Por Adrián Camerano
La operatoria está publicada como “venta futura” en la web oficial del Estado nacional. Una gestión que, desde el minuto cero, anunció el desguace patrimonial y que, en los últimos meses, pisó el acelerador. Así, se vienen vendiendo inmuebles públicos a lo largo y ancho del país. Córdoba, por supuesto, no está ajena y, entre el puñado de tierras para las que se busca el mejor postor, sobresale la Unidad Turística Embalse, emblema del turismo social y Monumento Histórico Nacional.
Son exactos 3.155.622,69 metros cuadrados, más de 300 hectáreas, los que el Estado busca desprenderse. Pero es mucho más: hoteles, piscina, bungalows, parques, un mirador, la capilla, canchas varias y, sobre todo, la memoria de un turismo popular que, bajo el paradigma libertario, suena a antigüedad.

Aquellos años felices
Emblema del primer peronismo, el complejo fue el motor de la ciudad misma, cuna del mundialista Nahuel Molina. Perón y su ministro de Obras Públicas, Juan Pistarini, tuvieron todo que ver: idearon una unidad turística gemela de Chapadmalal, cuya construcción dinamizó la economía zonal y derivó en empleos estatales de calidad y al servicio de la clase popular. Durante décadas y hasta ayer nomás, familias de las más variadas latitudes pudieron disfrutar del turismo social, en clave de derecho al ocio y el esparcimiento. Así fue como en las escaleras, los pasillos y los espacios comunes del conjunto ubicado sobre la costa del embalse del Río Tercero se cruzaban las más distintas tonadas. Tonadas que, aunque quedaron guardadas en la memoria de esos muros y hay quien cree escucharlas, desde hace tiempo, no resuenan más.

Todo marcha de acuerdo al plan
Por estos meses, la operación mileísta es clara: mientras nos entretienen con el affaire del pendrive, se privatiza la hidrovía y se acelera el remate de las joyas del patrimonio nacional. Esta vez, no hace falta un Bernardo Neustadt que pontifique desde la tele en contra de lo estatal; las grandes corporaciones mediáticas llevan décadas machacando sobre el particular y moldeando la subjetividad de personas que votan en contra de su propio bienestar. De diciembre de 2023 a esta parte, argentinas y argentinos con escaso o nulo capital material, y trabajadores estatales empobrecidos ―cuando no despedidos o a punto de― fueron especial blanco de la estigmatización oficial. Se trata de las dos principales víctimas del cierre y venta de Embalse: porque, para rematar, hay que argumentar déficit y obsolescencia, o, simplemente, hacer creer a muchos que lo que benefició a las mayorías durante casi 80 años no es inversión, sino un gasto o algo que está mal.

Lágrimas de cocodrilo
En términos formales, el Ejecutivo desafectó el inmueble y lo puso bajo la órbita de la Agencia de Administración de Bienes del Estado. A la par, se fueron sucediendo los despidos, primero, de trabajadores precarizados vía contratos y, luego, de los 30 empleados de planta permanente. De estos últimos, el gremio ATE anunció que 19 serían repuestos, pero el panorama es turbio. Un luto que graficó el intendente Mario Rivarola, quien lloró en los medios al contar que, de Nación, no le atienden el teléfono. De nada sirvieron esas lágrimas públicas ni, hasta el momento, el proyecto de ley firmado por las y los diputados cordobesistas que busca transferir por 50 años la administración, gestión y uso de la parte operable de un complejo que sufrió deterioros y un incendio monumental. Tampoco el estatus de «Monumento Histórico Nacional» ni la innegable importancia que tiene ese complejo para la población local. La motosierra que desguaza es bruta, ciega y sordomuda, como cantaba Shakira, y a nadie escapa que la política pública de los Milei Brothers y los Sturzeneggers siempre listos aún goza de cierto beneplácito local.

El caso tiene puntos de contacto con la anunciada venta del ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio “La Perla Chica”, operación inmobiliaria que salió del mapa mediático por una oportuna medida judicial de no innovar, pero que sigue publicada como subasta futura en la web oficial.
La misma web oficial reseña al complejo de Embalse como “uno de los mayores éxitos del Primer Plan Quinquenal y de la Fundación Eva Perón en su propósito de convertir al turismo –hasta entonces, casi exclusivamente reservado a las clases altas y medio-altas– en un derecho social de toda la población del país, con especial acento en la clase trabajadora. Los muros blancos, de ladrillo visto o revestidos de piedra; los techos de tejas españolas; los revestimientos y celosías de madera, y los herrajes y artefactos de hierro forjado propios del amable pintoresquismo arquitectónico ‘californiano’ serán, también aquí, los signos elegidos para transmitir el mensaje de un Estado incluyente y benefactor”.
Imagen de portada: A/D
Fuente: www.latinta.com.ar