1965: El Coronel Leal y su histórica expedición terrestre al Polo Sur

Fueron 66 días para recorrer 2.900 kms entre ida y regreso a la Base Belgrano. Argentina fue el primer país que llegó al Polo Sur partiendo del Mar de Weddell y regresando a él, siempre en el sector de la Antártida Argentina, se explica en el libro Memorias de un Antártico. General Jorge Leal. Expedicionario al Desierto Blanco de 230 páginas, papel ilustración y gran cantidad de fotos y documentos históricos entre los que se destaca una sentida carta del General Hernán Pujato pionero de la conquista antártica.

La expedición se llamó “Operación 90-Polo Sur” y la hizo Leal con un grupo de 9 avezados hombres, dos trineos tirados por perros y seis tractores snowcat con trineos de arrastre. La travesía partió desde Base General Belgrano el 26 de octubre de ese año para llegar al polo el 10 de diciembre. Esos días entre la ida y el regreso Leal los describe con absoluta minuciosidad, trepando alturas de más de tres mil metros y sufriendo temperaturas menores a los cuarenta grados bajo cero, todo en un terreno absolutamente desconocido.

Junto a la acción desplegada por la Armada Argentina en los mares australes aparecerá muy pronto la del Ejército para contribuir al mantenimiento de la soberanía argentina en su Sector e iniciar la penetración en el continente antártico. En esa tarea inicial se destacó la figura del coronel Hernán Pujato. Después de superar innumerables dificultades pudo establecer la base General San Martín, la primera al sur del Círculo polar, en el islote Bary, el 21 de marzo de 1951.

Pero eso constituía para Pujato sólo el primer paso, porque su intención desde el comienzo era llegar hasta el polo sur, a través del continente, para fijar la bandera nacional en el punto más austral de la República. Esta expedición debió ser postergada varias veces por distintas circunstancias. Finalmente la realizó el coronel Leal en 1965.

El teniente coronel Jorge Leal inició su actividad antártica como fundador y primer jefe de la base militar Esperanza en 1953 al frente de la cual permanecerá un año. A comienzos de 1962 propuso al Jefe del Estado Mayor del Ejército la realización de “una penetración de carácter exploratorio-científico hasta el Polo Sur, con la misión primordial de asegurar de esa manera ante el mundo, nuestros soberanos derechos con una demostración de la capacidad argentina para accionar en la totalidad de su territorio” (Informe de la OPERACIÓN 90).

Aprobada la idea fue encomendada su ejecución al coronel Leal. A fin de mantener la mayor reserva en el orden internacional la misión fue llamada OPERACIÓN 90. Como base de operaciones fue elegida la Belgrano.

La primera expedición terrestre argentina al Polo Sur fue cuidadosamente preparada en todos sus detalles; el personal fue prolijamente seleccionado; los vehículos que se utilizarían fueron especialmente acondicionados para la difícil tarea; eran tractores snow-cat traídos de Estados Unidos.

El 24 de octubre de 1965 partió la primera patrulla; dos días después lo hacía el resto. Al frente, en el Salta (uno de los tractores llamado así en homenaje de su provincia natal) sobre el que flameaba la bandera argentina iba el coronel Leal.

El 10 de diciembre tras superar dificultades de toda índole se encontraron frente a la base polar norteamericana Amundsen-Scott. Descendieron de sus vehículos y se estrecharon en fuertes y prolongados abrazos: habían alcanzado la meta prefijada. “Las lágrimas asoman, viriles y con insólita desvergüenza, en los ojos de los diez hombres que están viviendo los momentos más emocionantes de sus vidas”, escribe el jefe de la expedición.

Después de los abrazos, vivas y felicitaciones, el coronel Leal siguiendo un impulso emocional sacó del Salta la bandera argentina que había recorrido 1.450 kilómetros sobre el hielo y nieve antárticos y la clavó en el punto exacto que marca el Polo Sur. Eran los primeros argentinos en llegar hasta allí por tierra; habían cumplido su misión: estaban en el límite austral de la Patria. “¡Ahora podemos decir que el territorio que reclamamos como nuestro lo hacemos basándonos no solamente en razones jurídicas, geográficas o históricas, sino porque tenemos la capacidad suficiente para movernos en él como debe hacerlo quien es su dueño! ¡Desde La Quiaca hasta el Polo se extiende la Patria, porque los argentinos la han reconocido y recorrido en toda su extensión!”, anotó Leal en su informe.

Inmediatamente comunican por radio la noticia a la Base Belgrano y al Comando en Jefe del Ejército, luego pasaron a la base norteamericana donde fueron cordialmente atendidos: saborearon comida fresca, disfrutaron de un baño caliente y durmieron sobre colchón entre sábanas.

Tras un prolongado descanso se dispusieron a cumplir con una ceremonia trascendental: tomaron el mástil que habían llevado exprofeso, lo armaron y emplazaron sobre el Polo Sur. Los diez hombres integrantes de la Primera Expedición Terrestre Argentina al Polo, en correcta formación acompañaron al coronel Leal en el acto de llevar lentamente la bandera nacional que flameara en el Salta hasta el tope del mástil. Con profunda emoción cantaron luego el himno nacional con los ojos fijos en la bandera.

Patrulla que sale con destinoPatrulla que sale con destino al Polo Sur.

Varios días dedicaron para reparar los trineos y vehículos a fin de ponerlos en condiciones de emprender el largo regreso. El 15 de diciembre con la presencia del Jefe de la base norteamericana, teniente de Navío médico William R. Griffin, cumplieron una sencilla ceremonia de despedida. El coronel Leal arrió la bandera para volver a colocarla en el Salta y en su lugar enarboló otra donada expresamente para ese fin por la Asociación Antártica Argentina, que quedó flameando en el extremo confín de la República. Se despidieron de los norteamericanos y emprendieron el regreso.

El día de Navidad se encontraron con sus compañeros de la Base Sobral. El último día del año 1965 llegaron a la base Belgrano: “Habíamos recorrido 2.900 kilómetros y transcurrido 65 días desde el momento en que -desde ese mismo lugar- iniciamos nuestra marcha con la fe puesta en Dios y la mente y el corazón en la soñada meta: el Polo Sur, límite austral de la Patria” (Informe del coronel Leal).

La historia personal de Jorge Edgar Leal dice que nació en 1921 en Rosario de la Frontera, tierra natal de Juana Manuela Gorriti, la primera novelista argentina. Que egresó del Colegio Militar en 1943 y que luego en 1951 fue jefe de la base antártica General San Martín para al año siguiente fundar Base Esperanza, primera experiencia de vida familiar en la Antártida. También que en 1969 fue nombrado director de la Dirección Nacional del Antártico cargo que repitió en 1983 hasta su retiro en 2003.

Leal recibido por el presidenteLeal recibido por el presidente Illia

Los recuerdos de su dilatada trayectoria los fue escribiendo mientras iba viviendo sus experiencias pero sin la intención de que tuvieran formato de libro. Recién en sus últimos años tomó conciencia del valor de su testimonio y comenzó a reunir esos escritos, elegir fotos y documentos que le permitió a su hija Teresita armar ese rompecabezas de las memorias de su padre una historia que, sin dudas, es la historia grande del país.

Pero lo más conmocionarte es el testimonio de la esposa del general Leal, Teresita Glowacki, quien describe una historia poco conocida y que ratifica una vez más esa crueldad que suelen tener los argentinos para con sus héroes. “En aquellos años, recuerdo que viví una experiencia muy desagradable. En su Ejército, del cual tantos honores había recibido (fue el primer oficial a quien le otorgaron la Medalla Ejército Argentino), tuvo también sanciones, pero no por delinquir. Durante el Proceso Militar, estuvo preso en tres oportunidades. Por oponerse a la guerra con Chile (siempre defendió la necesidad de unión entre los latinoamericanos); por discrepancia con la política económica de Martínez de Hoz y la tercera por asignar responsabilidades en la guerra de Malvinas. De modo que también supe visitar al marido preso”.

La última visita de Jorge Leal a la Antártida fue en la campaña 2003-2004 invitado especialmente por sus camaradas. Como lo había hecho toda su vida también tomó detallados apuntes de bitácora donde describió cada día del viaje. Sus ojos no volvieron a ver más esa inmensidad blanca que lo cinceló. La paz eterna la encontró en Base Esperanza que fundó, su lugar en el mundo donde descansa para siempre. Allí, donde el tiempo se mece con el silencio.

Fragmento del libro Patagonia Azul y Blanca, de Clemente Dunrauf

Fuente: www.lavozdechubut.com; www.infobae.com