Por Omar Isaguirre*
Sostuvo tal afecto filial por Río Cuarto que jamás habría entintado su pluma en contra de sus hechos o su gente. Por el contrario, su misión de escriba estuvo dada para narrar cuanto suceso lejano, o más cercano, le permitiera exaltar el heroísmo y la grandeza del latir riocuartense. Alguna vez afirmamos, desde estas mismas páginas, que Libio Cónsole (1912-1996) fue “una memoria que eternizó la Ciudad vieja”, esa misma aldea común que lo vio nacer el domingo 3 de marzo de 1912.
Hoy, releyendo las páginas de su legado intelectual, no podemos menos que reafirmar aquel atrevido rótulo. Sus narraciones, sus crónicas históricas, sus misceláneas, abarcaron una diversidad llamativa de temas, fueran ellos sociales, políticos o deportivos. Casi nada le fue ajeno al momento de evidenciar lo que entendió virtuoso y digno de memorizar.
Así pasaron por las columnas de los principales diarios locales aquellos episodios determinantes del nacimiento, la formación y el desarrollo del espíritu y el ser del “Imperio”, un mote ostentoso y telúrico que don Libio utilizaba recurrentemente para enraizar el pasado ciudadano. Por si alguna duda quedara identificó a cientos de sus artículos con el seudónimo “Imperialista”, sobrenombre que, al precio de postergar su apellido, lo halagaba sobremanera. No pocas veces disfrutó de que se hablara en su presencia sobre ese anónimo, sin que el ocasional interlocutor lo reconociera.
Por sus hábitos creativos la caracterización biográfica lo resume como “periodista e historiador”. En verdad lo fue. Afincado en la prensa gráfica, sus indagaciones se concentraban en crónicas históricas en las cuales al recordatorio fiel le adicionaba la vivencia personal propia o la de algún circunstancial testigo de época. No estuvo en su imaginario empírico hacer una historia sistematizada ni académica; en el mejor de las casos optó por la cronología o la “serie” de notas, entregas por capítulos como si del antaño folletín se tratara. Los epígrafes “Grandes de la Historia Argentina en Río Cuarto” o “Cosas de nuestro ayer” o “Figuras y cosas del fútbol riocuartense”, por precisar casos, nos retrotraen a esa forma tan suya de investigar los acontecimientos con fuente en libros selectos, autores confiables, algunos documentos e, incondicionalmente, el testimonio de los diarios.


Don Libio Cónsole en el Primer Congreso Provincial de Tranbajadores de Prensa del Cispren. Hotel Crillón de la ciudad de Río Cuarto, junio de 1984.
Estaba seguro don Libio de que “con la vida y la lectura se aprende”. Caminó impenitente su trayecto honrado, respetuoso, paternal, servicial; valores éstos que lo hicieron una persona entrañable. Con su arrobadora dialéctica verbalizaba el amor por Río Cuarto, hasta en las anécdotas minúsculas. Andariego de sus calles, la vio progresar y elevarse con admiración y nostalgia; caminar a su lado era transitar una constante de referencias infalibles, escuchar sucesos asombrosos o identificar personajes inverosímiles que afloraban entre humores y afectos.
En otro tiempo Cónsole habría sido el escribiente de una abadía, quizá el notario de cualquier Corte, pero su destino lo confortó con ser quien asentaba las cuitas en la Liga de Fútbol, o bien el perpetuo secretario de actas en la Junta de Historia, o ese consultor inevitable de cuanto folleto, edición conmemorativa o periódico inaugural dedicara un espacio a lo pretérito. De allí que para los comentarios deportivos fue “Pivot”, para los apuntes radiales en LV16 fue “Liconso”. Curiosamente, pocas veces firmó Libio Cónsole, su austeridad y sencillez no lo llamaban a personalizar el producido de tantas y tantas horas frente a la máquina de escribir. Aquel hombre del “dato” siempre oportuno no dejó libros escritos, quizá por eso notamos que está poco referenciado en las bibliografías; una deuda que es necesario saldar un día.
Arrancó en 1928 como redactor del diario “Justicia”, siguió en “La Calle”, en “El Pueblo” dejó lo mayor de su sapiencia, en tanto desde las páginas de Puntal reprisó versiones corregidas y aumentadas de su intrínseca vocación de colaborador autodidacto. Hijo de un tendero, casi no tuvo infancia; ello no impidió que creciera como activo sportman, ferroviario agradecido, esposo noble de una bondadosa Florencia Cejuela, padre de dos hijas que trajeron nietos y alegrías; numerosas instituciones del medio gozaron de su concurso responsable y comprometido.
Cuando lo nombraron Ciudadano Ilustre lloró de emoción. Repetimos lo dicho alguna vez: “A pesar de que el avance de los años lo iban desgajando de a poco, sus valores personales se mantuvieron hasta el final; aunque con menos follaje, la robustez suya está plantada en la tierra fértil de los principios y el honor; dignidad ante la adversidad, orgullo ante la ignominia, prudencia ante los juicios, indulgencia ante la duda, paciencia ante el esfuerzo, pudor ante el elogio, generosidad ante todos, protector ante los amigos”.
Su debilitada energía cedió el 31 de enero de 1996 y dejó el terruño. Desde entonces quedamos prendados con la perdurabilidad de su nombre. El barrio de los periodistas se llama Libio Cónsole como justa reivindicación. Una centuria entonces, para memorar al maestro tutelar de las crónicas imperiales, querido amigo ejemplar del periodismo, la historia y la vida.
*Periodista. Historiador. Escritor
Nota de la Redacción: El Barrio Don Libio Cónsole de Río Cuarto -que consta de 203 viviendas- fue construido por el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTAA) y entregado a sus adjudicatarios en el año 2001. Posteriormente, en mayo de 2014, se inauguró el Barrio 7 de Junio de 88 viviendas construido por la Municipalidad con el patrocinio del gremio de prensa que gestionó la compra de terrenos, organizó la demanda y acordó con el Municipio su construcción.