Patria o Colonia

Por Juan Carlos Giuliani*

El 9 de julio de 1816 los congresales reunidos en Tucumán aprobaban la Declaración de la Independencia de nuestro país de España y, diez días más tarde, el 19 de julio, el diputado por Buenos Aires Pedro Medrano hizo aprobar un agregado a la fórmula de juramento que decía: “y de toda otra dominación extranjera”.

Para el General San Martín se trataba de un requisito indispensable para su plan de iniciar una ofensiva en gran escala para liberar otras regiones de Sudamérica. San Martín, Gobernador de Cuyo, desde su campamento de Mendoza donde se encontraba alistando el Ejército Libertador, cumplió un rol esencial a través de cartas que envió a Tomás Godoy Cruz, diputado por la provincia de Mendoza, para que, ni bien instalado el Congreso, procediera sin más trámite a declarar la Independencia de España y de toda potencia extranjera.

El poder –amplificado por los grandes medios de comunicación– reproduce a diario falsas polarizaciones que contribuyen a sumar confusión a la desorientación reinante, desvían la mirada hacia cuestiones secundarias y escamotean el debate de la contradicción principal que, hoy como ayer, sigue siendo Liberación o Dependencia.

Esas disyuntivas tramposas no dan cuenta de la concepción fundamental de la dialéctica, en el sentido de que en la naturaleza todo está en un constante estado de cambio, que este cambio se produce a través de una serie de contradicciones y que es imperioso distinguir correctamente aquellas de tipo secundarias de la principal.

Las organizaciones populares y el conjunto de la militancia están atravesados por falsas opciones que eluden la discusión de fondo para resolver los problemas que aquejan a nuestro pueblo y sojuzgan a la Nación: El hambre, la pobreza, el salario, la inflación, la precarización laboral, la Deuda Externa, la crisis sanitaria, el saqueo de nuestros bienes naturales.

Permanecer enredados en el laberinto impuesto por la agenda mediática del poder retrasa la unidad del campo del pueblo e impide evaluar con claridad las sendas que conduzcan hacia la Segunda Emancipación de nuestra Argentina.

El análisis binario de la realidad es funcional al ideario gatopardista que campea desde el inicio de la transición democrática. “Cambiar algo para que nada cambie”, he allí la viga maestra de la construcción de un relato posibilista y de resignación, que hace del doble discurso el pan nuestro de cada día.

Ni los grandes monopolios industriales y agropecuarios ni los beneficiarios del saqueo de las privatizaciones fueron tocados en la médula de sus intereses. El modelo productivo depredador de los bienes comunes y la injusta matriz de distribución de la riqueza permanecen intactos desde la reinstalación de la democracia. No acometer a fondo esa realidad para removerla de raíz abriendo las compuertas a la participación y organización popular, constituye uno de los pecados capitales en los que han incurrido los gobiernos “progresistas” de aquí y de otros países de la región.

En el mismo lugar donde se juró la libertad e independencia de las Provincias Unidas, el topo libertario y la caterva de gobernadores “dialoguistas” cómplices de la miseria planificada perpetrada contra el pueblo firmaron en julio de 2024 el “Pacto de la Dependencia” y, con ello, consumaron un acto de infame traición a la Patria. El texto que hizo firmar el Gobierno ultraderechista de Milei a sus amanuenses en ninguno de sus 10 puntos menciona la pobreza -que sufre más de la mitad de la población- ni el hambre, ni la salud, ni nada que pueda mejorar el nivel de vida de la mayoría.

A 209 años de la Declaración de la Independencia, el pueblo de abajo, insumiso, pese a las traiciones y la infidelidad de los de arriba, no deja de dar pelea para resembrar la justicia social y transformar la democracia colonial en otra de signo nacional, popular y revolucionaria.

Hoy, como ayer, la lucha sigue siendo entre Patria y Colonia; Imperio o Nación.

*Periodista. Escritor. Congresal Nacional de la CTA Autónoma en representación de la provincia de Córdoba