Precarización, pobreza laboral y estrategias de supervivencia frente a una crisis del trabajo que se profundiza

El primer trimestre de 2026 vuelve a mostrar un cuadro sociolaboral crítico, en el que tener trabajo está cada vez más lejos de garantizar ingresos suficientes, estabilidad y derechos. El deterioro excede ampliamente al desempleo abierto y se expresa en más informalidad y precariedad, bajos salarios y en la necesidad de buscar otro empleo, extender las jornadas, multiplicar ocupaciones o endeudarse para sostener la vida cotidiana.

 La crisis del trabajo no se reduce al 7,8% de desocupación. La subutilización laboral alcanza al 19% de la PEA, la presión efectiva sobre el mercado de trabajo llega al 23,7% y, si se suma a quienes desean trabajar más, la disponibilidad de fuerza de trabajo trepa al 29,4%. Además, 3 de cada 10 desocupados llevan más de un año buscando empleo sin conseguirlo.

 La informalidad alcanza al 44,2% de los ocupados. Una cuarta parte de las y los trabajadores son cuentapropistas y, entre ellos, el 65% trabaja informalmente; mientras que entre los asalariados la falta de registración llega al 37,9%. Si incorporamos desempleo, informalidad, contratos temporarios e ingresos insuficientes, más de la mitad de la fuerza laboral —52,7%— se encuentra en situación de vulnerabilidad.

⚠️ La situación de las juventudes es todavía más grave. Entre los 18 y 24 años la desocupación alcanza al 19,5%, casi dos tercios de los asalariados son informales y el indicador de vulnerabilidad laboral llega al 77,6%. Es decir, prácticamente 8 de cada 10 jóvenes atraviesan situaciones de desempleo, precariedad o ingresos insuficientes.

 Los ingresos confirman que tener empleo no garantiza llegar a fin de mes. El ingreso promedio de los ocupados fue de $1,08 millones, pero cae a apenas $524 mil entre los cuentapropistas informales y a $700 mil entre los asalariados informales. Además, el 17,5% de los trabajadores gana menos que el Salario Mínimo, proporción que alcanza al 24,4% entre las mujeres.

 Cuando un trabajo no alcanza, la respuesta es trabajar más. El 10,4% de los ocupados tiene más de un empleo, porcentaje que sube al 13,7% entre las mujeres. A la vez, más de 5,1 millones de personas trabajan más de 45 horas semanales y, pese a trabajar casi un 50% más de horas, perciben un ingreso por hora 23% inferior al promedio.

 La precarización laboral se traduce directamente en pobreza. Uno de cada cinco trabajadores es pobre, aun teniendo una ocupación. En el conjunto de la población, la pobreza alcanza al 30% y golpea particularmente a las infancias: el 42,5% de niñas, niños y adolescentes son pobres y el 9,5% son indigentes. Además, descontando el efecto estacional del aguinaldo, la pobreza aumentó del 29,9% al 32,5% entre fines de 2025 y el primer trimestre de 2026.

 Frente a ingresos que no alcanzan, los hogares profundizan sus estrategias de supervivencia: 4 de cada 10 personas viven en hogares que tuvieron que gastar sus ahorros, el 18,7% recurrió a préstamos de familiares o amigos y el 17,3% a bancos o financieras. Más de la mitad utiliza además tarjetas de crédito o compra fiado.

Los datos también desmienten el discurso sobre la supuesta falta de “cultura del trabajo”: 9 de cada 10 personas viven en hogares cuyos ingresos provienen total o parcialmente del trabajo, incluso entre los sectores pobres. Las transferencias sociales complementan ingresos laborales insuficientes y resultan decisivas: sin ellas, la pobreza subiría del 30% al 34,9% y la indigencia casi se duplicaría, del 6,5% al 11,9%.

 El cuadro del primer trimestre de 2026 muestra así una crisis que va mucho más allá del desempleo: más de la mitad de la fuerza laboral está atravesada por alguna forma de vulnerabilidad y una parte creciente de quienes trabajan necesita trabajar más, buscar otro empleo, consumir ahorros o endeudarse para sostener sus condiciones de vida.

VER INFORME

Fuente: www.ipypp.org.ar