario a cerca del 40 por ciento de quienes trabajamos.
“El dinero no nos alcanza y, entonces, salimos a trabajar más tiempo: Pedaleamos para alguna app de pedidos, changueamos, nos las ingeniamos. Nos convertimos en algunos/as de los 4,5 millones de sobreocupados que hay en nuestro país -es decir de aquellas personas que trabajan por encima de las 45 horas semanales-, que representamos nada menos que el 26% del total de ocupados/as y que juntamos un ingreso mensual total de $31.300 (rozando la indigencia, muy pero muy por debajo de la línea de pobreza). Por eso exigimos controlar los medios de producción: Para liberar 14 horas promedio semanal de cada persona que trabaja y generar 1,6 millones de ocupaciones de quienes sobretrabajamos y resolver el 80% de la desocupación. Y todos estos son datos del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), gente que sabe y estudia mucho el tema.
“Pero ahí nomás aparecen quienes dicen que no se puede, que no hay margen. Pero de vuelta siguiendo a quienes estudian la realidad del trabajo, nos encontramos con que quienes trabajamos, destinamos 1 hora y 45 minutos de la jornada laboral de 8 horas para producir el equivalente al valor de nuestro salario. Sí, el resto del tiempo, 6 horas y 15 minutos, lo dedicamos a producir un excedente que es apropiado por el conjunto de los empresarios, donde claramente los más grandes, concentrados y financieros son los que realmente se llevan la mayor tajada de la torta. Estos números son obtenidos a partir de la división del PBI argentino por la cantidad de horas trabajadas y la remuneración efectiva a la clase trabajadora.
“En resumen, trabajamos mucho -cada vez más-, para ganar poco -cada vez menos-, para que crezca la desocupación y la precariedad y para que quienes mandan sigan coqueteando con el pago deudas que nos hunden en más y más padecimientos.
“Pero las juventudes allí estaremos, luchando porque ese tren que pasa a un metro y medio de las casas de nuestras compañeras en Villa ‘La Tribu’ se quede y baje todo el hierro, piedra y cemento que nos haga falta para construir viviendas dignas. Para que esos materiales, y para que cada bien y servicio que producimos y pasa por nuestras puertas para fugarse en el camino de la timba, llegue a todos los sectores que componemos el campo del pueblo.
“Nuestro trabajo es construir una organización que pueda hacer frente a estos problemas y enfrentar estos enemigos. Con amplitud y convicción, marchamos hacia un futuro que será nuestro por prepotencia de trabajo”.
Juventudes de la CTA Autónoma Provincia de Córdoba