Ramiro Suárez: “Entre la dignidad y el pan, no he dudado un momento”

Por Jesús Chirino*

A lo largo de su vida, Ramiro Leoncio Suárez trabajó de manera incansable por lo que creía, dejando una profunda huella de solidaridad y defensa de la democracia y la libertad. Bien ganado tiene su lugar en la historia grande de Villa María.

Y, desde la historia, sus opciones éticas continúan ofreciéndose como brújula para orientar a aquellos que puedan marearse por los efímeros brillos del poder. Sus actividades resultan inabarcables dentro de la extensión de una nota periodística. Aquí refiero aspectos de cuando fue objeto de la intolerancia de un gobierno que lo acusó de ser solidario con la España republicana.

Trabajó para los “Campera” de su época

En marzo de 2022, dentro de la “Semana de la Memoria”, fue reinaugurada la plazoleta “Ramiro Suárez”. Según la información oficial de la Municipalidad de Villa María, el acto estuvo encabezado por el intendente Martín Gill, quien recordó la aciaga fecha al cumplirse 46 años del golpe cívico-militar, y homenajeó al distinguido docente y periodista que da nombre al espacio verde.  Entre otras autoridades estuvieron presentes el jefe de Gabinete, Héctor Muñoz, junto al secretario de Educación, Cultura y Promoción de la Ciencia, Rafael Sachetto. Lo que faltó en el acto, y continúa faltando en ese espacio público, fue el busto de Ramiro Suárez. Inexplicablemente, fue retirado, a pesar de que su deterioro podría haber sido subsanado en el lugar.

Aunque su busto fue retirado, Suárez está en la historia de la ciudad como un defensor de la democracia y la libertad, educador popular que tuvo protagonismo en distintas organizaciones de la ciudad.

En el referido acto de 2022, fue inaugurada la recreación de un mural alusivo a la memoria y, también, en las paredes que rodean la plazoleta, fue pintado otro mural alusivo a Mario Cabrera, alias “El Campera”. Un hombre humilde que por años desarrolló su vida en ese lugar, hasta que fue trasladado al Hogar Municipal de Ancianos. Institución que lleva el nombre del concejal que presentó el proyecto para su creación, “Roberto Velo de Ipola”, en 1934. El mismo que supo reconocer que la redacción de la ordenanza la había realizado Ramiro Suárez, quien, a su vez, fue su primer presidente. Para poner en marcha el hogar, donó las 10 primeras camas con la ropa correspondiente. Ese mobiliario había pertenecido a su Colegio Sarmiento. Es decir, que Ramiro trabajó para los “Camperas” de su época.

Español republicano 

Suárez nació en la ciudad de Santander, España. Fue un hombre con grandes conocimientos. Poseía el título de bachiller y una gran vocación por la docencia. Hablaba latín y francés, y, con orgullo, se reconocía discípulo del gran historiador español Marcelino Menéndez Pelayo. En el año 1915, cuando se declaró ciudad a Villa María, se afincó en esta localidad.

De convicciones republicanas, ejerció como vicecónsul español en la ciudad. En la época de la Guerra Civil Española, 1936-1939, fue un activo defensor de sus ideales y no perdió oportunidad de denunciar al bando franquista. Al mismo tiempo, ejercía como profesor del Instituto Secundario Bernardino Rivadavia, del cual fue fundador.

Acusado de prestigiar actos izquierdistas

La década de los años 30 no fue un tiempo de libertades en nuestro país, y Suárez sufrió la persecución. En 1937, fue objeto de un proceso de exoneración como profesor de la referida institución educativa, la cual fue denunciada por tenerlo como docente. Desde la Inspección Técnica General de Enseñanza Incorporada, se designó a Hilario A. Varela para “producir información”. El investigador realizó un detallado documento en el cual menciona que “el señor Ramiro Leoncio Suárez, a cargo de las cátedras de 1º, 2º y 3º año, 12 horas semanales, del Instituto Incorporado “Bernardino Rivadavia”…, ejerce de vicecónsul del Gobierno con sede en Barcelona”, (es decir, republicano).

En el sumario, se acusó a Suárez de asistir y prestigiar con su presencia, actos públicos organizados por partidos políticos de tendencia izquierdista y grupos antisociales, cuyo objeto confesado es procurar ayuda al pueblo español y adherir al Gobierno republicano. También se decía que apoyaba conferencias “pronunciadas por sujetos tales como el sacerdote apóstata Basilio Álvarez,  a quien el mencionado profesor Ramiro Leoncio Suárez, como presidente de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, ha prestigiado públicamente en la misma ciudad de Villa María, donde ejerce sus cátedras”. Basilio Álvarez era un sacerdote, periodista y político español, vinculado al movimiento agrario gallego, exiliado en Argentina.

Injusta exoneración

Si bien se le hacen las referidas acusaciones, en ningún momento se pone en duda su prestigio como docente, sí se le cuestiona una supuesta incompatibilidad entre sus “acciones como representante del Gobierno español” y su trabajo como profesor. Por entonces, el abogado Jorge de la Torre ejercía como ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación. Este funcionario no solo realizó una persecución política de todos los docentes considerados comunistas, sino que también fue el autor de un decreto mediante el cual prohibió los centros de estudiantes en el nivel secundario.

El expediente termina con una resolución que en su primer artículo manifiesta “cancélese la autorización para el ejercicio de la enseñanza incorporada al señor Ramiro Leoncio Suárez, quien deberá cesar en las cátedras que dicta….”. Luego, se manifiesta que debe comunicársele al director del Colegio Nacional de Córdoba que corresponde “la sustitución, en las comisiones examinadoras, de Suárez por el director del Rivadavia Dr. Antonio Sobral”. El documento está firmado por “A. García Elorrio”.

Sin lugar a dudas, que lo retiraran de las aulas fue un trago amargo para el maestro, pero también significó que le llegaran muchas muestras de afecto desde diferentes lugares del país.

En marzo de 1944, Ramiro Suárez responde una misiva que le había enviado su exalumno Leopoldo López, de la ciudad de Córdoba. Allí le agradece “su cariñosa carta” y sus palabras que “…con su significado, son un lenitivo para mis preocupaciones de la hora actual, en las que cosas materiales se mezclan con las del espíritu, entenebreciendo la hermosa visión de los ideales que, pugnando con lo utilitario, quieren ascender a las elevadas regiones del sentimiento, por entre lo que no apega a la prosa del diario vivir”.

Esa carta que le mandó López fue una de las tantas que, durante años, recibió Suárez. En ellas se le reconoce capacidad como docente, rectitud y se le propina mucho cariño. En otro párrafo, Ramiro Suárez le dice a López que no se arrepiente ni rectifica nada de “aquellas 14 conferencias en las que dije, como supe, de las excelencias de la libertad y de la democracia, me han servido para aprender que en estas tierras de libertad es un pecado grave sentir, hondamente, amor a las cosas santas y humanas. Peor para ellos, para quienes tienen horror a la luz y a la verdad. Yo ya lo dije en un día memorable: entre la dignidad y el pan, no he dudado un momento. Por eso cumplí mis deberes de entonces, aún sabiendo que en ello podía irse mi tranquilidad y el pan de cada día. Así ha sucedido”.

El 9 de julio se cumplirán 90 años de la fundación del Hogar de Ancianos, sería una buena oportunidad para que el busto de Suárez regresara a su pedestal.

*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTAA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Fuente: www.eldiariocba.com.ar