Karina: Una creación artificial

Por Néstor Pérez*

Se calza el vestido y no puede dejar de temblar…su marido, añejo ya en el derrotero histórico nacional, apenas puede advertir en ella un signo de inmadurez ciudadana, lo que no logra inquietarlo demasiado: será su vicepresidente en las elecciones del 73 porque él es el General Peròn, y esa mujer tenue, inepta y trémula es su esposa; no se habla más. Se obedece, como siempre fue. Se obedece porque en ese paisaje oficial hace demasiados años que está ausente John William Cooke, brillante mosca en la leche de la alcahuetería peronista.

María Estela Martínez será la primera mujer en la historia global electa por el voto popular, casi el 62 por ciento en fórmula con su marido. Hay quienes afirman que su rodaje político se limitó a mantener vivos los contactos de Perón con el entramado nacional de aquellos violentos años 70. Podría no haber sido poca cosa a la hora de ubicarla como numero dos, pero tampoco parece mucho cuando el argentino más relevante de la historia política argentina está enfermo, camino a los 80 años, y el país es una orgía de sangre y descalabro económico.

Después…bueno después Argentina desbarrancará al inframundo de la inflación, la matanza de compatriotas a derecha e izquierda y lo sufrirá en primera persona; derrocada y detenida por el sexto levantamiento cívico-militar del Siglo XX argentino.

Aquella mujer sin hijos, reputación ni competencias gobernó 632 días. Casi el mismo tiempo que otra mujer sin hijos, reputación ni competencias, en esta funesta hora nacional.

Karina Milei, relacionista pública, pastelera y astróloga (como el titiritero de Isabelita, José López Rega), llega a mandar con poder omnímodo en esta tierra sembrada de frustración y derrota colectiva, por ser quien digita la vida del presidente electo casi dos años atrás. La Secretaria General de Presidencia, cuyo presupuesto fue – junto con el aparato de Inteligencia – el más favorecido por la lapicera de su hermano, es una raza de uno; y opera en las sombras con esa tan gaseosa característica.

Amparada en las sombras es que, de acuerdo a la investigación abierta por la justicia, habría recibido sobornos millonarios para favorecer a clientes del Estado, haciendo estallar en mil pedazos la narrativa libertaria de que son distintos a la casta. Karina es como entonces Isabelita, una creación artificial; un globo de ensayo ante la ausencia de opciones. Pero mientras a aquella mujer ungida por el voto popular hace 52 años se le reprochan actos de lesa humanidad, no se le conoce fortuna malhabida, esta otra mujer – encumbrada por el dedo fraterno – parece ser la protagonista de una campaña de recaudación en beneficio propio.

Mujeres. Sin descendencia. Ninguna capacidad para gobernar. Escogidas por el que manda. Al morir, la riojana se instalará en la historia por patrimonio político heredado. La porteña, tal vez lo haga por haber acrecentado el suyo con las malas prácticas de los vulgares ladrones; como aquellos que vino a erradicar este demencial artefacto ultra.

Y si conectamos los dos siglos con dos mujeres, emergencias ambas de cada coyuntura, dejemos que sea otra la que concluya este diálogo; sobre el conflicto político y su resolución, al respecto de la etapa electoral que se abrió en nuestro país, la politóloga Chantal Mouffe dirá en La Paradoja Democrática (Gedisa,2000) que “el objetivo de la política democrática es construir de tal forma el ´ellos´que deje de ser percibido como un enemigo a destruir y se conciba como un ´adversario´, es decir, como alguien cuyas ideas combatimos, pero cuyo derecho a defender sus propias ideas no ponemos en duda”.

Sigue el cronista. Se dirá que con los ultraderechistas esta tolerancia nos revuelve el estómago, sí, de acuerdo; pero eso nos exige el momento, y nos exige el doble: Contrastar con ideario propio, regenerado y saludable, el que contenga el anhelo de las mayorías, la bestialidad obscena de un dispositivo político que no solo destruye los consensos democráticos, sino que también unta sus manos con dineros públicos amparándose en su legitimidad de origen y la ceguera selectiva del sistema judicial.

*Periodista. Ex dirigente del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTAA)