Crisis adentro

Es ahora o nunca. Resulta imprescindible sumar manos, esfuerzos, voluntades para contribuir al bien común. Sobre todo de los que menos tienen. Corazones solidarios que frente a la profundización de la crisis social, responsabilidad del Gobierno Nacional y sus aliados provinciales, puedan colaborar en los centros de asistencia a los sectores más humildes de la población.

Por Julia Giuliani*

Conforme se deterioran los indicadores socio económicos, se multiplica la cantidad de niños y niñas que asisten a los centros comunitarios en busca de la merienda o el almuerzo y cena diarios. El 41,2% de los niños del país vive en estado de pobreza estructural, lo que representa a unos 4,7 millones de chicos cuyos padres no tienen ingresos suficientes para vivir, están mal alimentados, duermen en casas sin agua potable o cloacas, tienen problemas para acceder a la educación y escaso nivel de atención sanitaria.

La situación se agravó en los últimos años. Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA): mientras que en el 2017 el 37,1% de los niños en Argentina estaba alcanzado por esta pobreza estructural, en el 2018 esa cifra llegó al 41,2% de menores cuyas familias no solo tienen ingresos insuficientes sino que además no están cubiertos por más de un derecho básico.

.Ante el agravamiento de las condiciones sociales, que han impactado de manera sustancial en la vida de los sectores populares, muchos de los merenderos han decidido redoblar los esfuerzos y brindar también una comida diaria como paliativo a una situación extrema, porque es injusto ver tantos chicos con hambre.

Las organizaciones libres del pueblo han sabido construir a lo largo y ancho del país una red solidaria de merenderos y comedores comunitarios para darle una batalla sin tregua al desamparo, la miseria, la soledad de los que sufren el olvido y la humillación por parte de los gobiernos de turno.

Muchos de esos sitios necesitan una mano tendida para ayudar a que los pibes y pibas de las barriadas populares tengan la contención social que merecen y se alejen de la tentación de la droga que los llevará al hospital, a la cárcel o a caer víctimas del “gatillo fácil”.

Marcela Rodríguez coordinadora del Movimiento de Acción Popular (MAP-CTA), comentó a RETRUCO que “la situación es compleja antes dábamos la leche ahora hemos ampliado en algunos de los 27 merenderos dando almuerzo o cena. No se llega con los insumos porque el Estado nos entrega poco y hay que hacer autogestión para poder llenar las panzas que ahora son de familias que van a comer”.

Rodríguez remarca la preocupación que genera que mucha gente “no posee calzado ni abrigo ni mantas para poder sobrellevar las bajas temperaturas, desde la organización recolectamos para poder llegar a niñxs y ancianxs. Realmente es muy triste ver cómo se vive la crisis en los barrios, no hay trabajo ni siquiera changas, por eso no sólo tratamos de alimentar a familias enteras sino de dar contención y amor, para lograr que nuestra niñez no se vulnere aún más, indigna y nos parece una inmoralidad ver lo que este gobierno está haciendo”.

La educación es un arma fundamental para que reine de una buena vez en nuestro país la noble igualdad. Las condiciones que tienen los sectores más desprotegidos de la sociedad para vencer la ignorancia -madre de la injusticia, la explotación y el desclasamiento- son precarias, insuficientes, limitadas. Muchas veces la escuela, más allá del esfuerzo y dedicación de docentes y auxiliares, termina siendo un depósito de chicxs que concurren para mitigar el hambre con un plato de comida del PAICOR.

Ni que hablar de las fallas en materia de infraestructura: Mampostería, calefacción, mobiliario, elementos para hacer deportes, que generalmente son escasos o faltan en los establecimientos educacionales de la periferia. Por eso es tan importante brindar ayuda escolar a los pibes y pibas de las barriadas.

Manuel Schneider de Granja Siquem, institución con 25 años abrigando la infancia, mira con preocupación la situación actual. Consultado por RETRUCO, Manuel reflexiona sobre la crisis hoy y como golpea fuerte en los barrios: “Somos un pueblo con más de 500 años de injusticia, despojo y opresión que con el tiempo se conforma y es un acostumbramiento del cual hay que pelear para salir. A veces, la injusticia se transforma en bronca, si bien en 500 años hemos tenido algunas primaveras de esperanzas y alegrías que permitieron levantar la cabeza y tener esperanzas; hoy la situación es muy dura es de incertidumbre, desesperanzas y tristezas, y el pueblo, pueblo pobre que siempre tiene esperanzas porque tiene fe de que la cosa se puede cambiar”.

En la periferia se vive en una situación límite y las organizaciones sociales tratan de sostener a la gente para que no haya violencia por el hambre. La crisis se profundiza día a día y ahora ingresan las personas que se quedan sin trabajo y sin el sustento no les queda otra opción que acudir a los comedores y merenderos para alimentarse. El Estado –Nacional, Provincial, Municipal-  tiene que involucrarse, dejar de hacer diagnósticos de una realidad que todos conocemos a la perfección, y estar presente para cubrir esas necesidades.

“No encuentro en las políticas públicas actuales, ni en sus dirigentes políticos, motivación o señales que den esperanzas… hoy las políticas son crueles para el pueblo y privilegiadas para algunos. Creo también que es un llamado de atención a los dirigentes porque no estamos mostrando señales de salida ni alternativas reales porque sino no tendrían ese grado de quietud y desesperanzas que los inmoviliza. Este es un momento de unión, de testimonios que ayuden a volver a creer y luchar porque se acabe este invierno eterno y que aparezca otra primavera que permita volver a salir adelante”, remató Schneider.

La primera necesidad es la alimentación, antes era ropa, pero ahora hay gente que no come.Existe una crisis que está golpeando a todos los sectores, pero las barriadas humildes son las más perjudicadas. Se acabaron las changas, las obras están paradas, se recortan los días de trabajo y los ingresos.

Si el Gobierno no incrementa los niveles de ayuda social y extiende los beneficios a los cientos y miles de trabajadores y trabajadoras que la crisis va arrojando a la calle, si no resuelve el tema del hambre, el conflicto social va a crecer.

Los movimientos sociales resisten como pueden mientras siguen construyendo organización y unidad en la calle, que es el lugar donde se da la pelea por la justicia social.

*Periodista. Secretaria de Relaciones Institucionales de la CTA Autónoma Regional Río Cuarto. Secretaria de Prensa y Comunicación de ATE-Río Cuarto

Ilustración: Jericles

Fuente: www.retruco.com.ar