Con aumentos del 3,6% en la primera quincena de marzo, la canasta de alimentos se resiente una vez más y el bolsillo de los trabajadores no da abasto. ¿La “solución”? Comprar menos.
Por Gabriel Marclé
Son las 8 de la mañana y los supermercados empiezan a recibir a sus clientes que aprovechan la primera luz del día para sacarse el peso de encima. Si, un peso porque salir de compras se convierte cada vez más en un trastorno. Que llevo este porque es más barato que este, que no compro esto sino me quedo sin plata para pagar la luz, que más vale compro los fideos en lugar de la carne. Todo es una suma de preguntas, especulaciones, planes estratégicos, de esos que venden en los programas de la mañana, cuando se desgastan los “consejos para comprar más y más barato”.
En los últimos días se habla mucho de esto. Por ejemplo, la asociación Consumidores Libres elaboró un informe en el cual revela que los precios de su canasta seleccionada de 38 artículos tuvieron un aumento de 3,62% en la primera quincena de marzo, lo que representa una suba acumulada de 11,46% desde el 1 de enero. Este estudio se hizo en base a determinadas zonas del Gran Buenos Aires. Pero en Córdoba, el Índice de Precios al Consumidor Córdoba marcó un aumento del 3,8% para todo el mes de febrero, mientras que el Indec a nivel nacional se acercó al 3,8%.
¿Que está pasando con estos números? Bueno, el dolar subió, pero también bajó. Sin embargo, el proceso se explica mejor a través de la especulación. Sino, como entender que desde el viernes a hoy, varios productos en los supermercados y mercados barriales de la ciudad sufrieron aumentos. “Hay productos que están 5, 6 o 7 pesos más caros que el viernes pasado”, dijo a RETRUCO una vecina de Río Cuarto que salía de comprar en el popular super de Belgrano y General Paz. Parece que en las últimas horas llegó el mensaje que ordenaba “remarcar”, por ejemplo, en lacteos, harinas, hasta en la carne procesada.
Esos vecinos que llegan al supermercado bien temprano, por lo general, son jubilados, y sabemos que la están pasando mal, con lo justo. Se sorprenderán con la suba en tal o cual cosa, pero se resignarán a finalizar la operación, aunque con uno o más productos menos. Uno de los abuelos llamó la atención al salir con su “changuito” a la mitad. Señaló los productos que llevaba y dijo: “Acá hay 1700 pesos en el carrito y para llenarlo necesitaría 1000 pesos más. Se hace difícil. Está todo más caro. Dos veces por mes hacemos las compras y compramos hasta donde podemos. Con 1000 pesos no se hace nada”, finalizando con un “antes estábamos mejor”.
Con esa frase del final no habló de lo que dejó el pasado, de “lo que se robaron” ni de “la esperanza” con la que les solicitaban afrontar el día a día entre “tarifazos” y remarques. En esa frase habla de un dato objetivo de su realidad, esa en la que podía llenar el carrito que ahora solo ocupa hasta la mitad.
Los vecinos no se explican el gastar lo mismo llevando sólo “lo básico”, como dicen. Con ese término, “básico”, en realidad se quiere decir “lo mínimo para vivir en condiciones”. Comida, principalmente. “Compré carne, pero mucho menos que antes”, dijo otra de las consultadas a la salida del super. Y claro, cómo va a comprar carne si su jubilación subió mil pesos pero comprar un kilo de bifes le cuesta más del doble que hace cuatro meses. Esto es un dato que revela también el INDEC, subiendo más del 30% en tres meses, cuando en todo el año 2018 había aumentado un 40%.
Al repreguntar el por qué comprar menos, la vecina responde: “Estamos muy escasos de todo. La luz, el gas, todo complicado. La garrafa vale 300, la luz está $1500, de ahí no baja”. Y claro, de esa no se salva nadie. Pero, ¿se está normalizando elegir entre comer y pagar servicios? ¿Es parte del versito de “antes viviamos por encima de nuestra capacidades” o que “al país lo sacamos adelante trabajando”?
El presidente Mauricio Macri expresó en su última entrevista que el kirchnerismo “nos generó una aparente calidad de vida”. Señor presidente, si la calidad de vida era aparente, genere una mejor. Y si lo está intentando, el esfuerzo no se estaría notando. Solo al mirar las góndolas, pueden notarse los dientes afilados de esos números que están dispuestos a comerse el bolsillo, furiosos con ese trabajador/consumidor, responsable de no aceptar la realidad de la vida que le vendieron como “aceptable” y se convirtió en “inmerecida”.
Fuente: www.retruco.com.ar