¿Adiós a la Córdoba industrial?

Por Matías Meragelman*

El sector industrial está tercero en el Producto Bruto Provincial y la apertura de importaciones le puede dar el golpe de gracia. Algunos mitos del “cordobesismo” y un modelo de inversiones públicas que prioriza al rubro agropecuario se combinan en la destrucción del sueño de la Isla productiva.

El imaginario colectivo se construye con creencias, pero también con mensajes que se repiten de generación en generación sin que nadie los discuta en profundad. Así, el paso del almanaque provoca que muchas veces se afirmen “verdades” cada vez con menos fundamento fáctico, casi por costumbre. La idea de Córdoba como motor industrial del país, de la Docta de los mamelucos, los gremios clasistas y el “sábado inglés” como reclamo sindical cada vez tiene más de nostalgia colectiva y menos de realidad.

En tiempos de milicias digitales, “los factos” dicen que la Córdoba industrial ya no es lo que era: hoy el sector ocupa el tercer lugar dentro del Producto Bruto Provincial y está cada día más lejos de Santa Fe y Buenos Aires como centros de producción de bienes. Y la llegada del fundamentalismo del libre mercado al poder político en el país terminó de conformar un escenario negativo para los industriales cordobeses.

La industria viene año a año perdiendo peso en el esquema productivo cordobés. Un informe de la consultora económica OTES precisa que “la Industria manufacturera era en 2011 el sector de mayor tamaño en la economía provincial, pero presentó una baja continua desde el año 2013, acumulando una caída de más de cinco puntos en su participación en el Producto entre 2012 y 2018. Eso culminó en que fuera el tercer sector en importancia en términos de la actividad económica, superada por agricultura, ganadería, caza y silvicultura, primero, y por el comercio al por mayor y al por menor, luego”.

“En los últimos años hemos destacado como OTES que ha ocurrido un cambio en la matriz productiva provincial”, explicita a revista El Sur Pablo Díaz Almada, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba y uno de los autores del informe, que pone en el centro del debate el relato del Panal sobre cómo orienta sus inversiones el Estado provincial: “Este cambio en la composición que hace que las actividades primarias sean el principal rubro de la actividad económica provincial es debido a muchos factores entre los cuales nosotros mencionamos la política nacional, pero principalmente apuntamos a la política provincial”.

“Cuando analizamos el presupuesto de la Provincia –agrega el investigador- vemos que en los últimos años creció el gasto en servicios económicos, es decir en fomentar a la actividad productiva, en particular en aquellos programas orientados a fortalecer la infraestructura necesaria para el desarrollo de la actividad productiva principalmente primaria. Lo cual se ve apuntalado por el uso de los fondos que el Estado obtiene a través de la deuda pública”.

“En concreto: observamos un destino de los fondos en construcción de rutas y caminos y en gran medida los programas mencionan que tienen como objetivo fortalecer el desarrollo productivo de ciertas áreas del interior provincial. Vemos que tanto la política de gastos como la política de ingresos en la Provincia tienen un trato preferencial para con la actividad primaria”, sostiene Díaz Almada.

De esa manera se genera un círculo vicioso: se prioriza al sector agrícola/ganadero porque genera más recursos por sus exportaciones, pero esa decisión redunda en potenciarlo en desmedro de otros sectores –como el industrial- al mejorar la infraestructura para mover su producción primaria.

Los enemigos de la intervención del Estado en la economía, que llevaron a cortar rutas reclamando por sus derechos de libre mercado, son los principales beneficiarios del presupuesto provincial a través de rutas asfaltadas que llevan sus granos desde sus haciendas hasta el puerto. Otro elemento clave para pensar el “cordobesismo” es que la producción primaria no es un rubro de mano de obra intensiva, es decir, no genera mucho empleo de manera directa y tiene tasas de rentabilidad muy por encima del promedio de la economía argentina.

Aunque las comparaciones siempre son odiosas, suelen ser ilustrativas. El estudio de OTES  hace analiza la economía cordobesa en relación a otras provincias y Córdoba vuelve a quedar rezagada: “A pesar de que autoridades y figuras políticas de la provincia intentan mostrar a través del discurso que Córdoba cuenta con una posición privilegiada respecto del resto del país, los datos muestran que la dinámica provincial es bastante similar al nivel nacional, pero que en términos de industrialización está bastante por debajo de otras como Buenos Aires o Santa Fe”, remarca Díaz Almada.

Un combo negativo

Díaz Almada marca un diagnóstico bastante crudo de la realidad industrial y de su proyección en tiempos de motosierra y desregulaciones y advierte que las medidas provinciales y nacionales conforman un combo negativo para la actividad, que se reflejan en la caída del empleo industrial registrado y un retroceso del impacto del Parque industrial en la economía provincial.

“Hoy la industria cordobesa tiene una menor participación en el Producto Bruto Geográfico Provincial. En promedio fue del 16% en los últimos 10 años, con una fuerte dependencia del complejo automotor y alimenticio y un rol mucho más subordinado en las cadenas de valor globales”, advierte. Y puntualiza en un elemento clave: la caída del empleo registrado del obrero industrial con plenos derechos laborales durante los años del “cordobesismo”.

“En los años 1996 y 1997 la industria contaba con más del 26% del empleo privado registrado en la provincia, en 2024 ese porcentaje asciende al 20%. Sumado al hecho de que hoy el empleo registrado es una porción cada vez menor de la totalidad de los trabajos en nuestro país”, advierte Díaz Almada. En otras palabras, en Córdoba hay menos trabajadores con aportes patronales y obra social y dentro de ellos los mamelucos cada vez son menos.

El investigador no evade la pregunta del revista El Sur sobre las responsabilidades de lo que está pasando en Córdoba: “Entendemos que la responsabilidad principal en este retroceso es del modelo económico nacional, que últimamente viene privilegiando la rápida obtención de divisas -más ahora con el compromiso de la deuda externa-, que promueve una estructura productiva centrada en actividades primarias exportadoras y extractivas, pero la Provincia no es ajena”.

En ese sentido, explica que “el Gobierno de Córdoba ha optado durante años por un enfoque más vinculado a la infraestructura, la atracción de inversiones y la promoción del emprendedurismo, pero faltó una política industrial integral, con mirada de largo plazo y mayor intervención estatal para sostener sectores estratégicos”.

Sobre el debate del “costo argentino” y el “costo cordobés” a la hora de producir, Díaz Almada tampoco elude la respuesta: “La política tributaria provincial —que carga con fuerte presión sobre pymes e industrias— y el endeudamiento que limitó el margen fiscal han contribuido a agravar el deterioro. Por ejemplo, mientras otros sectores recibían incentivos, la industria cordobesa quedó muchas veces relegada frente a sectores como el inmobiliario, el financiero o el agroexportador”.

“Algo similar observamos en el presupuesto público de la Provincia y en el destino de los fondos obtenidos por la toma de deuda: se potencia una infraestructura que es fundamental para el desarrollo productivo de estas actividades primarias”, indica el docente.

A pesar de los anuncios y videos de las redes sociales oficiales, la industria no es prioridad en la política económica provincial. Y los datos lo exponen claramente.

Sobre llovido, mojado

En este contexto de retroceso de la industria en Córdoba -que lleva varias décadas- el desembarco de los libertarios en la Casa Rosada consolida un escenario negativo. Los números de los últimos meses son elocuentes. El principal es la falta de empleo: con un 9,2% en el primer trimestre del 2025, el desempleo en el conglomerado urbano de Córdoba quedó en el podio de la desocupación de los 31 principales centros urbanos del país que mide el INDEC. Con un agravante: más de 200.000 cordobeses tienen un empleo, pero buscan otro porque el sueldo no les alcanza.

El economista Amílcar Collante publicó un informe que compara la realidad laboral en relación con noviembre del 2023, antes de la llegada de Javier Milei a la presidencia de la Nación. “Cuando hacemos zoom por sectores vemos que la construcción es el que más empleo perdió: en marzo de este año estaba 72.121 puestos abajo que en noviembre 2023. Le siguen los sectores textil, confecciones, cueros y calzados, con 10.784 puestos abajo; metalmecánica, con 10.048 menos y transporte, con 9.971 puestos abajo”, advierte.  La casta tendrá miedo al ajuste, pero los puestos de empleo los pierden los obreros.

En el mismo sentido el sitio “El Resaltador” puso el foco en otro elemento clave: “Un dato que sobresale en Córdoba es el alto nivel de empleo no registrado. Con el 47,7% de informalidad asalariada, nuestra provincia se ubica en el quinto lugar en el país con mayor presencia de este empleo”.

Los economistas coinciden en que, ante este panorama crítico para la industria, lo peor que le puede pasar a Córdoba es la consolidación de la actual política nacional de apertura de importaciones: “Va a impactar en las industrias de todo el país. Córdoba tiene un perfil industrial que se ve directamente afectado por la competencia externa, sobre todo en ramas como la metalmecánica, autopartes y maquinaria agrícola. La apertura indiscriminada pone a competir a estas industrias con productos que muchas veces tienen subsidios en sus países de origen o menores costos laborales, lo que genera una competencia desleal”, advierte Díaz Almada.

Por historia, por impacto económico y por valor simbólico, el sector automotriz es siempre mirado con especial atención en Córdoba. “El futuro de la industria automotriz en Córdoba es incierto y está en riesgo. Hoy enfrenta múltiples desafíos: caída del mercado interno, apertura de importaciones, pérdida de empleos, y un modelo económico que desalienta la producción local. Si no hay un cambio en la política nacional y un rol más activo del Estado provincial, podríamos transitar un proceso de desindustrialización más profunda. Además, la transición hacia nuevas tecnologías (autos eléctricos, movilidad sustentable) requiere inversiones que no están garantizadas en este contexto. Sin políticas públicas que promuevan la producción nacional, el sector puede seguir perdiendo participación y arrastrar consigo buena parte del empleo industrial cordobés”, insiste el economista.

“El sector automotor registra un déficit comercial histórico en 2025, que lo convirtió en el principal demandante de divisas del año. Esto afecta directamente a Córdoba, donde se concentra entre el 25% y el 30% de la producción nacional de vehículos. Además, la crisis ya se refleja en el empleo: desde la asunción de Milei se perdió el 10 % de los puestos de trabajo automotrices en la provincia”, concluye Díaz Almada.

Sin humo

Desde lo político, por los elogios que el presidente Javier Milei suele prodigar al ex presidente Carlos Menem y el peso que el apellido volvió a tener en el Gobierno, la tentación de comparar el actual proceso con el menemismo es inevitable.  Y es que la receta es casi idéntica: dólar retrasado, apertura de las importaciones, aumento del desempleo y destrucción de la industria. Es como una remake de una historia conocida, de final previsible.

Los cordobeses saben bien lo que pasó en los ’90, no necesitan que Leonardo Sbaraglia se los cuente con un acento riojano impostado. La gran diferencia a estaría en que en los noventa Córdoba tenía un fuerte modelo industrial que se había consolidado desde la recuperación democrática.

Lo que vino después, Menem lo hizo.

Hoy los motores están apagados. Faltan incentivos provinciales y la motosierra amenaza abortar toda posibilidad de desarrollo. El humo que invocan los economistas libertarios y algunos cordobesistas no es precisamente el de las chimeneas de las fábricas.

*Periodista

Fuente: www.revistaelsur.com.ar