Por Jesús Chirino*
Nombrar calles y barrios de la ciudad
En el último mes del año 1954, el Gobierno municipal de Villa María, peronista, promulgó una norma legal municipal nombrando más de ochenta calles y dieciséis barrios de la ciudad. Fue a través de la Ordenanza 949, aprobada por el Poder Legislativo local el 10 de septiembre de 1954. Al pie de esa norma legal, junto al sello redondo que reza “Concejo Deliberativo Municipal – Villa María”, se estamparon las firmas de Luis A. Moyano, secretario, y José Salvador Rodríguez, presidente del Concejo. Tres días después, fue promulgada por el intendente José Perazolo, quien la firmó junto a su secretario Raúl E. Perazolo.
Muchos de aquellos nombres asignados a barrios y calles locales aún persisten, otros fueron retirados cuando el peronismo fue derrocado mediante un golpe de Estado en 1955. Entre todos los nombres impuestos a las arterias viales de la localidad, quiero recordar que una calle fue designada en honor a un héroe leal al poder constitucional en un intento de golpe de Estado contra el gobierno liderado por el presidente Juan Domingo Perón, en 1951.
Al inicio de la ordenanza se señala, en su artículo primero: “Desígnase con los nombres siguientes, a las calles del municipio que a continuación se expresan”, y, casi al final de esa primera página, aparece el siguiente texto: avenida Sargento Fariña: a la avenida Costanera, desde Presidente Perón (actual calle Buenos Aires) hacia el oeste”. Es decir, frente al Polideportivo, el Reloj de Sol que recuerda a los desaparecidos, el monumento al Indio Ctalamochita, etcétera.
Con la idea de matar a Perón
El levantamiento militar tuvo lugar el 28 de septiembre de 1951 y Miguel Ángel Fariña fue protagonista. Debo aclarar que en muchos lugares su apellido es mal escrito y suele ponerse Farina (cambiando la Ñ por una N), pero Norberto Galasso, en su obra “Los Malditos” no proporciona datos certeros acerca de este hombre. Allí se dice que nació el 20 de agosto de 1925. Cuando tuvo la edad suficiente, se incorporó a las filas del Ejército donde destacó “por sobresalientes condiciones profesionales, firmes conceptos, gran espíritu militar, claras convicciones y valor profesional”.
En septiembre de 1951, con el grado de Cabo Mayor, cumplía su deber en el regimiento de Tanques C8, con asiento en Campo de Mayo. El día del intento de golpe de Estado ese regimiento fue tomado por un grupo de oficiales que respondían al general Benjamín Andrés Menéndez, quien lideraba la sublevación. Este militar era tío de Luciano Benjamín Menéndez, quien luego sería un criminal condenado por delitos de lesa humanidad.
El plan de los desleales era asesinar al presidente Perón cuando, por la mañana, ingresara por la puerta 8, que se hallaba a cargo del capitán Alejandro Agustín Lanusse, quien también integraba el complot del cual formaban parte, entre otros, los capitanes José Daniel Iglesias Brickles, Rómulo Menéndez, Uriburu, Alsogaray y Béccar Varela, el brigadier Guillermo Zinny.
Trastocó todo la llegada del segundo jefe, teniente coronel Cáceres, quien se mantuvo leal al orden constitucional. Contando con la colaboración de otros oficiales defiende el lugar y se produce un enfrentamiento. El capitán Iglesias Brickles avanzó exigiendo la rendición de los militares leales.
Acto heroico del militar
En su libro, Galasso rescata el testimonio del tanquista Marcelino Sánchez, quien señala que, al avanzar los sublevados, “no sabían que tenían enfrente a un suboficial peronista muy corajudo: Miguel Ángel Fariña. Cuando el tanque se nos vino encima, Fariña saltó desde la torreta y a los gritos nos dijo que no nos rindiéramos, mientras corría hacia nosotros”. Ante la actitud heroica de Fariña, Iglesias Brickles lo balea, ingresándole un proyectil en el pecho. Sánchez contesta el fuego acertándole en el pecho a Brickles y corre a auxiliar a su compañero Fariña. “A nuestro lado –recuerda Sánchez– Fariña se arrastraba ensangrentado. Se puso de rodillas ahogándose en su sangre y gritando: -No se entreguen, muchachos. Viva Perón… Lo tomé de la cabeza y le dije: -No es nada, Fariña viejo. No es nada… traté de animarlo. Así, arrastrándose llegó hasta la vereda de la galería de la cuadra donde murió”. A Brickles lo llevaron al Hospital militar y logró salvar su vida. “Esa actitud heroica de Fariña cambió la situación” –recuerda Sánchez–. Los golpistas iniciaron el retroceso hasta su rendición. Poco después, el golpe estaba totalmente controlado.
A los 26 años, “el cabo mayor Fariña había pagado con su vida por ser leal a su pueblo” concluye Galasso.
En todos lugares, Fariña aparece nombrado como sargento, el grado que sigue al de cabo mayor que tenía en el momento de su muerte. Es probable que el Ejército le otorgara el adecento postmortem. Aunque la costanera de Villa María ya no lleva su nombre, en el país hay calles, barrios y esculturas que lo recuerdan. Es así, por ejemplo, en Hurlingham, Bahía Blanca, Tucumán, Loma de Zamora, Córdoba capital y Avellaneda.
En el número 8 de la revista “Mundo Peronista”, del primer día de noviembre de 1951, apareció un poema dedicado a Fariña. La autoría del mismo pertenece a Enrique Olmedo, quien firmó con el seudónimo de “Zoilo Laguna”. Los primeros versos de ese poema dicen:
¡Guapo el cachorro! Canejo!
Diese andina pa´la muerte
Como semejante disprecio…
¡Tirándoles con la vida
a los traidores del pueblo…!
¡Guapo el cachorro…! Sin duda
De su misma laya jueron
Los que a punta de tacuara
-Pa defender nuestro suelo-
¡Iban dejando a jirones
Tiritas de su pellejo
¡Que ansina se´’a hecho la Patria…!
¡Ansina…! Ansina con hombres d’estos.
*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Ilustración: Raúl Olcelli
Fuente: www.eldiariocba.com.ar