YPF, el mayor bastión de la soberanía energética de Sudamérica

Por Bianca Tosco e Ignacio Liziardi

A comienzos de 1920, un grupo de oficiales nacionalistas identificó la importancia estratégica de recuperar los recursos del subsuelo argentino. Con el apoyo del yrigoyenismo, pusieron en marcha Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), la empresa que le devolvió al pueblo argentino el oro negro de su suelo. En esta nota, repaso su historia y por qué esta compañía resulta tan incómoda para el liberalismo.

En diciembre de 1907, el Estado argentino se enfrentó a un serio problema: en la costa chubutense, la población de Comodoro Rivadavia carecía de agua dulce. El desierto y el mar asfixiaban el crecimiento del nuevo puerto. Para solucionarlo, las autoridades nacionales enviaron con urgencia un equipo de perforación para realizar pozos. Cuando las máquinas taladraron la superficie, no fue agua lo que emergió, sino petróleo. El panorama cambió inmediatamente y la importancia estratégica de la costa patagónica tomó un nuevo carácter.

La explotación hidrocarburífera comenzó de inmediato, atrayendo innumerables capitales extranjeros. Más de quince empresas belgas, francesas, holandesas, británicas y estadounidenses desembarcaron rápidamente en las arenosas playas del sur. En Gran Bretaña, se fundó incluso la Comodoro Oil Trust, empresa orientada exclusivamente a explotar dicho yacimiento, buscar permanentemente concesiones y comprar terrenos aledaños. Aunque la principal interesada era la gigante norteamericana Standard Oil, que manejaría la mayoría de los yacimientos durante los años venideros.

La Primera Guerra Mundial demostró que este recurso era el futuro del impulso bélico: barcos, aviones y tanques quemaban en sus motores derivados del petróleo como nunca antes se había visto. Además, poco a poco, el automóvil ganaba terreno. En 1918, mientras dicha guerra se apagaba, en Plaza Huincul (Neuquén) se halló un nuevo yacimiento de grandes dimensiones. Como expresa la historiadora Susana Bandieri, estos descubrimientos y su explotación transformaron profundamente el paisaje social de diversas regiones patagónicas, que atrajeron a numerosos trabajadores que migraron con sus familias. Las ciudades ―en un principio, campamentos― fueron fundadas donde los pozos lo requerían y decenas de miles de personas iban hacia ellas en busca de nuevas posibilidades.

Militares nacionalistas, económicos y liberales

Hacia 1920, las exploraciones se enfriaron debido al final de la Gran Guerra, pero también porque ciertos sectores del radicalismo que en ese entonces gobernaba, buscaron revertir las normas extremadamente permisivas para las empresas extranjeras. Mientras el mandato de Hipólito Yrigoyen sobrellevaba numerosas dificultades, comenzó a delinearse al interior del Ejército una división. Por un lado, estaban los oficiales conservadores-liberales alineados con los sectores concentrados de nuestro país, que mantenían un largo romance con las potencias anglosajonas. Por el otro, los nacionalistas que, atentos a los escenarios geopolíticos internacionales, concibieron una Patria libre y soberana en materia de recursos. En este grupo (que luego conformaría el Grupo de Oficiales Unidos, o GOU) había muchos oficiales ingenieros, habituados a recorrer la república, que buscaron explotar adecuadamente los recursos disponibles en beneficio de los habitantes de este suelo.

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Enrique Mosconi.

Enrique Mosconi fue uno de los cuadros más sobresalientes de esa generación de militares nacionalistas. Hijo de un ingeniero de origen italiano, se formó en la misma rama que su padre. En 1903, se graduó en la Universidad de Buenos Aires y ascendió en la División de Ingeniería del Ejército Argentino. Estudió, además, en las academias de ingeniería militar de Bélgica y Alemania para retornar al país a principios de la década de 1910. Durante la primera mitad del siglo XX, luego de pasar años desarrollando importantes obras de infraestructura (el Ejército fue uno de los principales constructores de obras públicas durante la primera mitad del siglo XX) y estudiando los suelos de Mendoza y la Patagonia, en 1922, Mosconi fue puesto al frente de la nueva empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Desde ese puesto, dirigió la exploración, explotación, tratamiento, transporte y venta de hidrocarburos extraídos de las tierras públicas en beneficio del Estado nacional.

Durante los años que estuvo al frente de la empresa estatal, llevó a cabo diferentes tareas de exploración y ampliación de las capacidades logísticas que dicha actividad implicaba, desde construir oleoductos hasta garantizar condiciones de salud de los obreros en zonas de explotación aisladas y poner en marcha una flota nacional de barcos petroleros. Todas estas decisiones le acarrearon conflictos serios con las empresas multinacionales y, en especial, los embates de Standard Oil. Todas estas victorias y derrotas son narradas en su libro, El Petróleo Argentino (1922-1930).

Para dirigir la explotación de Comodoro Rivadavia, Mosconi convocó al ingeniero militar y escritor, Alonso Baldrich. Este fue ideólogo de una campaña que buscaría la nacionalización de todos los yacimientos del país y, en consecuencia, embistió contra las libertades desmedidas que tenían diversas mineras extranjeras en Salta, en especial, Standard Oil. Fue uno de los impulsores del decreto sancionado en enero de 1924, por el cual el Estado argentino amplió la reserva de territorios fiscales a 32 millones de hectáreas y previno con ello que las mismas cayeran en manos de empresas privadas. Las gestiones de ambos ingenieros militares son recordadas por su potencia modernizadora de corte marcial. En la práctica, se acercaron a gobernaciones militares sobre población civil que, en numerosas ocasiones, implicaron fuertes tensiones con las poblaciones locales patagónicas.

En paralelo, desde el ámbito político, la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) consideraba la nacionalización de la infraestructura productiva y de los recursos hidrocarburíferos como tarea urgente. Expresión de ello fue la publicación en 1938 de El Petróleo Argentino, un breve escrito elaborado por Raúl Scalabrini Ortiz que llamaba a completar la tarea iniciada por los nacionalistas de la década anterior y que tuvo un importante impacto programático.

Durante el primer y segundo peronismo (1946-1955), YPF volvió a vivir un momento dorado de expansión. El lema justicialista “una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana” era imposible sin una empresa hidrocarburífera nacional fuerte. En 1952, el Gasoducto Plaza Huincul-General Conesa fue terminado y empalmó con el tramo que unía Comodoro Rivadavia con Buenos Aires. De esta forma, la producción que antes era transportada en ferrocarril a la capital, ahora llegaba de manera más rápida y segura. Fue en este período que la empresa construyó numerosas estaciones de servicio en todo el territorio con estilo Art Decó, de las que aún pueden verse (incluso en nuestra ciudad). Esta nueva red de sucursales era fundamental para hacer realidad un país donde los obreros tuvieran automóviles y se desplazaran en ellos en su día a día, e, incluso, en vacaciones. En paralelo, desde 1950, la empresa fue una punta de lanza para un plan de recuperación de las Islas Malvinas. Debido al aislamiento y lejanía entre Gran Bretaña y las islas, la Argentina consideró que el desembarco de YPF podría ser el primer ladrillo en la transición al control nacional (vía que se vio truncada con la guerra de 1982). En la década de 1960, durante el frondizismo, la empresa se consolidó aún más, ya que uno de los principales objetivos del plan desarrollista fue reforzar la industria pesada y la petroquímica.

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Imagen: Secretaría de Cultura de la Nación.

Hacia 1993, la ola de privatizaciones impulsadas por Domingo Cavallo, ministro de Economía del gobierno de Carlos Menem, alcanzó a YPF. Esta se hizo efectiva seis años más tarde, cuando más del 50% de la empresa pasó a manos de la gigante española Repsol. Una vez más, los frutos del suelo argentino enriquecían a Madrid.

El Siglo XXI

Durante la primera década de este siglo, un importante porcentaje de YPF estuvo en manos de Enrique Eskenazi, uno de los principales jugadores del mercado energético nacional. Con la llegada de Cristina Fernández de Kirchner a la presidencia, se abrió un nuevo panorama, quien comprendió que, sin soberanía energética, los precios locales del combustible, anclados al valor internacional, no pararían de subir en un país rico en yacimientos. A principios de 2012, Repsol descubrió, en el yacimiento de Vaca Muerta en Neuquén, una de las reservas de combustibles no convencionales más grandes del mundo. El gobierno pasó a la acción y expropió el 51% de las acciones de YPF mediante decreto, al mismo tiempo que intervenía la empresa, por lo que hablamos de una “renacionalización”.

Axel Kicillof, por entonces viceministro de Economía, estuvo a cargo de las gestiones. Lo cierto es que la transición fue compleja, dado que esta expropiación en la práctica indemnizaba a Repsol y gran parte de la exploración y explotación quedó en manos de algunas empresas extranjeras. Al mismo tiempo, en un procedimiento colonial de formas cuidadas, el gobierno español de Mariano Rajoy embistió diplomáticamente contra la Argentina y advirtió a Buenos Aires que habría fuertes sanciones. En Madrid, salió a subasta el derecho a litigar contra el Estado argentino. Diversos fondos buitres, nombre con el que conocemos a fondos de inversión o estudios de asesoría legal financiera, vieron esa posibilidad con buenos ojos y el grupo Burford Capital adquirió de Repsol este perverso recurso legal.

El fallo de la jueza Loretta Preska a favor de Burford Capital en 2023 fue un duro golpe a la soberanía argentina en materia energética. Sin embargo, en marzo de 2026, la Corte de Apelaciones de Nueva York revirtió el fallo de Preska, “liberando” a la Argentina de indemnizar por 15.000.000.000 de dólares a Burford Capital u Eton Park Capital Management. Una tendencia es real, señalada desde tiempos de FORJA: Las potencias extranjeras ven con malos ojos el desarrollo de YPF. Cada vez que un gobierno argentino neoliberal remató la empresa, siempre hubo compradores ansiosos.

Hoy vivimos un momento extraño. El gobierno argentino expresa una tensión habitual de la gestión libertaria: Milei se viste con el mameluco de YPF mientras arremete contra las empresas estatales prometiendo la privatización. Como numerosos informes periodísticos han descubierto, la petrolera no está siendo clara con sus fondos, ya que la pauta del Ejecutivo Nacional fue vehiculizada por esta vía. A esto, hay que sumar que Manuel Adorni, cuya riqueza no puede explicar, fue parte del directorio de la empresa hasta julio pasado.

Pero ¿por qué no se privatiza? La explotación del yacimiento de Vaca Muerta nivela la caída de recaudación en las arcas públicas desde la finalización del Gasoducto “Perito Francisco Pascacio Moreno” (ex Néstor Kirchner). Sin este ingreso, el Estado argentino ya hubiera implosionado debido a la caída de la actividad económica real. Este descenso se debe a diversas causas conocidas: liberación de aranceles a las importaciones y relajación fiscal para los sectores concentrados. El sector de hidrocarburos (con minería incluida) es el que más ha crecido durante esta gestión (por no decir el único). Resulta desalentador pensar que la empresa que fue fundada para afianzar la soberanía y beneficiar a los argentinos hoy sirva para sostener un modelo de saqueo y venta de la patria.

Recomiendo leer Historia de la Patagonia, de Susana Bandieri, e Historia de una privatización. Cómo y por qué se perdió YPF, de Esteban Serrini, Mariano Barrera e Ignacio Sabbatella.

Imagen de portada: Unidiversidad

Fuente: www.latinta.com.ar