Por Alejandro Manuel Charra*
Este es un hombre cuyo plato de comida para él y su familia todos los días no es una incertidumbre, un hombre que tiene un techo sobre su cabeza y que puede educar a sus hijos e hija. Si este hombre se quedara en el molde, tal vez, la pasaría un poco mal como lo estamos pasando la mayoría de los asalariados en este momento del país, pero, muy probablemente, no tendría mayores sobresaltos.
Pero este hombre eligió levantarse todos los días de su vida a construir un país en el que lo que él y su familia tienen más o menos asegurado sea una realidad para los miles y miles de argentinos y argentinas que no tienen ni siquiera lo más básico.
¿Es este hombre una especie de Santo?
No, para nada! Es terco, medio hincha pelotas y se podría decir que es un poquitito altanero. En los casi 20 años que lo he conocido hemos tenido muchas opiniones encontradas, muchos disensos, discusiones y alguna que otra chicana de esas que van al tobillo.
Lo que este hombre es y en lo que lo he visto convertirse y superarse a lo largo del tiempo es un dirigente que trata todo el tiempo de estar a la altura de las circunstancias y afrontar las responsabilidades, que él mismo se comprometió a asumir de la manera más cabal y con la mayor entrega de sus capacidades humanas.
Este hombre el jueves fue a buscar a un funcionario del gobierno municipal de la ciudad de Córdoba Capital, un funcionario cuya cartera maneja un presupuesto que se supone debe estar puesto al servicio de ayudar a los que menos tienen, un funcionario que ayer durante su horario laboral no se encontraba en su lugar de trabajo a pesar de que el dinero de nuestros impuestos le está pagando el sueldo. Ese funcionario estaba haciendo campaña proselitista porque está postulado a diputado nacional en las próximas elecciones.
Este hombre, nuestro hombre, el que no es un santo, ese que es medio hinchapelotas, fue hasta la repartición de este funcionario que se ausenta de su trabajo, acompañado de un grupo de compañeros y compañeras de los barrios para pedirle que asista con alimentos y otros menesteres las necesidades de los comedores comunitarios que en esos barrios le ponen un pequeño parche al hambre que estos gobiernos de ajuste, de deshumanización del pobre y sistemático odio por los que menos tienen les imponen a las mayorías populares solo en pos de enriquecer a un muy reducido grupo de empresarios y especuladores financieros que no se preocupan ni un poquito por este país, por esta ciudad ni por su pueblo.
Al funcionario no lo encontró, como ya hemos dicho, lo que encontró fue, por lo menos, una centena de policías de la guardia de infantería listos para dar la única respuesta que quienes nos gobiernan pretenden darle a la protesta social. Respuesta, además, que no es más barata, que no cuesta menos dinero de los ciudadanos, que realmente atender a los justos reclamos de aquellos que en todo el país no tienen asegurado los medios suficientes para llevar adelante una vida digna.
A este hombre y quiénes lo acompañaban, que ejercía, un derecho constitucional a peticionar, a expresarse y a ocupar el espacio público le respondieron con palos, con golpes, con violencia y a 15 de ellos, entre ellos a este hombre, al que además en el proceso de reprimir le produjeron la luxación de un codo, se los llevaron presos.
A 14 de los 15 detenidos los liberaron anoche a la madrugada. Entre ellos, quiero resaltar, se encontraba un trabajador de prensa debidamente acreditado que solo cumplía con su trabajo y al cual las leyes protegen del accionar que llevó adelante la policía durante la represión, o por lo menos eso dicen en los papeles.
Pero a este hombre no, a este hombre no lo liberaron y lo mandaron a una celda en la cárcel de Bower, por lo que representa por todo el reclamo que él simboliza para miles de aquellos que el Partido Cordobés y su eventual socio, el Gobierno Nacional, quieren tirar por la borda como si de basura se tratase y no de seres humanos.
Para ponerlo blanco sobre negro, un funcionario que no funciona al que se le paga muy bien y con recursos del pueblo mandó a reprimir y a encarcelar a un hombre que salió a buscar comida para aquellos que la necesitan por más que él no sea uno de los que la necesita.
Les pido por favor que reflexionemos sobre esto. ¿Tan bajo vamos a caer como sociedad? ¿Tanto vamos a ver subvertido el orden moral de nuestra pobre humanidad? ¿Que aquellos que obran mal, van a ser los que juzguen y acallen las voces de los hombres de bien que ven al prójimo sufrir y no miran para un costado? ¿Tal será nuestro destino como sociedad? ¿Vivir en un lugar dónde los mediocres, los ventajeros y los alcahuetes juzguen a los hombres de bien? Pensemos por favor en qué sociedad estamos construyendo.
Este hombre se llama Federico Martín Giuliani y además de ser el Secretario General de ATE y de la CTA de la provincia de Córdoba, es un hombre decente y no merecía ser sacado en un patrullero de los tribunales como si fuera un delincuente. Porque no es un delincuente. Porque estaba haciendo uso de un derecho constitucional y porque además lo estaba haciendo en ocasión de no ser indiferente ante las necesidades que están pasando muchos y muchas cordobeses y cordobesas.
Cómo también lo hacen desde el lugar de cada uno miles de dirigentes tan honestos como anónimos que construyen todos los días las organizaciones que tratan de contener lo que el sistema quiere olvidar.
Inmediata libertad y absoluto sobreseimiento para Federico Giuliani. No vamos a negociar la dignidad.
*Paritario de ATE Córdoba del Personal Civil de las Fuerzas Armadas