Hipólito Yrigoyen, el primer Presidente argentino elegido democráticamente

Hipólito Yrigoyen nació en Buenos Aires, 12 de julio de 1852 y muere el 3 de julio de 1933. Fue dos veces Presidente del país entre 1916-1922 y 1928-1930, representando a la UCR. Su nombre completo era Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen, figura relevante de la Unión Cívica Radical, dos veces elegido como Presidente de la Nación Argentina.
Participó y lideró numerosas revoluciones, que si bien fracasaron en sus objetivos concretos, prepararon el terreno para la implementación de la Ley Sáenz Peña. Luego del suicidio de su tío, se enfrentó a duelo con el santafecino Lisandro de la Torre, experto esgrimista, al cual derrotó –pese a carecer él mismo de toda experiencia de esgrima-, dejándole numerosas marcas en su cuerpo y rostro.
Fue el primer Presidente argentino en ser elegido democráticamente, por medio del sufragio secreto y obligatorio masculino establecido por la Ley Sáenz Peña de 1912. Su primer mandato se inició en 1916, abriendo así el período histórico conocido como primeras presidencias radicales, hasta su derrocamiento por el golpe de Estado de 1930, el primero de una era de golpes de Estado que se sucedieron hasta 1983, para impedir la consolidación de la democracia en Argentina.
Fue uno de los fundadores de la Unión Cívica en 1890 y la Unión Cívica Radical en 1893, bajo la conducción de Alem.
Don Hipolito Yrigoyen, junto a Sarmiento y De la Plaza, fueron los únicos presidentes que hasta ese momento habían surgido de las clases populares. Su presidencia puso fin a una hegemonía conservadora de más de 40 años y significó el acceso de la clase media al poder político.
Fue también el primero en adoptar una línea nacionalista. Sancionó reglamentaciones para proteger a los campesinos y creó cajas jubilatorias para empleados públicos. Dictó medidas para que la Argentina controlara sus transportes, yacimientos energéticos y su propia moneda. Reguló las tarifas de los ferrocarriles operados por capitales británicos, a la vez que se creaban líneas férreas estatales.
En 1922 fundó Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), una empresa estatal destinada a explotar las riquezas petroleras del país. El estallido en 1918 del movimiento estudiantil de Reforma Universitaria fue apoyado por su gobierno, tomando una serie de medidas a favor de los reformistas.
El 6 de septiembre de 1930 fue derrocado por un golpe de Estado liderado por el general José Félix Uriburu. Poco antes de su derrocamiento, su gobierno estuvo cerca de lograr la nacionalización del petróleo, un hecho que se considera una de las causas del golpe de Estado. Fue confinado a la isla Martín García, en donde compartió presidio con varios presos políticos. Falleció el 3 de julio de 1933. Su entierro fue una de las manifestaciones espontáneas más masivas y sorpresivas de la historia argentina.
La orientación política del gobierno de Hipólito Yrigoyen dio lugar a la aparición del yrigoyenismo como corriente ideológica dentro del radicalismo argentino. Las elecciones presidenciales del 2 de abril de 1916 fueron las primeras en la historia argentina en adoptar la ley Sáenz Peña, que garantizaba el voto secreto y obligatorio para varones, razón por la cual se considera el primer gobierno democrático de la historia argentina. La fórmula Hipólito Yrigoyen-Pelagio Luna se impuso cómodamente superando a la fórmula del Partido Conservador Ángel Rojas-Juan Eugenio Serú con 339 332 votos contra 153 406 del Partido Conservador. Además ganó en el colegio electoral con 152 votos.
Después de prestar juramento ante la Asamblea Legislativa, el nuevo Presidente fue, literalmente, llevado por un alud de personas hasta la Casa Rosada, sin ningún tipo de custodia personal. El 12 de octubre de 1916, asumió por primera vez la presidencia del país. Concluía así el período conservador. Ese día la multitud enfervorizada desenganchó espontáneamente los caballos del carruaje que trasladaba al flamante líder radical desde el Congreso y lo llevó a pulso hasta la Casa Rosada.
El Embajador de España en la Argentina asistió en representación de su país y escribió para el diario La Época las siguientes líneas: “En mi carrera diplomática he asistido a celebraciones famosas en diferentes cortes europeas; he presenciado la ascensión de un presidente en Francia y de un rey de Inglaterra; he visto muchos espectáculos populares extraordinarios por su número y su entusiasmo. Pero no recuerdo nada comparable a esa escena magistral de un mandatario que se entrega en brazos de su pueblo, conducido entre los vaivenes de la muchedumbre electrizada, al alto sitial de la primera magistratura de su patria (…). Pero todo ello había de ser pálido ante la realidad de la plaza inmensa, del océano humano enloquecido de alegría; del hombre presidente entregado en cuerpo y alma a las expresiones de su pueblo, sin guardias, sin ejército, sin polizontes”.
El triunfo electoral significó que, por primera vez, un amplio sector social excluido hasta entonces de los puestos públicos de dirección llegaba a la conducción de diferentes ámbitos estatales. Se trataba de sectores medios, sin grandes recursos económicos, ni conexiones con las clases altas. La presencia de funcionarios «sin apellido» fue uno de los temas preferidos para bromas por parte de la prensa conservadora. Durante los primeros años de su gobierno, Don Hipolito Yrigoyen se manejó por medio de decretos, puesto que muchas de las iniciativas que enviaba al Congreso no prosperaban por la mayoría conservadora aún imperante. Sólo tras las elecciones legislativas de 1918 el radicalismo obtuvo la mayoría en la Cámara Baja.