Por Jesús Chirino*
En el último tiempo se vienen repitiendo falsedades como si estas pudieran convertirse en verdades. Entre ellas, la que, a principios del siglo XX, la economía argentina era una de las primeras del mundo o que el liberalismo económico solo ha sido fuente de prosperidad y organización social.
Aquí recordamos uno de los episodios de represión a los trabajadores llevados adelante por el Gobierno de Roca, figura reivindicada por autoridades del actual Gobierno Nacional.
Situación de los trabajadores
En marzo del año 1904, el barrio de La Boca de la ciudad de Buenos Aires, había elegido al primer diputado Socialista de América, Alfredo Lorenzo Ramón Palacios. Meses después, el 1 de mayo, se congregaron setenta mil obreros anarquistas para conmemorar el Día de los Trabajadores. Una cantidad superior a la capacidad actual de la Bombonera.
Por entonces Argentina no era la primera economía del mundo, como suele decirse, por el contrario, era una semi-colonia desindustrializada con un esquema de producción que solo enriquecía a la oligarquía terrateniente que veneraba el imperialismo inglés. Quien fuera el encargado de la mal llamada “Campaña del Desierto”, Julio Argentino Roca, ejercía la Presidencia de la Nación. Ese gobierno respondió con represión a las luchas llevadas adelante por los trabajadores.
Hacinados en barcos, escapando del hambre, habían llegado miles de inmigrantes que se integraron al conjunto de trabajadores. La principal actividad económica del país era la agropecuaria, recién comenzaban a surgir las primeras grandes fábricas como Bagley o Fábrica Argentina de Alpargatas.
Los trabajadores vivían en condiciones prácticamente infrahumanas, trabajaban 18 horas por día, con salarios bajos que apenas les alcanzaba para comprar lo esencial para subsistir. También trabajaban las mujeres y los niños. Quienes no conseguían emplearse dentro de algún centro urbano terminaba trabajando como peón golondrina en el campo, o en la construcción de ferrocarriles. Muchos de los que vivían en las ciudades lo hacían hacinados en conventillos, que lejos estaban de la visión pintoresca que se suele tener de esos lugares.
Represión a los trabajadores
Desde finales del siglo XIX se venían produciendo estallidos sociales y reclamos obreros por las injusticias laborales y sus consecuencias en la vida cotidiana. Se sucedían diferentes tipos de huelgas y acciones anarquistas. El reclamo obrero tomó tal fuerza que el sector más moderado de la elite política comenzó a entender que el liberalismo puro no podía hacerle frente a la problemática social generada por la explotación de los trabajadores. Pero el ala más dura de ese sector político, liderada por Roca, proponía y ejercía la represión de las manifestaciones obreras.
Otra acción que se desarrolló contra la organización gremial y como manera de extraer a quienes difundían las ideas anarquistas y socialistas fue la aprobación, en 1902, de la Ley de Residencia que autorizó que el Poder Ejecutivo impidiera la entrada y la expulsión a extranjeros “cuya conducta comprometa la seguridad o perturbe el orden público”. Fue un permiso para perseguir a quienes trabajaban para la organización de los trabajadores. Esta ley estuvo vigente hasta 1958.
Los mataron, luego robaron su cadáver
Aquel 1 de mayo de 1904, las banderas rojas flameaban en medio de los setenta mil asistentes al acto realizado en La Boca. Se reclamó por una jornada laboral de 8 horas, lo mismo que se pidió 18 años antes en la ciudad de Chicago (EE.UU.). Por la protesta desarrollada en el país del norte habían terminado detenidos y luego condenados a la horca los obreros George Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons, Auguste Spies y Louis Linng.
En Buenos Aires, los trabajadores se reunieron a pesar de que el acto estaba prohibido por la Policía. Aquel día debían concurrir a su trabajo, si faltaban a sus puestos laborales serían echados por la patronal. La manifestación obrera fue atacada por la policía y la represión, lo que provocó el primer mártir de los trabajadores de Buenos Aires. Un joven de tan solo 18 años de edad, el marinero Juan Ocampo, fue asesinado a balazos por la Policía.
Los propios compañeros de Ocampo alzaron su cuerpo, lo cargaron sobre sus hombros, lo llevaron al local del diario anarquista “La Protesta” donde comenzaron a velarlo. Miles de trabajadores caminaron junto al cuerpo, iban cantando el himno anarquista Hijos del Pueblo. Por su parte, las mujeres improvisaban ramos de flores. El historiador Osvaldo Bayer solía recordar que esa misma noche “Roca mandó a la policía, que cuando llega destruye todo, y se lleva el cadáver de Juan Ocampo. Fue el primer desaparecido de la historia argentina”. Al roquismo no le alcanzó con asesinar a un trabajador, se ensañó tanto que robó el cadáver.
A 119 años de este episodio se intenta legislar una jornada laboral de más de ocho horas, se aplica un protocolo en contra de las manifestaciones de los trabajadores y se pretende limitar el derecho a huelga. Allí está la historia para que reflexionemos acerca de que esas cosas no solucionan nada, salvo el enriquecimiento de pequeños sectores.
*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTAA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Fuente: www.eldiariocba.com.ar