Un 20 de agosto de 1906 nacía en Buenos Aires José María Rosa. Abogado, historiador, catedrático, diplomático y, sobre todo, un hombre que dedicó su vida a discutir una historia argentina que durante décadas había sido contada desde la mirada de sus vencedores.
Murió el 2 de julio de 1991, pero dejó una obra que todavía incomoda porque obliga a volver sobre muchas de las verdades que durante generaciones se enseñaron como indiscutibles.
Una historia distinta
Rosa entendió que la historia no podía reducirse a fechas, batallas y nombres de presidentes. Detrás de cada acontecimiento había intereses económicos, conflictos sociales, luchas por la soberanía y proyectos diferentes de país. Por eso puso en el centro de sus investigaciones a los sectores populares, al federalismo y a los hombres que habían sido condenados por la historiografía oficial. Y entre ellos, fundamentalmente, a Juan Manuel de Rosas.
Para José María Rosa, la condena histórica a Rosas no podía explicarse únicamente por supuestos excesos de poder En su interpretación, había una cuestión mucho más profunda: Rosas había enfrentado intereses extranjeros y defendido la soberanía argentina en un momento en que las potencias europeas pretendían imponer sus condiciones en el Río de la Plata.
Por eso Rosa sostenía que la verdadera razón de aquella condena estaba vinculada con la defensa de la soberanía y con el carácter popular del federalismo rosista.
Contra la historia oficial
Rosa no aceptaba una historia escrita exclusivamente desde Buenos Aires, desde las academias o desde la mirada de las élites vencedoras. Buscó documentos, revisó archivos y reconstruyó episodios que habían quedado relegados.
Su trabajo sobre Rivadavia, Rosas, la guerra del Paraguay, la independencia económica y las relaciones con las potencias extranjeras apuntó siempre a una misma pregunta: ¿qué intereses defendían realmente los protagonistas de nuestra historia? Esa pregunta atravesó toda su obra.
Después del golpe de 1955, la persecución política también alcanzó a quienes sostenían una interpretación histórica diferente. El Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas fue vigilado y sus actividades fueron restringidas. El propio Rosa fue detenido y posteriormente debió exiliarse.
Pero el exilio no significó silencio. Desde Uruguay y España continuó investigando archivos y bibliotecas, incorporando documentación que luego utilizaría en sus trabajos históricos.
Su producción fue extensa. Entre sus trabajos se encuentran Interpretación religiosa de la Historia, Defensa y pérdida de nuestra independencia económica, Rivadavia y el imperialismo financiero, La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, La caída de Rosas y, fundamentalmente, su monumental Historia Argentina, publicada en trece volúmenes.
No fue solamente un historiador de Rosas. Su mirada intentó reconstruir la historia nacional desde una perspectiva integral, poniendo en discusión la dependencia económica, la influencia extranjera y las luchas internas que marcaron la construcción del país.
Junto a Perón
En noviembre de 1972 formó parte de la comitiva que acompañó a Juan Domingo Perón en su regreso a la Argentina. Con el triunfo electoral del justicialismo en 1973 fue designado embajador en Paraguay y posteriormente en Grecia.
Para entonces, José María Rosa ya era una referencia intelectual de una corriente histórica que había logrado salir de los márgenes y llegar a amplios sectores de la sociedad argentina.
José María Rosa no escribió para quedar bien con las academias. Escribió porque estaba convencido de que un pueblo que desconoce su pasado queda condenado a repetir las interpretaciones de quienes alguna vez tuvieron el poder de escribirlo.
Su legado fue, justamente, recuperar la dignidad de una historia nacional atravesada por luchas, contradicciones, derrotas y resistencias. Y quizás por eso su figura sigue generando discusión Porque Rosa no se conformó con preguntar qué ocurrió.
Quiso saber por qué ocurrió, quiénes se beneficiaron y quiénes pagaron el precio.
A más de 120 años de su nacimiento, recordar a José María Rosa es recordar a un historiador que hizo de la investigación histórica una forma de compromiso con la Nación. Un hombre que dedicó su vida a discutir las versiones heredadas y a devolverles voz a personajes, movimientos y sectores que habían quedado del otro lado del relato oficial.
Como dijo José María Castiñeira de Dios en su despedida:
“Rosas se defiende solo”.
Y quizás esa frase también pueda aplicarse al propio José María Rosa. Porque su obra, después de tantos años, sigue hablando por él.
Fuente: Revisionismo Histórico Argentino