Por Juan Carlos Giuliani*
Vinieron a terminar con la faena de entrega, sometimiento y despojo. La que comenzaron a sangre y fuego con la dictadura genocida en 1976, continuaron en la década del ’90 con Menem y el breve interregno de De la Rúa en los albores del 2000; y que retomaron quince años después con Macri. Vinieron para exterminar los residuos de soberanía. Envalentonados en su revanchismo patronal. Y lo hicieron con el respaldo de los votos.
La ultraderecha neoliberal y cipaya, representada por el Gobierno de Javier Milei, lleva adelante una política de saqueo y entrega con más ajuste y represión que suman mayores penurias a un pueblo exhausto, apremiado por las carencias de sobrevivir con una Canasta Básica inalcanzable que no para de crecer pese a los falaces datos oficiales sobre los índices de inflación.
El colapso del sistema basado en la democracia representativa que establece la Constitución de 1853 está a la vista. Se ha denunciado hasta el cansancio que en tanto y en cuanto no se diera respuesta a las demandas urgentes del pueblo, la institucionalidad formal se agota en sí misma. La transición democrática se convirtió en una larga agonía que devino en esta democracia colonial que toma cuerpo en toda su dimensión con el resultado de la estrategia de exterminio de la justicia social a cargo de la barbarie mileísta.
El fracaso del régimen partidocrático demoliberal que terminó por desintegrar los partidos tradicionales; las frustraciones que derivaron de las experiencias “progresistas”; la falta de políticas reparatorias para una juventud dejada a la buena de Dios; el aburguesamiento de las organizaciones populares hipotecando su desarrollo al auxilio del Estado y -de paso- inflamando el clientelismo político; la autonomía rifada por sindicatos y centrales obreras; el culto al “posibilismo” en resguardo del status-quo para que no venga la “derecha”; la calamidad de la inflación, bajos salarios, precariedad laboral, corrupción; y la infamia del hambre y la pobreza germinaron la aparición de este fenómeno de fascismo y sinrazón que profundiza la desigualdad social bendecido por los votos de sus propias víctimas.
Frente al desencanto y desconcierto de la militancia, es imprescindible seguir fortaleciendo lo colectivo por el mismo camino de organización, debate, autogestión y formación que se viene recorriendo, accionando permanentemente para estar en mejores condiciones de enfrentar los desafíos que impone la nueva etapa signada por la restauración oligárquica, reivindicando los principios de autonomía, libertad y democracia sindical.
No fuimos, no somos, ni seremos complacientes con los que planifican la miseria del pueblo.
Rodolfo Walsh lo decía con todas las letras en su impecable Carta Abierta a la Junta Militar del 25 de marzo de 1977: “En la política económica de este gobierno debe buscarse no solo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.
No lo hicimos antes y mucho menos ahora que gobiernan los negacionistas del terrorismo de Estado y apologistas del genocidio: No vamos a traicionar la memoria de nuestros 30.000 compañeros que vivieron, militaron y murieron por una Patria Liberada. Vamos a seguir peleando por esas banderas, desenmascarando a los farsantes y confrontando con los que quieren atrasar el reloj de la historia.
*Periodista. Escritor. Congresal Nacional de la CTA Autónoma en representación de la provincia de Córdoba