Por Jesús Chirino*
Creer que somos “dueños” de la naturaleza
El proceso que llevó al surgimiento de Villa María como una población diferenciada de Villa Nueva trajo a estas tierras concepciones propias de la modernidad, la revolución industrial y demás hitos civilizatorios que promovieron la apropiación, por parte del hombre, de la naturaleza por medios de la lógica y la razón que parían conocimientos científicos y tecnológicos.
Así, por ejemplo, llegó el tren con sus máquinas de vapor, los primeros implementos agrícolas de tecnología avanzada para la época. Esto significó un impacto en el medioambiente de la región. Se talaron los montes, principalmente, para vender carbón y leña, o generar campos para la cría de animales o el desarrollo de cultivos. Esos desmontes, iniciados hace tantos años y que aún continúan, arrasaron con el bosque de ribera, que ayuda a mantener la calidad del agua del río. Otras acciones de las tantas que impactaron en el Ctalamochita son: la construcción de embalses (sin atenuación de su impacto); la introducción de especies exóticas; las urbanizaciones y la pavimentación, que acarrea varios problemas; la denominada contaminación difusa, que puede afectar mucho la calidad el agua, y sigue listado, casi interminable.
Estudios acerca del río
En las inmediaciones de uno de los vados del Ctalamochita, donde el mismo era cruzado a caballo o en carreta, estuvo ubicada la Posta de Ferreira. Algunos viajeros que pasaron por el lugar dejaron testimonio escrito acerca de las características del río, documentos que permiten tener registro de cómo lucía el curso de agua antes de la existencia de Villa Nueva y Villa María. Esos viajeros dejaron escrito acerca de las grandes variaciones estacionales del cauce de agua y cómo estaba rodeado de gran vegetación arbórea.
Otra fuente de datos son los estudios concretos acerca de la historia de la cuenca hídrica en la cual se encuentra el Ctalamochita. Entre los más importantes de estos estudios están los realizados por la bióloga María del Carmen Corigliano. En uno de ellos se ocupó de realizar un examen “de los eventos que han tenido efectos ecológicos en la subcuenca del Carcarañá”, analizando los “cambios territoriales ocurridos en la región”. Destaca todo aquello que tuvo “consecuencias ecológicas sobre los ríos”, poniendo especial atención en el Ctalamochita y el Chocancharava.
En la “era indígena”
Corigliano toma la división de la historia argentina que realizó el historiador José Luis Romero en su libro “Breve Historia de la Argentina”, diferenciando las etapas: “indígena”, “colonial”, “criolla” y “aluvial”. Al analizar los acontecimientos desarrollados dentro de cada uno de estos períodos, aplica los principios fundamentales de la teoría ecológica fluvial, derivados de la teoría del río continuo, que plantea la existencia de un equilibrio dinámico mediante el cual los fluidos hídricos, en la corteza terrestre, equilibran los parámetros físicos, tal como el ancho y la profundidad de los cauces y la sedimentación, teniendo en cuenta también los factores biológicos.
Con relación a la era indígena, que llega hasta 1528, señala que “la relación de los aborígenes con los ríos era estrecha. Estos constituían la principal fuente de aprovechamiento de agua y se reporta que se dedicaban a las pesquerías, se menciona el dorado, aunque no se sabe cuán importantes serían los peces en su dieta ni que artefactos culturales usarían para la pesca”.
En la “era colonial”
A lo largo de la llamada “era colonial” fueron introducidos los caballos y las vacas, y en las sierras se produjo el desplazamiento de las llamas. Con relación al “poblamiento colonial del territorio, fue realizado a la vera” del Camino Real. Un viajero de la época describió cómo, en las cercanías del Paso de Ferreira, el Ctalamochita corría a través de espesos bosques ribereños.
En esa época primó un proceso de aculturación y “la ocupación de territorio, con sus consecuencias en la alteración de los ecosistemas”. Es así que, “a la par del poblamiento urbano y rural, se introdujeron álamos, manzanos, higueras, nogales y durazneros en las estancias, las postas y los poblados”. Entonces aún no se notaban las consecuencias de la tala de árboles, sí comenzó a manifestarse el impacto del ganado cimarrón. Se había producido una modificación en el uso del hábitat terrestre, el cambio en la carga de materia orgánica y en la composición química de las escorrentías y aguas de arroyadas, que derramaban en los ríos, producirían los primeros cambios en la biología y ecología fluvial a raíz de la acción del hombre mediante la introducción de ganado bovino y equino.
En la “etapa criolla”
De la denominada etapa criolla (1810-1880), Corigliano remarca que “hacia 1864 existía una incipiente agricultura precapitalista, en especial en la zona del Tercero (Ctalamochita). En 1868, en Fraile Muerto (actual Bell Ville), se cambió la ganadería por la agricultura” y avanzó el cultivo del trigo. Para 1867 llegó el tren a la zona de Villa Nueva, donde se iba materializando el nuevo pueblo denominado Villa María. La bióloga señala que, “desde el punto de vista ecológico y social, el avance del ferrocarril involucró la formación de nuevas poblaciones siguiendo sus trazados, mientras que desaparecían las que quedaban lejos. La zona del bosque del espinal fue desmontada entre 1867-1875, los años del riel, para ser incorporada, primero, a la ganadería, y luego, a la agricultura. Si bien las máquinas del ferrocarril usaban en un principio carbón de Cardiff, el maderamen de la construcción de traviesas, vagones y calzadas era de origen forestal local, importándose de Inglaterra todo lo que era de hierro”. También se usaron muchos árboles, en especial ñandubay, quebracho y algarrobo, para los postes del alambrado que dividía las tierras.
En la “era aluvial”
En tanto, en la llamada época aluvial, desde 1880 a 1914, tuvieron lugar la inmigración, la colonización y el desarrollo de la agricultura. Después avanzaría la industrialización e irían iniciando su andar los emprendimientos hidráulicos. Antes del año 1930 se construyeron usinas en el río Carcarañá, en territorio de Santa Fe, que imposibilitaban la llegada al Ctalamochita de los peces provenientes del Paraná. Esto despertó quejas desde Córdoba, a lo que se respondió con la creación de una estación hidrobiológica para trasladar peces del Paraná al Carcarañá. Entre 1935 y 1987, en el curso del Ctalamochita, se construyeron cinco diques sin tener muy en cuenta el impacto real en la vida del río. En esta época también se produjo un crecimiento de la red vial pavimentada y continuó la deforestación, a la vez que se intensificó la presión productiva sobre los suelos rurales.
Otros pensamientos, otras aguas
A todo lo descrito pueden agregarse innumerables agresiones infligidas al río a lo largo del desarrollo de ambas ciudades. A modo de ejemplo, se pueden mencionar: extracciones de áridos, arrojo de escombros a su cauce, y vertidos industriales y cloacales. Nada de esto aportó a la preservación de la salud del Ctalamochita.
En diferentes lugares del mundo se está repensando la relación que las sociedades tienen con sus ríos. Un ejemplo de eso es que, en el año 2023, en 15 países europeos se derribaron 487 presas. Esta cifra se encuentra en un informe del colectivo Dam Removal Europe, integrado por siete organizaciones conservacionistas que actúan en esos territorios. El dato permite advertir que entre 2020 y las cifras de 2023 se produjo un aumento del 382% de derribo de barreras físicas que perturban el ecosistema de los ríos. No solo se están tirando abajo presas, azudes y cualquier barrera que no esté en uso, se avanza sobre cualquier barrera que perturba el libre flujo del agua. Esto viene produciendo conflictos, pero, a la vez, ya están viéndose beneficios por dejar que los ríos fluyan libres: mejoría en biodiversidad, al permitir el movimiento de los nutrientes; freno del aumento de la temperatura del agua y agua de mejor calidad. En tanto, en otros lugares se habla de la extracción de inmensas cantidades de áridos como una manera de “mantener el río” y no de un negocio que no siempre está bien regulado.
*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTAA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Fuente: www.eldiariocba.com.ar