A 51 años de la derrota del “Rodrigazo” a manos de la clase trabajadora

La movilización obrera del 27 de junio de 1975 fue la que se cargó, para decirlo sin rodeos, a José López Rega. Aquel 27 de junio cayó viernes. La inflación se había ido al mismísimo demonio: llegaba al 80 por ciento. Precipitó la crisis la disparada del dólar paralelo.
El 4 de junio, dos días después de hacerse cargo del Ministerio de Economía patrocinado por López Rega, el ignoto ingeniero Celestino Rodrigo, a quien también deleitaba el esoterismo, anunció un plan de ajuste bestial: el peso fue devaluado algo así como 150% respecto del dólar (dólar desdoblado: el comercial pasó de 10 a 26 pesos ley, el dólar financiero se fue a 30 y el turístico a 45), los servicios públicos subieron alrededor de 100 por ciento y la nafta súper aumentó ¡181 por ciento!. La economía venía de once años de crecimiento consecutivo.
Pero, junto con la desmadrada interna peronista y la violencia política, la crisis mundial ayudó a desajustar las principales variables y empujarla al túnel de la recesión. Por cierto, la viudez de Isabel Perón tuvo un papel central en el descarrilamiento del gobierno en el que ella había arrancado como número dos. La muerte de Perón produjo un vacío de liderazgo letal.

En 1975 el Gobierno quería limitar las subas de salarios por paritarias al 38 o 40 por ciento, algo que en el contexto de la pateadura de tablero ejecutada por Rodrigo (quien tenía como materia gris al Viceministro Ricardo Zinn) se volvió absurdo. Todos los gremios rechazaron esos porcentajes. Pero, mientras los menos poderosos obtenían mejoras del 60%, los más grandes llegaban al 200%. Quedaba pendiente el trámite de la homologación, que en sentido estricto fue lo que llevó a la CGT a organizar la protesta del 27 de junio. Tiempos de verticalismo, los sindicatos decían defender a la Presidenta, pero reclamaban la cabeza de “El Brujo”.

En su libro “Perón”, el historiador norteamericano Joseph Page cuenta: “El 27 de junio, por primera vez en la historia, los obreros organizaron una marcha monumental de protesta hacia una Casa Rosada controlada por los peronistas. Las declaraciones de los dirigentes que ‘apoyaban’ a Isabel no engañaban a nadie. A pesar de las súplicas del gobierno a los gremios para que aconsejaran a los trabajadores a permanecer en sus casas y de una fuerte lluvia, la histórica plaza quedó colmada al máximo. La muchedumbre gritaba obscenidades contra López Rega (.) Los generales se unieron a la CGT y a los políticos y juntos llegaron al consenso de que el primer paso para resolver la crisis era desplazar a José López Rega. La concentración del 27 de junio resultó ser el comienzo del fin para el Rasputín de la corte de Isabel”.

El 27 de junio, el sindicalismo midió fuerzas. La CGT llamó a un paro y movilización a Plaza de Mayo. La viuda de Perón saludó desde el balcón a una concurrencia de 100 mil personas y al día siguiente se produjo el quiebre entre el Gobierno y la central obrera: Isabel no homologó los convenios y dispuso un aumento del 50 por ciento, al que se sumarían otros dos aumentos del 15 por ciento en octubre y en enero de 1976. 80 por ciento en total.
Después de días de negociaciones fallidas, la CGT decretó un paro de 48 horas para el 7 y 8 de julio. En el medio, renunció el ministro de Trabajo, Ricardo Otero, y lo reemplazó Cecilio Conditi. El paro se levantó al mediodía del 8 de julio cuando Conditi acordó con la CGT la validez de todos los convenios firmados desde el 1º de junio.

Tres semanas después la Presidenta mandaba al superministro repudiado al exterior como “embajador extraordinario”. López Rega “huía”. a bordo del avión presidencial, rumbo a Río de Janeiro. Luego se pertrechó en la residencia madrileña de Puerta de Hierro para iniciar una larga década como prófugo de la justicia, hasta 1986, cuando el FBI lo detuvo en el aeropuerto de Miami.

Los convocantes de la protesta del 27 de junio habían sido la CGT y la Unión Obrera Metalúrgica, si bien sus respectivos líderes, Casildo Herreras y Lorenzo Miguel, no participaron, porque estaban en la OIT, en Ginebra. Dirigente de la Asociación Obrera Textil encumbrado en la CGT de la mano de Miguel, a Herreras la historia lo castigó con severidad su tibieza al dejarlo asociado para siempre con su frase “yo me borro”, expresada en Uruguay el día del golpe de Estado.

Tal fue la gravitación de esa Plaza de Mayo colmada de obreros enojados con el gobierno que unos días después tuvo que renunciar el ministro de Economía Celestino Rodrigo y cayó, nada menos, el Ministro de Bienestar Social, el “Brujo” José López Rega.