El 8 de Octubre, desde la CTA A Villa María pusimos en marcha el Programa de Alfabetización de adultos “YO, SÍ PUEDO”, bajo la mirada atenta y la compañía de la FUNDACIÓN UMMEP (Un mundo mejor es posible) a través de su presidenta, la Licenciada Claudia Camba y la Licenciada Isabel Cristina Fernández representante el programa cubana en Argentina.
Como habíamos comentado en notas anteriores, en medio de la profundización de la crisis que atraviesa la gran masa del pueblo en nuestro país, la precarización laboral, los despidos, el congelamiento de salarios, la suspensión de beneficios y el recorte de derechos para solo nombrar algunas de las múltiples calamidades que soportamos como sociedad, desde la CTAA estamos presentes cada vez que se convoque a marchar y a concentrar en la Plaza Centenario, la plaza más céntrica de la ciudad.
Observamos que a las democráticas concentraciones de reclamo asiste siempre la misma gente, situación que nos motivó a pensar porqué los vecinos de los barrios que rodean el centro de la pujante Villa María, no llegan a las manifestaciones públicas. ¿Qué pasa allí?… Cada barrio está asistido desde el Municipio con sus Centros Primarios de Salud, con Delegaciones municipales y Asistentes Sociales que canalizan necesidades, organizaciones sociales que algunos días de la semana ofrecen merienda y cena.

¿Alcanza con eso? ¿Nadie desea reclamar algo? ¿Se sientes ciudadanos con Derechos?…interrogantes como estos nos interpelan. También nos interpela como organización sindical que cuenta con una Federación Nacional de Territorios.
Decidimos caminar los barrios, hablar con vecinos y vecinas: Ellas y ellos esperan… siempre alguien va y les da. Sobreviven. Refieren constantemente a la vecina que coordina el Centro Vecinal y que con una autoridad de tipo maternal es el nexo con el municipio. La educación no está entre sus prioridades. Los adultos en su mayoría hicieron la escolaridad primaria, algunos de forma incompleta y en cada familia hay un analfabeto mayor de 18 años. Los niños concurren a la escuela del barrio y los adolescentes a la escuela secundaria pública del barrio más cercano.
En el Centro Vecinal funciona el PIT para un pequeño número de jóvenes que desean terminar el secundario. Muchos abandonan en los primeros cursos porque obtiene malos resultados y no tiene quién los ayude a superarlo. Tiene pendiente un proyecto de apoyo escolar y falta de equipamiento tecnológico, estas cuestiones, en muchos casos, motiva el sentimiento de fracaso escolar de los jóvenes que los conduce al abandono.
Ante esta observación in-situ, conectamos con lecturas de crónicas urbanas, en especial con las del Sociólogo Leandro Barttolotta, “Saldo Negativo” Editorial Sudestada. En sus páginas narra la vida en barrios marginales de Buenos Aires y son similares a las del barrio La Calera de nuestra ciudad de Villa María. El autor concluye diciendo que la marginalidad, los bordes, las fronteras, esos muros invisibles definen territorios estigmatizados. Están en el “Punto de Mira” de políticos y funcionarios quienes en muchos casos observan con prismáticos y en un escritorio deciden qué necesitan los vecinos y las vecinas del barrio pobre.

Hace tantos años, tantas generaciones vivieron y viven con esa lógica burocrática que por esta razón, ellos y ellas esperan, solo esperan, como en Godot. Siguiendo a Barttolotta que propone hacer un movimiento, intentar sacar al territorio del punto de mira y colocarlo en el punto de vista significa también dejar de surfear por los barrios, haciendo fotos para la prensa de Políticas Públicas que van esfumando sus esplendores luego de las campañas electorales. Colocarlo en el Punto de Vista es dejar de concebir al barrio pobre como enunciado y si como lugar de enunciación. Sus calles están repletas de leyendas que nunca nadie escuchó, los vecinos y vecinas llenos de sueños que jamás expresaron.
El programa YO, SÍ PUEDO viene a proponer nada más y nada menos que la dignidad de leer y escribir y de ahí para adelante todo lo que sean capaces de imaginar. Análisis de progreso del Programa en marcha. Luego de dos meses del encuentro de Sonia Ramadori, cada lunes y cada miércoles, con Hugo, Pablo y Estela en el Centro Vecinal pasa dos horas para intentar ingresar al maravilloso mundo de las letras, llegamos a la clase 15 que el Programa determina como de consolidación de conocimientos. Aprendieron las vocales y tres consonantes, la ele, la efe y la erre. Con esas escasas ocho letras ya pudieron escribir y leer frases y oraciones cortas. Lograron escribir y leer solos hasta cinco palabras y lograron escribir al dictado tres oraciones. Lograron expresar deseos, identificaron a Villa Marías en el mapa de Córdoba, a Córdoba en el mapa de Argentina, a la Argentina en el Mapa de América y van reconociendo los países que forman Latinoamérica. Párrafo aparte merece hablar del compromiso y el entusiasmo por aprender.
Según manifiesta Sonia no faltan jamás a las clases, no solo hacen las actividades indicadas en el Programa sino que, también, llevan adelante actividades de apoyo que les lleva la docente (las prepara de manera individualizada para cad educando) . Hacen un esfuerzo enorme por asociar el sonido de las letras y la grafía correspondiente, luego recordarlas y vincular para lograr las sílabas y por último la palabra. Aprender esa secuencia que en la primera infancia suele ser muy ágil en adultos es totalmente diferente.
Sonia Ramadori es clara al decir que las motivaciones crecen con cada logro, están experimentando la posibilidad de acceder a algo que hasta ahora no les pertenecía como leer un cartel en las calles, el precio de los alimentos en una pizarra, el papelito con el encargo de la cantidad de bizcochos y pizzas que Hugo debe preparar cada mañana en la panadería donde trabaja y al que debe esperar hasta que llegue un compañero para que se lo lea. La tan ansiada posibilidad de conseguir su carnet de Boxeador, aunque ya por la edad está al lado del ring como colaborador y al que nunca accedió a pesar de tantas peleas hechas en su categoría, por no saber leer y escribir. Estela va descubriendo que ella sí era inteligente y que puede escribir el nombre de sus hijos y que puede leer su propio documento de identidad y que su nombre no es exactamente como ella creía. El proceso y el avance de las clases están siempre monitoreadas por la Licenciada Isabel Cristina quien siempre se ha manifestado muy conforme con las propuestas de actividades extras y de apoyo que voy proponiendo.
Las expectativas están en finalizar con esta primera mesa de alfabetización a mitad del año próximo y sumar otra. El trabajo en territorio, así le llaman desde la academia, personalmente nos gusta hablar de barrios o de vecindarios, es una tarea profundamente humana y digo profundamente no porque queda bien en la frase sino porque implica un compromiso del ser, de los sentimientos y de las emociones y por la misma razón no puede llevarse a cabo como una actividad más de las tantas de servicio que existen.
Fuente: Equipo de Comunicación de la CTA Autónoma Regional Villa María